Iom Hashoá: Nunca más. Por Rodrigo Ojeda

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Día del Recuerdo del Holocausto y el Heroísmo, de los mártires y los héroes. Es la conmemoración en memoria de los seis millones de judíos asesinados por el mundo nazi, la indiferencia, la deshumanización y el odio, y la maquinaria de eliminación del otro.

En Israel, se encienden seis antorchas representado a los exterminados durante la Segunda Guerra Mundial, en manos de una ideología del mal, con jerarcas asesinos y mesiánicos, y una estela de sangre que no admite relativización, banalización ni justificación. Después, suena una sirena y paraliza las actividades domésticas. Una pausa de ciento veinte segundos, en la cual te mantienes en pie y en recogimiento por las víctimas.

Una paralización necesaria y reflexiva. El silencio permite recordar lo increíble, pero real, tras la muerte de millones de inocentes, desde niños hasta ancianos. La aniquilación del otro. Esos culpables por sus facciones, sus genes, sus creencias y su origen. Luego, se colocan ofrendas florales en las antorchas en memoria de las voces silenciadas y la valentía de la resistencia vital.

En Israel, “las ceremonias centrales se realizan en el Museo del Holocausto”, denominado: “Yad Vashem”. Las actividades se transmiten en vivo a través de medios de comunicación: televisión, radios y plataformas digitales. El museo cumple un mandato eterno y es el Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá. Tiene la misión de: “conmemorar, documentar, investigar y educar”. Su estructura física y la divulgación permanente reflejan su fundación y tarea: es “un monumento y un nombre”. Se encuentra en Jerusalén, en el Monte del Recuerdo.

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Visitarlo es un honor y un compromiso con la verdad y la humanidad. Su recorrido combina las sombras, el horror y la luz. Cada sala, cada temática y cada huella contienen un mensaje que evoca el pasado y alimenta la reflexión. En Yad Vashem, hay lecciones y convicciones. “Recordar es un deber que no podemos abandonar” en la diáspora, en Israel y en el mundo libre.

La imagen oficial de las actividades este año, representan a la “familia judía durante el Holocausto”. Ese espacio humano visible e invisible que se convirtió en un “refugio frente al ostracismo y la persecución, proporcionando un vital sentido de cohesión en medio del caos”, unidos en la adversidad y en la verdadera resistencia, ayer y hoy.

Las antorchas, las sirenas y las ofrendas en el mundo son la memoria viva de las heridas y cicatrices. Son símbolos externos e internos que unen el pasado con el presente. El tiempo y las actividades se detienen durante dos minutos de silencio, recuerdo y compromiso con las víctimas, los héroes y los mártires. Es un viaje al pasado con tus antepasados que rompe las cadenas, las humillaciones y renueva el pacto con la libertad de vivir y existir. A ratos, la humanidad olvida la importancia por recordar. La memoria y la verdad requieren valentía y compromiso.

El ejemplo de la organización y resistencia del gueto de Varsovia en Polonia, ilumina como las antorchas y resuena como las sirenas. Israel, la flor del desierto no es un accidente, es resiliencia y compromiso con su historia y su identidad.

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El odio de la cultura nazi reaparece con mutaciones y caretas en el lenguaje digital. La sociedad occidental y libre relativiza y omite las lecciones históricas. El antisemitismo actual es real y se traslada por el mundo, por tierra y mar, bajo supuestas “causas nobles” e intolerantes que alimentan la cultura del odio y la eliminación del otro. “Si deseamos vivir y legar la vida a nuestra descendencia, si creemos que debemos allanar el camino hacia el futuro, en primer lugar, no debemos olvidar”, en palabras de Ben Zion Dinur. En este nuevo día del recuerdo el “nunca más” nos convoca a todos.

Rodrigo Ojeda – Profesor de Historia
Visitante del Yad Vashem

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