La profunda transformación que sufrió la influencia económica entre Israel y China

La profunda transformación que sufrió la influencia económica entre Israel y China
La profunda transformación que sufrió la influencia económica entre Israel y China

El mapa de la influencia económica china en Israel viene sufriendo una profunda transformación: lo que hace una década parecía una expansión imparable de gigantes estatales hacia la infraestructura y el high-tech  nacional, hoy se redujo a una presencia selectiva, casi quirúrgica.

Y, mientras las inversiones directas tocaron mínimos históricos —representando apenas una fracción marginal del capital extranjero en el 2023—, la tensión geopolítica se traslada a los muelles del Puerto de Haifa.

En este nuevo escenario, Israel navega un equilibrio precario: gestionar un comercio de bienes que bate récords con Pekín mientras Washington exige «blindar» cada grúa y cada byte de tecnología ante el riesgo de espionaje en plena crisis regional, tras el estallido de la guerra en Irán, en febrero último.

Así lo describe un nuevo informe que los expertos Tomer Fadlon y Roy Ben Tzur prepararon para el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, o INSS, por su sigla en inglés, que forma parte de la Universidad de Tel Aviv.

Un cambio «profundo» entre Pekín y Jerusalén

Fadlon y Ben Tzur destacaron que, en los últimos años, se produjo «un cambio profundo en la participación económica de China en Israel», una tendencia en reverso que se reflejó en «una marcada y sostenida disminución tanto del volumen de inversiones como del número de transacciones».

La inversión china, recordaron, alcanzó su punto más bajo en el 2023, con un total de apenas 39 millones de shekels (unos 13,35 millones de dólares en estos momentos de divisa nacional extraordinariamente fuerte), cerca del 0,12 por ciento de toda la inversión extranjera en Israel ese año.
Esta tendencia, se lee en el informe, se debe a varios factores:

  • La intensificación de la competencia entre grandes potencias y la presión estadounidense para limitar la participación china en sectores sensibles.
  • El establecimiento del mecanismo de control de la inversión extranjera en Israel; la adopción de un enfoque más selectivo y cauteloso en la política de inversión global de Pekín.
  • Y los efectos de la pandemia de COVID-19 unidos a las repercusiones de los conflictos bélicos de los últimos años, que causaron «aplazamiento de acuerdos, la reducción de los viajes de negocios y el aumento de las tensiones políticas».

Sin embargo, reconocieron los autores, este cambio «no refleja una ‘desconexión’ económica, sino más bien una transición hacia un patrón de participación más limitado y selectivo: China se centra en inversiones minoritarias en sectores considerados relativamente poco sensibles en materia de seguridad, como el sector fintech«.

«Cabe destacar que las empresas estatales chinas prácticamente desaparecieron del mercado israelí», escribieron Fadlon y Ben Tzur.

¿Tienen razón los medios?

Puede ser que las inversiones chinas representen «una pequeña parte de la inversión extranjera total en Israel y que los principales riesgos actuales no residen en la propiedad directa de activos estratégicos», pero los riesgos se trasladaron a sectores como la cadena de suministro, la transferencia de conocimiento y tecnología, y la información.

Con este telón de fondo, los analistas criticaron a «ciertas narrativas en el discurso mediático y de seguridad israelí que presentan las inversiones chinas como una creciente amenaza sistémica», porque, aseguraron, «los datos revelan una realidad diferente.

En comparación con otros países, indicaron, en los últimos tres años el nivel de participación económica de China en Israel fue «similar al de Suecia, Francia e India».

Por el contrario, Estados Unidos «sigue siendo, con diferencia, el inversor dominante», de donde llegaba, en el 2024, dos tercios de la inversión extranjera en Israel procedían.

De todas maneras, mientras esa participación de Pekín «se desplaza de la inversión directa a canales más indirectos, sigue siendo necesario un análisis de riesgos en cuatro dimensiones: dependencia e influencia extranjera, disrupción, transferencia de tecnología y riesgos de la información», completaron los autores.

Grúas espías

Esa cautela técnica, sin embargo, choca con la urgencia militar. Al comenzar la guerra con Irán en febrero del 2026, la revista The National Interest advirtió que la presencia de la firma estatal china SIPG en el puerto de Haifa representa un riesgo inminente para la seguridad hemisférica.

Según la publicación, el despliegue de activos navales estadounidenses —como el portaaviones USS Gerald R. Ford— en muelles operados comercialmente por Pekín es una vulnerabilidad que «debería hacer arquear las cejas» a los estrategas, ante la posibilidad de que las grúas de fabricación china funcionen como terminales de espionaje.

El informe enfatizó que la ley de seguridad nacional de China del 2017 obliga a sus empresas a colaborar con la inteligencia estatal, lo que convierte la eficiencia logística de Haifa en un potencial flujo de datos hacia Teherán o Moscú.

Fuente Israel Económico.

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