Obama ordenó revisar la política sobre rehenes: qué cambia. Por Gabriela Esquivada

Poco antes de la decapitación del tercer estadounidense por el llamado Estado Islámico (ISIS), el Presidente Barack Obama ordenó una revisión completa de la política oficial sobre los rehenes en manos terroristas en el exterior. Todavía el secretario de Defensa, Chuck Hagel, no había renunciado cuando su funcionaria, y una de las figuras más importantes del Pentágono, Christine Wormuth, se lo dijo en una carta al representante republicano Duncan Hunter, quien había solicitado la creación de un cargo dentro del Departamento de Defensa para coordinar y supervisar los esfuerzos de rescate:

«Como resultado de la frecuencia creciente de toma de rehenes de estadounidenses en el extranjero, y del reconocimiento de la amenaza dinámica que representan grupos terroristas específicos, el Presidente ordenó recientemente una revisión completa de la política del gobierno de los Estados Unidos sobre los casos de rehenes en el exterior relacionados con el terrorismo, con énfasis específico en analizar el compromiso de la familia, la recolección de inteligencia y las políticas de compromiso diplomático. Esta revisión intentará integrar soluciones innovadoras y no tradicionales que resulten en acciones recomendadas para mejorar la coordinación entre las agencias y fortalecer el aproche del gobierno en su conjunto dirigido por el Buró de Investigaciones Federales (FBI) y el Departamento de Estado.»

En diálogo con Infobae, el experto Andrea Bartoli, decano de la Escuela de Diplomacia y Relaciones Internacionales en la Universidad de Seton Hall, argumentó a favor de la decisión: «Pienso que el país necesita revisar la política porque la situación es diferente. Antes no sucedía con tanta frecuencia que hubiera tantos estadounidenses en manos hostiles y dispuestas a matarlos. Aquellos que retienen rehenes piden rescates o intercambios. Ambas opciones son muy relevantes en términos políticos. Pienso que la situación de ISIS es, sin dudas, lo que motiva esta revisión, y que la revisión es ciertamente necesaria.

ISIS ha capturado hasta la fecha a veintitrés rehenes de doce países, en su mayoría europeos (sin contar a los 46 turcos y los tres iraquíes liberados en intercambios). Se estima que ha recibido unos 45 millones de dólares en rescates de países que hicieron pagos aunque luego negaron. Tres ciudadanos de los Estados Unidos y dos del Reino Unido –países que se niegan a pagar o negociar– fueron ejecutados: James Foley, Steven Sotloff, Peter Kassig, David Haines y Alan Henning. Un ruso, Sergey Gorbunov, también fue asesinado porque el gobierno no manifestó interés por él. Una mujer de veintiséis años, estadounidense, permanece secuestrada.

«¿Dónde están los demás, que en su mayoría provenían de Europa continental?», escribió Simon Critchley en «La cuestión de pagar rescates», un artículo publicado en The New York Review of Books. «En su mayor parte, a salvo en sus hogares porque sus gobiernos negociaron con ISIS su liberación. Los detalles son turbios, pero parece que, de los veintitrés, se pagaron casi 6 millones de euros por la liberación de tres cooperantes humanitarios, seguidos de unos presuntos 18 millones de dólares por cuatro periodistas franceses y pagos sustanciales por un trabajador cooperante humanitario de Italia y un reportero gráfico de Dinamarca, liberado luego de que la familia aparentemente juntara el dinero para el rescate.»

Critchley, profesor inglés de filosofía que enseña en la universidad neoyorquina The New School, dijo a este medio: «Me alegra que los Estados Unidos revisen su política sobre el pago de rescates, pero me da la impresión de que es un poco tarde. Mi punto de vista es simple: el principal deber moral de un gobierno es la conservación de la vida de sus ciudadanos. Si eso significa negociar con terroristas, pues hay que negociar. La alternativa se ve con claridad en esos videos horrorosos».

En cambio Bruce Bagley, académico del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, acotó los márgenes viables de acción y excluyó el pago de rescates: «Creo que dada la muerte de por lo menos tres estadounidenses es necesario revisar la política, pero veo muy poco espacio para una revisión profunda. Los Estados Unidos mantienen como principio la posición de que no se negocia con los terroristas. La lógica subyacentes es que una vez que se empiece a negociar y pagar, tomarán más rehenes. Y los Estados Unidos están expuestos en el planeta entero, con tropas en muchísimas partes. Hay muchas organizaciones voluntarias y periodistas en todas partes. No creo que vaya a cambiar la posición de no negociar con terroristas y no pagar rescates».

A diferencia de países europeos como Italia, Dinamarca o Francia, los Estados Unidos mantienen esa posición histórica. Lo confirmó el secretario de Estado John Kerry: «En cuando a los secuestros, los Estados Unidos han establecido un ejemplo desgarrador pero absolutamente necesario de negarse a pagar rescates por estadounidenses capturados. El año pasado, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el G-8 adhirieron con firmeza a una política idéntica, y toda la evidencia muestra que cuando un país paga un rescate, se toma de rehén a muchas más personas».

Ben Rhodes, viceconsejero de seguridad nacional, agregó: «Los Estados Unidos se mantienen absolutamente comprometidos con la idea de que no vamos a proveer fondos a las organizaciones terroristas, porque creemos que solo se crean incentivos perversos para que esas organizaciones terroristas avancen, y fuentes de financiamiento».

Entonces, ¿en qué consiste la revisión?

«Tiene que ver más bien con cómo prevenir la toma de rehenes», sintetizó Bagley. «Es una cuestión difícil. Por el lado de las tropas norteamericanas, obviamente hay que protegerlas mejor. El problema es mayor cuando hablamos de asociaciones voluntarias, como Médicos sin Fronteras o las asociaciones cristianas o evangélicas… Los Estados Unidos tienen poca autoridad sobre ellas. Anuncian las alertas del Departamento de Estado, advierten que no se deben desproteger a los voluntarios, pero eso va en contra de las mismas misiones de estas organizaciones, que están en territorios en conflicto y, muchas veces, en terrenos hostiles. Y no hay responsabilidad directa con los periodistas: el gobierno no puede dar órdenes directas a las organizaciones noticiosas ni puede evitar que los más aventureros se expongan.»

Sin embargo, en la historia –y en la historia reciente– se conocen excepciones: en ciertas circunstancias se ha negociado la libertad de algunas personas y se ha pagado, para luego usar el dinero en el rastreo de los secuestradores o para averiguar el modo en que las organizaciones clandestinas mueven sus finanzas.

El profesor Bartoli dio precisiones: «Los países europeos siempre negaron el pago de rescates. Su política, en realidad, es la misma. El tema es hasta qué punto eso se reconoce públicamente y cuánto lo reconocen todos. Creo que los Estados Unidos han respondido de manera muy interesante en situaciones diferentes, como en el caso de Raymond Allen Davis en Pakistán, cuando se pagó la llamada compensación de la sangre».

Davis, un ex soldado y contratista de seguridad para la Agencia Central de Inteligencia (CIA), mató a dos hombres presuntamente armados en Lahore, Pakistán, en enero de 2011. Como estaba empleado en el Consulado de los Estados Unidos, se argumentó que tenía inmunidad diplomática; sin embargo, las autoridades pakistaníes lo encarcelaron por doble homicidio y posesión ilegal de un arma. Pero Davis fue liberado luego del pago de 2,4 millones a las familias de los dos muertos, la diyya o una opción de pago, la compensación de la sangre.

«Era una situación que involucraba a un estado, no a un grupo terrorista», siguió Bartoli, «pero señaló el pragmatismo que podría existir detrás de la necesidad de revisar la política».

«No hay duda de que en el pasado ha sido verdad que existió alguna flexibilidad, y eso también incluye a los estadounidenses. Creo que la cuestión de no recibir rescate alguno no disuade necesariamente a un grupo terrorista o a cualquier grupo que trate de secuestrar estadounidenses», agregó. «Existen muchas razones por las cuales un ciudadano de los Estados Unidos puede ser un objetivo interesante para una organización terrorista, no sólo el beneficio o el dinero. En realidad, la ganancia política y mediática debe ser considerada como algo más relevante. Así que pienso que la revisión de la política debe ir más allá y no enfocarse sólo en el aspecto monetario de la transacción».

Para Critchley hay un dilema moral: «¿Es mejor mantenerse moralmente consistente, rechazar la negociación o el pago de rescate a una organización supuestamente maligna, pero asistir a la decapitación de los ciudadanos, o adherir a un acuerdo de principios según el cual no se negocia con ‘terroristas’, pero negociar de todos modos, pagar grandes sumas de dinero para liberar a los ciudadanos del país y simplemente negar el hecho públicamente?» Su opción es la segunda.

Esos grupos, argumenta, tienen fondos propios más allá de los rescates. Además, se puede negociar y luego impedir el acceso a los fondos. Critchely defiende lo que llama «hipocresía política».

Bagley no cree que el gobierno acepte la política de pagar, «porque sería una política sin fin, de llave abierta». En cambio, cree que «es posible que busque mediante canales más clandestinos, de terceros, métodos para rescatar a gente capturada». Ya existen embajadas y misiones diplomáticas que pueden interceder, «no siempre con gran éxito», modera. «En Medio Oriente hay varios canales clandestinos, en el mundo chiíta tanto como en el sunnita, grupos que actúan como intermediarios no publicitados. También existen organizaciones mercenarias dispuestas a montar operaciones de rescate por la fuerza, contratistas que se especializan en eso.»

En lo formal, los Estados Unidos enfatizan el recurso de fuerzas especiales –como las que rescataron a ocho rehenes en Yemen–, las Special Operation Forces. «Esos grupos (los Rangers, los SEALS, los Green Berets) están entrenados para montar operaciones de rescate donde sea posible; pero en muchos casos el terreno es tan hostil, la infraestructura tan limitada y las comunicaciones tan cortadas, que aún las fuerzas especiales no están en condiciones de montar rescates.»

Uno de los aspectos que se dijo que se revisaría, el compromiso de las familias, es un tema relevante. Los padres de los estadounidenses asesinados por ISIS han criticado al gobierno porque los amenazó con acciones penales si pagaban los rescates y porque no siguió algunas pistas que ellos brindaron sobre dónde podían estar secuestrados sus hijos. Los padres de James Foley lamentaron que se enteraron de la decapitación de su hijo por un periodista que los llamó llorando, y no por la administración de Barack Obama que, dijeron, «le falló» a su hijo.

«Honestamente, creo que para las familias es muy difícil pagar rescates con independencia del gobierno de los Estados Unidos. Se trata de operaciones con mucha carga política», observó el decano Bartoli. «Para las familias es muy difícil operar en este ambiente sin el conocimiento y la cooperación del gobierno. Creo que el gobierno de los Estados Unidos hace bien en revisar la política e involucrar a las familias en el proceso. Obviamente, esto presenta un tema central y enorme de coordinación, y se necesita que trabajen juntos Defensa, Inteligencia y el Departamento de Estado. Hace falta una coordinación enorme para que estos procesos funcionen correctamente.»

Desde el punto de vista de Defensa, la decisión de cambiar a Hagel es una señal sobre este cambio de políticas. «Obama no quiere ser el presidente que perdió Afganistán a manos de los talibán. No quiere ser el presidente que perdió Irak al ISIS», sintetizó Bagley. «Cuando nombró a Hagel, Obama buscaba un líder capaz de desmontar las intervenciones norteamericanas tanto en Afganistán como en Irak. Esa misión se opacó, ya no hay condiciones. Ya estamos metidos hasta la coronilla en Irak de nuevo, y esto se va a expandir; se va a seguir atacando territorio sirio. Además, Hagel no se insertaba bien por su ideología republicana. Y tras las elecciones, Obama busca renovar los cuadros. Está también la cuestión burocrática: Hagel se enfrentó con la consejera de Seguridad Susan Rice y Obama decidió apoyarla y deshacerse de un elemento perturbador, que creía que los Estados Unidos debían mantener la calma y no intervenir tan profundamente en estas crisis porque no hay una solución que la fuerza estadounidense pueda lograr. En cambio, Rice está más dispuesta a utilizarla.»

Tanto Bartoli como Bagley ven un porvenir sombrío.

«Me temo que vamos a ver más secuestros en los años próximos», dijo el profesor de Setton Hall. «La agitación aumenta en el mundo. Es difícil dar seguridad a cada ciudadano estadounidense. Creo que es apropiado contar con políticas que sean útiles para las acciones de gobierno y transparentes para que los ciudadanos comprendan qué es lo que el gobierno hace. A la vez, la vida siempre da sorpresas, y obviamente habrá situaciones que no quedarán cubiertas mediante esta política. Por eso deberíamos esforzarnos con énfasis en la coordinación y la inclusión de todos los actores involucrados: las familias, la comunidad de inteligencia, Defensa, el Departamento de Estado, la Casa Blanca, la rama legislativa, y así. Este proceso es de suma importancia.»

«Soy pesimista», agregó el profesor de la Universidad de Miami. «En el futuro vamos a repetir estas experiencias dolorosas que realmente producen ira y gran pésame al pueblo estadounidense. Pero no se va a variar la política establecida hace ya varias presidencias. Creo que este va a ser el precio de manejar los negocios estadounidenses en el mundo: que nos tomen rehenes de vez en cuando. Debemos buscar formas de evitar el grado de peligro que corren las organizaciones oficiales y no oficiales, pero no hay forma de eliminar el peligro completamente. La revisión que ordenó Obama no va a solucionar una paradoja de la política norteamericana, que no tienen otros países porque no están tan expuestos ni han tomado posiciones tan tajantes.»

Fuente: Infobae

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