Síndrome de Estocolmo de Hamás. Por Martha Wolff

Síndrome de Estocolmo de Hamás. Por Martha Wolff
Síndrome de Estocolmo de Hamás. Por Martha Wolff

La  escena de hoy del beso obligado de un rehén liberado judío a sus secuestradores terroristas de Hamás es indignante. Es una burla más de la mentalidad de Hamás que quiere hacer creer que son humanos, cariñosos, buena gente, que con buen trato crearon el Síndrome de Estocolmo con sus cautivos.

Se suma a las burlas de hacerles hacer la V de la victoria, darles un certificado de las vacaciones pasadas en sus túneles bajo torturas físicas y psicológicas, después de haber pasado hambre y sed, sufrido violaciones, debilitamiento por falta de sol y aire y amenazas permanentes como caricias del diablo con sus ametralladoras kalishnikov.

Se suma a exponerlos como piezas judías de museos para que los miles de flashes de los palestinos convocados puedan tomar fotos y videos para ver sobre el escenario el espectáculo montado para exhibir a los rehenes, insultarlos y entretenerse con música con a todo volumen. Otro detalle fue el ver a  los palestinos  llevar a sus hijos  para que  vean cómo los niños judíos deben terminar en cajones bien muertos y con candado.  Ese candado que guardaba los cuerpecitos de los Bibas que perecieron bajo las manos de asesinos que disfrazaron  su estrangulamiento  u otro método para  echar la culpa a un bombardeo de Israel donde los tenían escondidos. La pregunta es: ¿Lo hicieron ante su madre? ¿ Porque sí lo hicieron cuando violaron a las mujeres el 7 de octubre cuando entraron a los kibutzim delante de ellos, de sus esposos y luego los mataron después de ver el festín que se hacían con sus ellas y sus hijos hasta quemados en hornos?

Entre los candados y el beso y la mujer gazatí en vez de  Shiri Bibas hay un grado de perversidad igual al nazismo en sus métodos de aniquilación del pueblo judío. Quedarán en el fondo de la tierra los llantos ahogados y descuartizados de esos pequeños en el hormigón de los túneles de las ratas  humanas sedientas de sangre que hicieron creer a una población ignorante y fanática que el asesino mayor es Netanyhau. Esa población que al verla desocupada, encapuchada, en las calles al servicio de Hamás y  sus dádivas se cuidaban el pellejo en las catacumbas y la gente deambulaba al descampado para ser atacada y ganarse ante el mundo el odio a Israel por sus ataques defensivos.  Por otro lado ver la Plaza de los Secuestrados en Tel Aviv habla de civilización  de personas con carteles sangrantes de dolor y pena, habla de otra civilización y progreso. No  hubo exhibición de los liberados en primera fila ante el escenario como los que pusieron en primera fila el día de entrega de los hermanitos y de un hombre mayor en Gaza., ese que creía que salvando vidas de palestinos en hospitales israelíes se afianzaba la relación con los árabes.

Esos candados en los féretros y las fotos de una madre espantada a la que nunca le alcanzan los brazos para proteger a sus hijos  mientras la secuestraban vándalos para luego canjearlos por criminales en las cárceles de Israel son y serán imborrables.

El beso en la frente que les tuvo que dar el israelí liberado a los encapuchados como besan los padres a sus hijos  o los abuelos a sus nietos es siempre de ternura, vaya paradoja. El beso a los terroristas fue pedido  mientras una camarista los filmaba fue el beso más inmundo que vi en mi vida y una ofensa al beso como expresión de amor convertida en otra burla. Fue un vómito a la dignidad humana

Con su inteligencia para el mal Hamás quiso hacer creer al mundo crea que los liberados sufrirán el Síndrome de Estocolmo por el amor que nació entre ellos en cautiverio.

Por Martha Wolff.

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