Diversión macabra de egresados. Por Martha Wolff

Se difundió un acto antisemita de estudiantes en el micro que los llevaba en su viaje de egresados a Bariloche. En su algarabía cantaron “Hoy vamos a quemar judíos” alentados por el coordinador del grupo de la empresa organizadora del tour. Ver el video es vomitivo y repudiable. Parecía una manifestación de fanáticos pero sentados en un micro. Se trataba de alumnos de la Escuela Humanos de Cannig, localidad de la provincia de Buenos Aires, nombre que no coincide con el accionar de sus alumnos al querer ver a los judíos incinerados como en el Holocausto.  Aunque no sea culpa del colegio una Escuela Humana educa humanos para la Humanidad, pero en este caso no pudo cambiar lo que trajeron de sus hogares.

Las autoridades se han disculpado aclarando que repudia lo sucedido. Y esto se suma hasta el hartazgo el ofender, señalar y despreciar al judío burlándose  y deseando su muerte para luego pedir perdón.  La ofensa es vieja como el tiempo y tiene vigencia, no cura el estigma que deja.

Ese perdón fue superficial porque bajo esa capa está la educación que han recibido los alumnos escuchando a sus progenitores conceptos discriminatorios que el colegio no pudo cambiar. De ahí la responsabilidad de los padres ante los hijos de los que se dice y hace y de la escuela para mejorar su ser persona y ciudadano. Esos jóvenes han manifestado lo que han heredado más influencias sociales y medios de comunicación. Esos jóvenes son los futuros universitarios con idiosincrasia nazifascista. Se trata de  estudiantes que pudieron hacer un viaje con un futuro antidemocrático.

No se puede admitir ninguna disculpa a quienes son lo que son y que seguirán siendo. Son los mismos que ayer fueron captados por las dictaduras del siglo XX para ser parte de la política de adhesión a los sistemas totalitarios condenando a los campos de concentración y a la muerte a los enemigos de los sistemas que representaban. Era más importante el deber que el ser. Lo que los estudiantes hicieron fue igual a los comandos hitlerianos cuando  rodeaban  las casas de los judíos cantando marchas, entrando  y llevándoselos a trabajos forzados o a los campos de exterminio. Eran jóvenes, como ellos, que gritaban eufóricos “Hoy vamos a quemar judíos”. Los mismos ignorantes  y perversos que seguramente se regocijaron cuando vieron las películas documentales sobre la Shoá. Se habrán divertido haciendo chistes al verlos convertidos en cadáveres y cenizas. Seguro que actuaron admirando a Hamás entrar al sur de Israel el 7 /10 2023. El fin es matar judíos.

La escuela puede pedir perdón de lo que no son responsables pero no puede cambiar la educación recibida por esos jóvenes. Esos futuros ciudadanos del mundo son ya  parte del mundo de la no tolerancia y la convivencia.  La Escuela Humanos no les ha dado la graduación a jóvenes para un mundo mejor. Ellos lo han demostrado como un corifeo de repetidores  de consignas placer a vociferar querer ver a los judíos en las cámaras de gas, como lo hacían los guardias de la SS cumpliendo obediencia de vida, sin ningún arrepentimiento.  Y en este caso junto a un empleado que encontró un caldo de cultivo a su medida.

Seguro que ninguno de ellos perdió a un ser querido con gas Zyklon B, en una hoguera, torturado, asesinado, fusilado, perseguido, huérfano de familia, rehenes en túneles. ¿Fue una diversión macabra o una ideología al rojo vivo?  Estos estudiantes son egresados del horror.

Martha Wolff

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