Reflexiones Hebdomadarias. Parashat Haazinu. Por Rabino Yerahmiel Barylka

Reflexiones Hebdomadarias. Parashat Haazinu. Por Rabino Yerahmiel Barylka
Reflexiones Hebdomadarias. Parashat Haazinu. Por Rabino Yerahmiel Barylka

En la introducción al cántico de Haazinu, Dios ordena a Moshé:

«Ahora pues, escribid este cántico para vosotros, y tú, enséñalo a los hijos de Israel. Ponlo en su boca, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel…» (Devarim/Deuteronomio 31:19).

Según el Talmud, esta declaración no se refiere únicamente a Parashat Haazinu, sino que abarca toda la Torá (Nedarim 38a, Sanedrín 21b).

El rabino David Bigman ofrece dos interpretaciones sobre por qué la Torá es llamada «Canto». La primera sostiene que la Torá se asemeja a una canción porque no es simple ni lineal, sino multifacética y alusiva. Contiene vacíos deliberados que invitan al lector a una exploración profunda de sus palabras enigmáticas. La Torá es como una sinfonía cuya belleza reside en la armonía de sus múltiples voces. Su vasto alcance permite imaginar una melodía que envuelve al mundo entero, trascendiendo fronteras geográficas y temporales, uniendo el presente con cada instante del pasado. Es una sinfonía total que, sin perder la riqueza de cada voz individual, las integra como si cada una fuera un solista.

Nos corresponde a nosotros descubrir las respuestas que sus palabras ofrecen en cada generación. La Guemará (Eruvin 13b) enseña que toda idea contiene «las palabras del Dios viviente».

Haazinu nos confronta con un tema sombrío y profundo. Aunque promete un desenlace esperanzador para Israel, recorre una senda marcada por dificultades, desafíos, tragedias y pérdidas. Moshé plantea la pregunta fundamental de la historia judía: ¿Por qué el pueblo de Israel parece estar destinado a sufrir calamidades constantes? Pero Moshé no ofrece una respuesta. Esa tarea nos corresponde a nosotros.

Esta parashá entrelaza el asombro y el temor reverente del día de Yom Kipur con un mensaje de esperanza, perdón y sanación. Bajo su tono solemne late una promesa luminosa. Refleja tanto nuestra historia como el estado de ánimo que debemos cultivar. Dolor y esperanza, inquietud y optimismo se entrelazan para definir nuestra vida personal y colectiva.

Haazinu, por tanto, resuena como una joya atemporal, un comentario vivo sobre nuestra realidad actual. Los problemas del mundo son numerosos, amargos, peligrosos y amenazantes. Sin embargo, por inexplicable que parezca, muchos de ellos guardan una conexión profunda con el pueblo judío, sus desafíos y su papel en el escenario global. No porque seamos una potencia —no lo somos—, ni porque nos creamos superiores —tampoco lo somos—, sino porque creemos con fe absoluta en un destino más elevado. Basta observar cómo la prensa internacional nos menciona de forma desproporcionada en los acontecimientos mundiales.

Haazinu nos brinda una oportunidad para la introspección y la acción en el nuevo año. Tenemos la responsabilidad de mejorar el mundo, y debemos traducir esa capacidad en actos concretos en favor de quienes sufren. Si creemos haber sido creados a imagen de Dios, debemos esforzarnos por emular las cualidades que le atribuimos según la Torá: ser compasivos, misericordiosos, piadosos, pacientes, generosos en bondad, fieles a nuestras promesas, y capaces de perdonar las faltas y rebeliones.

En este Shabat, debemos encarnar esas virtudes, empezando por nosotros mismos. Si nos guiamos por ellas, seremos parte activa de un mundo más justo y luminoso.

Haazinu nos enseña que, por más trágica que sea la situación en la que nos encontremos, no debemos dejarnos vencer. Si permanecemos fieles a nuestros principios, renaceremos fortalecidos.

Por Rabino Yerahmiel Barylka

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