La mente es un calendario de fechas que marcan la vida de una persona. Están las alegres y las tristes, pero la del 7 de octubre de hace dos años fue imborrable porque movió los cimientos que sostenían nuestro ser judío. Volvió el antisemitismo sin fronteras como las violadas por el terrorismo de Hamás. Nada nuevo bajo el sol, pero esa vez el del desierto derritió el iceberg del odio sumergido en la apariencia.
Desde hace dos años los judíos si antes del 7/10 al leer el diario buscábamos noticias de Israel ahora vivimos pendientes de lo que allí sucede. Antes sentimos que todo lo hecho era un muro de contención, educación y aceptación de la existencia del Estado de Israel, pero no fue suficiente. El apretón de manos se convirtió en el puño que golpeó el entendimiento y la convivencia y que clavó su cuchillo en nuestros corazones. Desde el 7/10 la traición nos volvió a convertir en desconfiados y sedientos de justicia para defendernos. Nos atacaron con el arma de la paz convertida en palabra de ataque, muerte y rehenes. Fue un crimen de lesa humanidad la misma que no acepta al judío libre.
La memoria es un ejercicio típico nuestro basado en el derecho y como dijo el Teodoro Herzl sabiamente que el sionismo es un movimiento para dejar de ser aceptados para luego ser rechazados y una minoría para convertirnos en una mayoría bajo una tierra, un idioma y una bandera.
El 7/10 dejé de ser la que era y volví a la historia que contaban mis abuelos y padres. Recrudeció el antisemitismo como si hubiera sido un tsunami, un terremoto, un volcán antisemita legendario. Me pasó en el hotel que paraba en Tel Aviv cuando una señora me preguntó si era judía, le respondí que sí y me dijo: “Ustedes mataron a Cristo”. Claro ella iba a Jerusalem al Santo Sepulcro y yo al Muro de los Lamentos y al Santo Sepulcro como también entrar a una mezquita en Turquía.
Nunca más volveré a ser la que fui y el mundo tampoco. Se trazó una línea que separa la cordura de la locura. Los desaforados que marchan por una Palestina Libre, que solo quieren el exterminio judío y la destrucción de Israel, nada hicieron para incitar a dirigentes y no terroristas a firmar la paz que ellos mismos nunca quisieron y se regocijaron como los palestinos, cuando aquel nefasto día hace dos años capturaron mujeres, hombres, niños y ancianos judíos para mostrarlos como ejemplares que cazaron y castigaron ante le euforia popular. Esa misma muchedumbre que temerosa votó y eligió a sus criminales. Esas mismas mujeres que recibieron a sus hombres que violaron a mujeres judías con dulces y sexo.
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Si antes fui una mujer orgullosa de lo que se había conquistado a pesar de todo ahora soy una mujer combatiente de la palabra y nunca más extenderé mi mano de concordia a enemigos y asesinos, esas misma manos que ahogaron a los bebés Bibas indefensos por su cobardía ideológica y burla, entregando un ataúd sin haber sido el de la madre de esos niños exhibiendo los féretros con sus fotos para mostrar lo que hicieron. Suerte que ese día llovía y el cielo los bendijo.
A esos manifestantes de izquierda, de centro de derecha nazifascista y vociferantes de consignas contra Israel olvidan las persecuciones que sufrieron los que no obedecieron a los sistemas dictatoriales. El precio de tanta obsecuencia es muy caro y la vida es una sola. Las banderas que ondulan a favor y en contra de Israel reciben los vientos de la Historia que los ciegos y no pueden sentir la caricia de la verdad y la justicia.
En memoria de los masacras y de los que sobreviven ¡AMÉN!
¡En el calendario del mundo el 7/10 es imborrable, es imperdonable!
Martha Wolff


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