Primero son las ideas y su difusión. Después, los hechos violentos.La historia carga con la violencia tras el fanatismo ideológico, la intolerancia y el asedio a las libertades occidentales. El “terrorismo, en todas sus formas y tácticas, ataca los mismos fundamentos de nuestras sociedades y desafía directamente nuestros valores compartidos de paz, justicia y dignidad humana”,según Naciones Unidas. Para la RAE, es “una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. El terrorismo cruza las fronteras. Su existencia merece la condena universal, sin justificaciones ni ambigüedades. Además de combatirlomediante la fuerzalegal y letal. En el siglo XXI, el terrorista es radicalización ideológica y lobos solitarios soñando con el falso paraíso.
Los enemigos del radicalismo son: Occidente e Israel, dos puntos geográficos y culturales,dos representantes de las libertades y el progreso. Los radicalesconciben el mundo desde lo binario y antagónico.Un mundo de oprimidos y opresores, de marginados y privilegiados. La narrativa radicalcree en la resistencia del marginado y la lucha contra el opresor. El resentimiento y el victimismo son parte del manual combativo. Primero es la propaganda antioccidental. El islamismo es “incompatible con Occidente”, ya que “es una ideología teocrática” y su aplicaciónes contrariaal “liberalismo de origen judeocristiano”. La libertad, la dignidad humana y los derechos individuales son herencia judeocristiana y se contraponen al ideario del radicalismo, parafraseando a Axel Kaiser. El islamismo radical busca el sometimiento a través de su “conjunto de valores” y la violencia. Considera la conquista de los infieles mediante etapasen las instituciones y en la demografía a través del vientre. El islamismo es una ideología “extremadamente fanática”, “ha sembrado su semilla de terror y está floreciendo”, matan a “todos los que no sepan el Corán”, según Osvaldo Bazán. Occidente está amenazado en sus calles y tradiciones. El movimiento islámico cuenta con el apoyo de la izquierda identitaria. Una alianza táctica con sustento ideológico, la difusión digital y una generación vaciada de falsos ídolos. Algunos ven en Hamás y en Hezbolá un movimiento de “resistencia de la izquierda global”, y de convergencia ideológica. Hay sectores sociales que conviven con un control islámico en la cotidianeidad, según Axel Kaiser. Por ejemplo, a través de las “protestas por las decoraciones navideñas” en Europa. El radicalismo es un nuevo caballo de Troya. El palestino a reemplazado al obrero. La izquierda radical europea busca los votos en “las universidades y las mezquitas”, según Alejo Schapire.
El radicalismo apunta con un arma a la minoría judía y al Estado de Israel. El discurso de odio se camufla en “ejercicio crítico”. Es un “odio que trasciende el ámbito del conflicto y aterriza en lo cotidiano”. Según Pilar Rahola. Estamos en presencia de un “proceso de segregación, deshumanización y estigmatización contra todo un pueblo”. El relato los asimila con las “peores maldades de la humanidad”. La meta es fatal: “del río hasta el mar”. En simple, “la aniquilación del estado judío”, ya que “los judíos no pueden ser vistos como víctimas”.
Occidente tropieza con la piedra del radicalismo al recibir al refugiado que no duda en destruir el refugio. La intolerancia llegó las universidades con académicos activistas. No pocos estudiantes en el mundo evitan identificarse como judíos e israelíes. Las universidades son el espacio para el intercambio de opiniones y el pensamiento crítico. Un discurso uniforme es un atentado a la libertad de expresión. La universidad ya no es universal. En Chile, el radicalismo campea por el sur mediante una apología al terrorismo. Primero es el antisemitismo. Condenar y combatirlo es un deber del mundo libre.
Por Rodrigo Ojeda (profesor de historia).

