Parashat Shemini. Por Rabino Yerahmiel Barylka.

Parashat Shemini. Por Rabino Yerahmiel Barylka.
Parashat Shemini. Por Rabino Yerahmiel Barylka.

LA OFRENDA DEL PRÍNCIPE

El nombre de la parashá de esta semana refiere a la descripción de los acontecimientos que tuvieron lugar el octavo día tras la consagración y la inauguración del Mishcán.

Cuando la euforia por la inauguración llega a su fin, se impone la realidad que obliga enfrentarse a los problemas,las dificultades de la vida, sus decepciones y tragedias y buscarles soluciones.

Los retos de los «siete días» suelen afrontarse y superarse más fácilmente gracias a la adrenalina adicional que nos acomete en momentos de alegría. La prueba del «octavo día» es una lucha de toda la vida para vencer los escollos y vicisitudes y sus constantes problemas.

Así es la vida.

Los «siete días» de consagración del mishcán fueron un tiempo de alegría; los siete días de sheva brajot para los novios recién casados, son días de bienestar y felicidad. Se circuncida al niño recién nacido el octavo día que simboliza el comienzo de su epopeya por ser una buena persona y un creyente, dispuesto a enfrentarse con las dificultades que la vida plantee contra esos esfuerzos y creencias.El «octavo día» es el comienzo de la intrusión de los acontecimientos de la vida en nuestro mundo de ensueño. Constituye la verdadera medida del temple y los logros.

Aarón el sumo sacerdote, se ve abatido por una tragedia personal. Un repentino y misterioso fuego celestial mata a sus dos hijos mayores, cuando estaban dedicados al servicio sagrado en el Mishcán. El «octavo día» se abate sobre él con un estruendo atronador,son la prueba decisiva de su vida, su fe y sus creencias.

La reacción de Aarón es la aceptación silenciosa de las realidades a las que ahora se enfrenta. No se rebela contra la injusticia percibida, como hace Iyov. Tampoco se retira de la vorágine de la vida y se recluye, como hicieron muchos otros al enfrentarse a situaciones similares.

Rambam quizás influido por esta parashá nos exhorta a intentar comprender y explicar todos los mandamientos judíos y los acontecimientos humanos en la medida de nuestras capacidades racionales. Las cuestiones fundamentales sobre la existencia humana y el propósito personal y nacional, sobre la recompensa y el castigo y la justicia divina, deben acaparar nuestra atención, aunque al final de nuestra búsqueda sigamos sin encontrar respuestas categóricas. No por ello debemos frustrarnos.

De lo que podemos entender es que Nadav y Avihu tuvieron la ambición de liderar al pueblo y un exceso de celo en su adoración a .A. y en el servicio del Mishcán, quizás introdujeron un ritual de fuego en el altar no ordenado.

Quizás por ello, no asumieron las responsabilidades del matrimonio y la paternidad, y murieron sin descendencia.

EL PECADO DEL LIDER

La Torá nos enseña que los fracasos personales que pueden tolerarse en la mayoría de los seres humanos se magnifican y no se pasan por alto cuando ocurren a personas en posiciones de poder y liderazgo. La escala de la tolerancia celestial, por así decirlo, es variable, dependiendo del estatus, los logros, las habilidades y la posición pública de la persona que está siendo juzgada.

De allí que en Vayikrá 4:22–26,nos encontramos conjatat hanasí– la “Ofrenda por el pecado del príncipe»:  «Si el que peca involuntariamente es uno de los gobernantes, e incurre en algo que los mandamientos del Señor prohíben, será culpable. Cuando se le haga saber que ha cometido un pecado, llevará como ofrenda… un sacrificio para obtener el perdón de pecado.»

La ofrenda reflejaba el peso moral y espiritual del liderazgo.

Esta es una de las lecciones clave de esta parashá. La justicia de .A. es personal y exigente. Nadav y Avihu son los principales ejemplos de esta verdad. Todo el pueblo estaba pendiente de lo que hacían y del error cometido.La responsabilidad de la autoridad es mayor que la de cualquier mortal.

EN NUESTROS DÍAS

Vivimos la guerra de Sheminí Atzeret, Octavo día de Asamblea,que también puede traducirse como «Octavo día de la retención» que en Israel coincide con Simjat Torá. En el calendario gregoriano cayó ese año el 7 de octubre. El octavo día desde el inicio de Sucot.

La Torá no espera menos de nosotros de lo que esperaba de Aarón. La vida, nuestras contribuciones y nuestro comportamiento significativo para hacerla mejor y más fuerte se desarrollan  con el telón de fondo del «octavo día».

El episodio muestra que la santidad no es un aura sobrenatural, sino responsabilidad, humildad, autocontrol, sensibilidad y fidelidad a la misión.

Seguimos todavía en el octavo día… y esperamos la ofrenda de los líderes —políticos, militares, religiosos, municipales— que consiste en asumir la responsabilidad para cumplir sus obligaciones nacionales y comunitarias.

Debemos pensar qué hacer para que este Yom Hashminí no sea eterno.

La resiliencia y la fuerza interior silenciosa, engendradas por nuestra fe y nuestra larga experiencia histórica, son las armas para seguir viviendo a pesar de todo lo que el «octavo día» impone a nuestra vida, y para salir de esta situación con una ética judía elevada y con sanidad física y psicológica.

Porque el octavo día no es solo una espera: es un llamado.

Un recordatorio de que la historia no se detiene, pero tampoco nos arrastra.

Somos nosotros quienes decidimos si permanecemos atrapados en su amanecer interminableo si, con coraje y lucidez, encendemos la luz que inaugura por fin un nuevo día.

Por Rabino Yerahmiel Barylka.

3 COMENTARIOS

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