Al frente de todo este emprendimiento, nada más ni nada menos que como Director del proyecto, está Jacinto Durán, que a pesar de no haber cumplido aún siquiera los 40, ya tiene gran experiencia en diferentes partes del mundo . Satisfecho con el trabajo y con la vivencia israelí toda, vive desde setiembre del 2014 en Tel Aviv, junto a su esposa y su hija nacida en Israel, que acaba de cumplir 2 años.
Cuando esté terminada, dentro de muy poco, la torre tendrá casi 210 metros. Y cuando icen próximamente hacia su cima la enorme caldera de 2500 toneladas , cuya altura es la de un edificio de 15 pisos , el punto superior de la torre estará a 245 metros de altura. Será así la segunda estructura más alta de Israel después de la mayor chimenea de la planta de la ciudad de Hadera.
La caldera genera vapor, levanta 565 grados y 180 atmósferas de presión, produciendo energía que cuando la planta ya esté funcionando, proporcionará a la red nacional el 2% del consumo de todo el país. Su producción será de 320 gigavatios/hora al año, suficiente para abastecer el consumo de unos 110.000 hogares durante un año, una cantidad considerada muy importante para un solo proyecto.
Se trata de la planta de energía solar Ashalim, ubicada en el desierto del Negev, un proyecto de 650 millones de dólares, en cuya construcción se destacan cinco ingenieros uruguayos, los más jóvenes de toda la planta, que estará lista a fin de año. En la obra trabajan israelíes, argentinos, un serbio, portugueses, franceses, alemanes, un brasileño alemán, norteamericanos, ingleses, españoles, italianos, beduinos israelíes y palestinos de Cisjordania, entre otros.
Su impresión de Israel, del trabajo que se está realizando y de la vivencia toda en lo humano, personal y profesional, la explica en términos altamente positivos. Le pedimos un resumen y lo plantea con claridad. «En cuanto a esta planta, yo creo que lo importante es, primero, el empujón que Israel decidió darle a las renovables y a la energía solar en particular, el hecho que de alguna forma también toda esta energía solar es desarrollada por Israel. Y, después, yendo a los uruguayos que estamos acá, es el hecho de saber que se puede y que es un tema de salir de la zona de confort, de animarse a hacer cosas nuevas en las que uno cree y por las que está apasionado». Y agrega: «Uno no se da cuenta en el día a día, pero cuando mira uno o dos años para atrás uno capta todo lo que creció y aprendió en ese período. Personalmente siento que los dos años que pasé acá hasta ahora han sido de un aprendizaje brutal».
El número dos es Martín Chalar (37) , Director de Construcción y Puesta en Marcha, que hace ya ocho años está trabajando en el exterior, y hace dos se instaló en Israel, tras varios años en tres plantas diferentes en Estados Unidos. Vive en la localidad de Meitar con su esposa y su hija de 3 años.
Jacinto habla de él con gran aprecio profesional. «Martín tiene un rol muy importante, es el responsable máximo de todo lo que ocurre acá, la seguridad, la calidad, la organización del trabajo. Y se aprecia muchísimo su forma de trabajar, siempre logrando el entendimiento».
Gonzalo Casas (31), que también está en Israel con su esposa , habiendo optado por vivir en Beer Sheba, es el encargado de Montaje Mecánico . Fascinado con el país y su gente y tan enamorado del trabajo como sus compañeros, siente que se enriquece diariamente con el proyecto. «Hay aquí gente profesionalmente muy buena, que nos lleva a nosotros a desafiarnos más, a aprender más», explica Gonzalo. «Te llevan al límite. Yo nunca había visto un proyecto en el que tengamos que ir tan al detalle de los contratos, se lo saben al pie de la letra . Acá es día a día ir al detalle, algo que deriva al parecer tanto del enfoque israelí como del de General Electric».
En su equipo y bajo su autoridad, trabajan los otros dos ingenieros, sus ex compañeros de estudios en Montevideo, Noelia Maciera (31), originaria de Salto y Nicolás Rocha(30), que además son pareja . Tuvieron la suerte, luego de dos años separados mientras él ya trabajaba fuera del país y ella seguía estudiando, de haber podido sumarse juntos a proyectos en el exterior. Trabajaron en Chile, Polonia, Omán y luego comenzó la aventura israelí que Noelia describe como «un gran desafío que me encanta».
Noelia tiene a su cargo la segunda caldera de la planta, que funciona a gas y que es usada como alternativa al calentamiento central, cuando por algún problema como ser un día nublado, no se puede aprovechar en forma óptima la luz del sol. Nicolás, por su parte, está encargado de las tuberías, aunque parece admirado en especial por la torre solar, siendo esta planta la primera en la que trabaja con esta tecnología. «Es algo único en el mundo, es lo más diferente ya que toda la parte del bloque de potencia es más o menos lo habitual, pero subir hasta allá arriba es totalmente nuevo».
Para Noelia, el entusiasmo es más generalizado todavía porque es la primera vez que trabaja con energía solar. «Me gusta muchísimo, ya puedo decir que es uno de mis proyectos favoritos». Además, siente que por ser mujer «me cuidan más, lo veo claramente». Y le hace gracia que algunos compañeros de trabajo, sabiendo que Uruguay es un país chico, al ver a cinco uruguayos en el proyecto le preguntan «si todos se vinieron para Israel».
La planta Ashalim se construye en el marco de una concesión que el Estado de Israel dio por 25 años a un conglomerado llamado Megalim, formado por General Electric y Brights Source (cada una de ellas con algo más del 25% de las acciones) y el fondo inversor israelí Noy, que tiene el resto y participa únicamente como socio capitalista. GE y BS son las encargadas del diseño, construcción y operación de toda la planta. Y los cinco ingenieros uruguayos fueron contratados por General Electric.
El primero contratado, como Director de toda la planta, fue Jacinto Durán, quien trajo a Martín Chalar. Luego llegó Gonzalo Casas y finalmente, la pareja, Noelia y Nicolás. Jacinto conocía a Martín y a Gonzalo, con quienes había trabajado varios años en Estados Unidos, y de Noelia y Nicolás había recibido buenas referencias. «La verdad es que me alegré cuando se dio la oportunidad de traer a algunos de los muchachos para acá, están haciendo un trabajo genial», dice Jacinto.
Comentamos a Durán lo impactante que resulta saber que cinco ingenieros uruguayos están jugando un papel tan clave en un proyecto de la envergadura de la planta solar, que mientras la recorríamos, nos parecía inabarcable. Y combinando lo que captamos de inmediato que irradian todos ellos, seguridad y al mismo tiempo sencillez, responde: «El profesional uruguayo no solo es una persona capaz, sino que también tenemos hábitos de trabajo que son muy buenos. La garra existe de verdad, no es solo un mito y no aplica solo al fútbol y vos ves ese sentimiento de no darla por perdida, de seguir peleando, de que si las cosas no salen no importa y se sigue».
La cohesión del grupo es clave, además de la exitosa inserción que han logrado en el proyecto todo.
«El tema de armar el equipo llevó mucho, no es fácil, por eso también yo empujé mucho para poder traer gente con la que ya había trabajado antes y que ya sabía lo que me podían dar», nos dice Gonzalo. » Creo que también al hacer muchos años que trabajamos juntos, ya hay un sentimiento de unión, de equipo y de trabajo. Ya cada uno sabe qué es lo que tiene que hacer dentro de este equipo y como que las cosas se dan bastante suaves, se van dando solas. Yo ya sé qué es lo que hacen ellos y estoy completamente tranquilo al respecto».
Noelia amplía este punto. «Creo que esto va por un punto de orgullo y de convicción. Estamos todos convencidos de que esta obra es un aporte, que es algo que está muy bueno. A mí, personalmente, que sea de energía renovable me motiva mucho más». Compartir un objetivo común, aclara, es un motor que da fuerza. » Todos estamos convencidos de que tenemos la misma meta, que es terminar esto cuanto antes y hacerlo lo mejor que podamos. A mí me pasa con mi equipo de trabajadores que lo vemos, todos vienen a trabajar convencidos de esta obra, de que es buena, de que les gusta. Ves en todos lados que hay cariño hacia la planta».
Y con una sonrisa, que despierta otras en sus compañeros de trabajo, comenta: «Yo lo digo en broma, pero el equipo que estoy montando es mi bebé, porque además imagínate que esta torre nosotros la vimos cuando tenía solo un metro, la vimos ir creciendo. Un asesor israelí que bien cada tanto dice que le encanta porque siente como que es un jardín donde las cosas florecen, cada vez que venía había más espejos y más cosas. Eso te hace sentir un poco más orgulloso y te convence más de estar aquí, de toda esta experiencia».
A fin de año, en principio, terminará el capítulo israelí en la vida de estos cinco ingenieros uruguayos. A juzgar por sus impresiones hasta ahora, quedará en sus corazones para siempre, como importante desafío profesional y significativa experiencia humana. Se sintieron bien recibidos, ven en la sociedad israelí un marco que sabe incluir a gente de distintas procedencias, un deseo constante de ayudar y una apertura y buena disposición ante el extranjero. Con ello y con sus grandes logros profesionales, pasarán seguramente a la nueva etapa.
Pero por el momento, lo que cuenta para ellos es finalizar bien el trabajo, hacerlo a tiempo y a la perfección. La garra charrúa, como nos dice Jacinto Durán, no es sólo en el fútbol. La vemos también en Ashalim, la planta de energía solar en el sur de Israel.
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