Luego de ser ungido presidente, Agustín Zbar recibió la felicitación de las personas que se encontraban a su alrededor en el auditorio de la AMIA y fue invitado a subir al escenario para dar unas palabras. Tras un sentido abrazo con el ex presidente de la mutual, Leonardo Jmelnitzky, dijo unas palabras aunque aseguró que el 7 de junio, cuando asuman las nuevas autoridades, se explayará más con un discurso preparado en lo que será la presentación oficial de la nueva Comisión Directiva que dirigirá los destinos de la AMIA por los próximos tres años.
«Venimos con la vocación de armar un equipo de trabajo que genere una diferencia para la mayoría de los judíos que viven en nuestra ciudad y en el país. Que pueda instalar a la kehilá argentina ya es muy importante en número, pero que también sea más importante desde el punto de vista cualitativo. La presencia que tenemos es muy inferior a la calidad de gente que compone nuestra comunidad. Hay una tarea muy grande que es llegar a los decenas de miles de yehudim que hay a lo largo y ancho de nuestro país», afirmó en primera instancia Zbar.
En otro pasaje de su discurso intentó generar un espacio conciliador entre los diferentes movimientos presentes, luego de un año desgastante cuando la kehilá fue llevada a la Justicia por un grupo de socios integrantes de Plural Jai y AMIA es de Todos, que consideraron que había una serie de irregularidades en el padrón que impedía el normal desarrollo del sufragio: «Es una kehilá que ha sabido integrar de las más diversas ideologías y procedencias, y hoy en día desde los distintos niveles de observancia, desde el lacismo hasta la ortodoxia, es realmente un kidush mundial que podamos estar todos juntos. Vamos a hacer los máximos esfuerzos para aquellos hermanos que, producto de la confusión, del arrebato de la política, de las ambiciones y del canto de sirena que muchas veces generan los espacios de poderes nacionales han batallado en contra de su propia casa. No nos preocupan los dirigentes confundidos, nos preocupan mucho más los judíos alejados (…) No existe posibilidad de que el judaísmo se amplíe tanto en nuestra kehilá como en la sociedad en general que tiene la sagrada Torá y nuestras creencias milenarias, que son la única brújula que no nos impide desviarnos para un lado o para el otro», sentenció el presidente electo.
Zbar también se refirió al atentado terrorista que sufrió la AMIA, aquel 18 de julio de 1994 y a la impunidad que existe hace ya 23 años: «Una causa tan manoseada, tan utilizada por todas las banderas políticas, por todos los que pasaron por algún espacio de poder trataron de hacer negocios políticos, como se dice en la jerga. La AMIA tuvo el zejut de no haberse dejado llevar ni para un lado ni para el otro, sin haberse encandilado, pero nunca nos desviamos de una idea que está probada en el expediente y que fue la AMIA la que la sostuvo durante 23 años, cuando los cantos de sirena que decía el Gobierno anterior que trataban de enamorarnos vinieron con la idea del memorándum. Hubo mucha gente que se confundió y mucho. Hubo instituciones muy importantes que pretenden representar políticamente a todos, incluso a la AMIA, que nos querían arrastrar al oprobio de ese tratado y de esa Comisión de la Verdad. Fue la posición férrea y clara de la AMIA conducida en ese momento por Guillermo Borger y después con la mano firme de Leonardo (Jmelnitzky). Los dos presidentes que honraron la memoria de los muertos, la autonomía que tiene que tener la comunidad judía argentina frente a cualquier maniobra que nos quiera llevar para negocios políticos, no se subieron a ningún colectivo de estos que pasaban, no miraban la conveniencia personal, incluso asumieron riesgos personales importantes. También un aplauso para Thommy (Ralph Saieg), a quien le tocó bailar muchas veces con situaciones muy feas. Ellos fueron los dirigentes que mantuvieron el rumbo. Vamos a honrar la memoria de quienes cayeron en manos de los antisemitas de nuestra época y que golpearon muy duro. Vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para romper esta dinámica de impunidad, que hoy parece una carga pesada muy difícil de levantar».

