El ex presidente de la República Oriental del Uruguay, Luis Alberto Lacalle, brindó una entrevista al noticiero Panamá Hoy, en el marco de una gira por ese país y Costa Rica, invitado por B’nai B’rith para participar de la conmemoración de la Noche de los Cristales Rotos,
En la entrevista, quien fuese mandatario uruguayo explicó que fue orador de los eventos por el 75° aniversario de la «Noche de los Cristales Rotos», que significó «el primer acto del drama de la persecución judía, el primer acto ostensiblemente y a cara descubierta de la persecución, que para todos nosotros señala el inicio de lo que iba a ser el Holocausto».
Justamente, el periodista le preguntó por lo que había sucedido en la Catedral Metropolitana de Argentina :»Una vergüenza. En Argentina hay un antisemitismo que no se logra doblar. Son minoritarios, pero no es cuestión de cantidad, nunca falta un inconsciente. Se estaba celebrando en la Catedral Metropolitana, la Catedral Católica, una cosa muy linda que allí fuera, un acto de recordación de esta Kristallnacht, y entraron unos energúmenos a rezar el rosario a los gritos, profanando la Catedral».
En ese sentido, explicó que el hecho fue «una barbaridad», y aseguró que «la Iglesia desde Juan XXIII ha ido mencionando el arrepentimiento de la Iglesia por la persecución de los judíos que muchas veces se llevó a cabo dentro del ámbito religioso».
«Es demencial. El tema de las discriminaciones y la persecución es tan vieja como la humanidad. Se ha discriminado por el color, raza, religión, el lugar donde se nace, si es pobre, rico, está arriba o abajo. Fijense la demencia que hay detrás de la persecución a los judíos en la Segunda Guerra Mundial que puede estimarse que Alemania perdió la guerra por el curso que distrajo para hacer esta locura de la industrialización de la muerte», remarcó Lacalle, quien contó su experiencia en los campos de exterminio nazi: «Yo he estado en el campo de Auschwitz como presidente de la República, presidiendo una marcha entre Auschwitz y Birkenau que están a 3 o 4 kilómetros uno del otro, y ahí uno realmente le impacta lo que yo llamo la objetivación del mal, si alguien cree que el mal no existe debe ir ahí. Ahí es el mal concretado en aquella fábrica de muerte que a uno lo deja tumbado».


