E​l terror palestino nuevamente en acción​. Por Samuel Auerbach

Pero como dice aquel viejo refrán español, no hay mal que por bien no venga. Lástima que el mal sea tan doloroso.

El mal: mediante una cobarde maniobra, terroristas del grupo palestino Hamas secuestraron el 12 de junio pasado a tres adolescentes israelíes: Eyal Yifrach, de 19 años, Naftalí Frenkel, de 16 años y Gilad Shaer, de 16 años.

El bien: además de tratar de localizarlos y devolverlos sanos y salvos a sus hogares, el operativo “Volved hermanos” que el Ejército de Defensa de Israel lleva a cabo en la Cisjordania (nombre actual de las bíblicas zonas de Judea y Samaria), tiene por finalidad barrer el terror con el que el grupo Hamas ensucia el territorio, deteniendo a sus hombres y arrasando sus instituciones.

A ese grupo no le interesa la paz, solo usa un simulado interés en un país para su pueblo con el fin de aniquilar a Israel, ese “intruso estado sionista enclavado en el corazón del Medio Oriente musulmán”. Es por ese motivo que no escatima esfuerzos para secuestrar civiles israelíes, o asesinarlos con cualquier medio que tenga a su alcance, festejando el “heroísmo” de la mano criminal con el reparto de golosinas entre su gente. No oculta su furioso antisemitismo cuando, en combinación con Irán y Hizbollah con los cuales comparte ideales, con sicarios manda matar judíos en cualquier punto del planeta. No hay ideal que justifique el placer de asesinar a inocentes.

Como era de esperar, el operativo “Volved hermanos” dio pie a que voces de protestas comenzaran a oírse dentro de las filas terroristas y en los círculos antisemitas que abundan en el mundo. Voces acusando a Israel de aplicar un “castigo colectivo que pagan inocentes”. Voces que, mintiendo como otras tantas veces, tratan que el mundo vea al ejército de Israel aplicando su “exagerada fuerza sobre el débil pueblo palestino”. 

Voces que no dicen que Israel es un pueblo solidario, que siente por entero como propio el dolor de algunos pocos. Voces que no dicen que en Israel, el dolor de una familia por la muerte de un hijo en manos del terror, es el dolor de todo su pueblo. No lo dicen pero bien lo saben. Lo saben y lo usan con maquiavélica astucia para obtener mayores beneficios cuando, en un intercambio de prisioneros, liberan a sus rehenes. 
Esas voces no dicen que el valor que el pueblo de Israel le da a la vida no es el mismo que el que le otorgan los integrantes del Islam, quienes con desamor y sin el mínimo remordimiento enseñan a sus niños a morir en nombre de su Dios.


Lamentablemente son las únicas voces que se oyen, porque las voces del pueblo palestino que quiere una patria en cordiales relaciones con el Estado de Israel, son silenciadas por el terror de sus propios correligionarios. Si las pudiera oír, el mundo no tendría duda alguna de que el rigor que el ejército de Israel esta aplicando en la Cisjordania, está dirigido exclusivamente a los terroristas y sus organizaciones que amenazan a Israel y molestan a su pueblo que ansía tranquilidad y trabajo, y está movido por el intenso afán de encontrar a sus hijos en peligro de muerte.

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