Rabino Awraham Soetendorp: »Tenemos que crear un movimiento para una espiritualidad global»

Fue salvado del Holocausto por una católica alemana. Desde muy joven trabaja por mantener la memoria de lo sucedido y preservar el legado de Ana Frank.

Pasó de mano en mano hasta llegar a la puerta de una mujer alemana casada con un artesano del cobre. Awraham Soetendorp era un bebé tan lindo que un jefe nazi había dicho unas horas antes “lástima que sea judío”. La mujer tuvo que decidir en apenas unos segundos si salvaba al niño y se exponía a perder su propia vida. Fueron unos padres extraordinarios. El artesano construyó un recipiente de cobre en forma de chaleco donde contrabandeaba leche para su hijo natural y el adoptado.

“Gente común es la que hace las cosas extraordinarias. Mi padre, el que me traía la leche en su chaleco especial murió el día de la liberación. Cayó bajo una bomba mientras me protegía con su propio cuerpo. Por lo tanto, soy el resultado de toda esa gente que demostró su humanidad en los momentos más oscuros. Es esa la razón por la que no me puedo dar el lujo de demostrar pesimismo. Soy el resultado de la esperanza de mucha gente. Y ese es el testimonio que doy a los más jóvenes. Porque todo se reduce a la educación y la compasión.

¿No es cada vez más difícil sostener esa compasión?

Hay gente que nace con una mayor compasión. Y todo se complementa con la educación. La compasión se enseña. Cualquier interpretación de las escrituras sagradas de cualquier religión que lleve a la violencia, al desdén, al menosprecio, es ilegítima. La compasión debe emanar de esas escrituras. Y la Humanidad es un solo cuerpo.

Al mismo tiempo aparecen signos horrorosos de los humanos como las decapitaciones del ISIS.

Dios nos creó con el don de la libertad de elección. Las personas que optan por matar son una muy pequeña minoría.

Usted trabaja desde hace décadas por la convivencia de los dos estados, el israelí y el palestino.

Sí, por supuesto. Y sigo teniendo la esperanza de que haya un acuerdo profundo en poco tiempo más. Cuando nació mi nieta, que ahora tiene 17 años, le escribí una carta en la que le decía que tenía la esperanza de que se llegara a la paz en el transcurso de su vida. Estoy escribiendo una segunda carta para los 18 años de mi nieta en la que reafirmo mi anhelo.

Otro fenómeno preocupante está dado por el enorme avance tecnológico combinado con un oscurantismo en las ideas.

Exactamente, el lado oscuro de la psicología humana entrelazado con la modernidad tecnológica. Y aparece un muy pequeño grupo de intolerantes que usan, por ejemplo YouTube para transmitir su odio. Destruyen la imagen de Dios. Nosotros no podemos combatir esto destruyendo la tecnología pero sí tratando de llegar a la psicología de esa gente. Hay que trabajar con la conciencia uno por uno.

Entonces es más una acción individual que otra cosa.

Podríamos decir que sí. Cuando di mi testimonio ante la comisión que investigó las atrocidades yo hablé de una mujer alemana católica, no de “todos” los nazis o “todos los católicos. Hablamos de derechos humanos incorporados en las mentes que creen.

¿Cómo hacemos para inculcar el concepto del sacrificio en las nuevas generaciones?

No tengo una mirada pesimista de los adolescentes de hoy. Hay muchos chicos muy capaces. Pero sí, es difícil que podamos transmitir valores que nosotros tuvimos un siglo atrás. Aunque es increíble lo que puede hacer un joven que le habla a sus pares y los hace cambiar. Los cachorros de la manada confían en los otros cachorros.

Usted habla de una espiritualidad global. ¿A qué se refiere con esto?

Tenemos que crear un movimiento global, profundo, de una espiritualidad ecuménica y global con el objetivo de formar un grado de conciencia para transformar al planeta.

¿Cómo se concretaría? ¿Qué organización tendría?

Creo que hay que formar un Consejo de la Conciencia con gente que sea creíble para la sociedad. Por ejemplo, Ana Frank hubiera estado en este consejo, también los que pensaron y escribieron la declaración de los derechos de los niños y una maestra de algún pueblo africano que viene educando a los chicos de su aldea desde hace 30 años. Y su función sería la de buscar la verdad en cualquier circunstancia. Obviamente que esto no es más que un sueño pero a algunos no les pareció tan mala idea y ya hay una universidad de Holanda que está tratando de poner en práctica este sueño. Estamos en un momento en que hay un susurro que se puede percibir y escuchar alrededor del mundo. La amplificación de ese susurro es lo que va a mover a la gente. No va a llegar a todos pero va a atravesar los oídos de los que hacen la diferencia en nuestra sociedad.

Fuente: Clarin
Autor: Gustavo Sierra

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