1000 dias y 17 de Tamuz. Por Batia D. de Nemirovsky

Nemirovsky
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La tradición judía enseña que Jerusalén no fue destruida el día en que ardió el Templo.

Primero se abrió una brecha en sus murallas.

Solo después llegó la devastación.

Por eso el 17 de Tamuz no recuerda únicamente el inicio de la conquista de Jerusalem y la brecha abierta en sus murallas.  Nos obliga a preguntarnos qué brechas permitimos que se abran,  antes de que sea demasiado tarde.

Hoy, cuando se cumplen 1.000 días desde el 7 de octubre de 2023, esa pregunta vuelve a interpelarnos.

Porque aquella mañana no fue solo una masacre. Fue el derrumbe de muchas certezas.

La ilusión de que el terrorismo podía ser contenido.

La ilusión de que el antisemitismo pertenecía al pasado.

La ilusión de que el mundo reaccionaría con la misma claridad moral con la que reaccionó frente a otras atrocidades.

Mil días después, el precio sigue siendo insoportable.

Demasiados jóvenes israelíes han entregado su vida defendiendo el derecho de su pueblo a existir. Otros cargarán para siempre con las heridas del cuerpo y del alma.

Y, mientras tanto, el antisemitismo volvió a ocupar espacios que creíamos definitivamente clausurados. Ya no siempre se presenta con los símbolos del pasado. Aprende nuevos lenguajes. Cambia de consignas. Se reviste de respetabilidad. Pero sigue siendo el mismo odio ancestral que niega al pueblo judío el derecho que reconoce a todos los demás pueblos: vivir con dignidad y seguridad.

El 17 de Tamuz nos recuerda que ninguna muralla cae de un instante para otro.

Antes cae el lenguaje.

Después cae la verdad.

Después cae la humanidad.

Y finalmente caen las piedras.

Nuestra obligación es reconocer las brechas mientras todavía pueden repararse.

Recordar no es un ejercicio de nostalgia.

Es un acto de responsabilidad.

Porque un pueblo que olvida cómo comenzaron las tragedias termina condenado a volver a atravesarlas.

Que este ayuno fortalezca nuestra memoria, nuestra conciencia y nuestra determinación de seguir defendiendo la vida, la verdad y la continuidad del pueblo judío.

עם ישראל חי

Por Batia d. de Nemorivsky

Vicepresidente del Centro Simon Wiesenthal para América Latina

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