Debemos estar presentes para seguir diciendo ¡Nunca Más!

A los 16 años me entere que podría no haber nacido. Mi abuelo estuvo 24 meses en el campo Koldichevo. En ese periodo 22.000 personas fueron asesinadas allí. La mayoría judíos. Después de dos años de torturas y trabajo forzado, tuvo la oportunidad de escapar, y la tomó. Meir escapó a los extensos bosques de Baranovich y se sumó al grupo de los Partisanos. En el bosque conoció a Ester, una joven valiente, que a su vez había escapado del Ghetto Novogrudek, quién luego se convirtió en su compañera, hoy, mi abuela. Allí se encontraron, en un crudo invierno europeo, entre la lucha por sus vidas y la búsqueda constante de refugio y comida. Nació así un amor sin fronteras, tan profundo que nunca se apagó.

Al término de la guerra mi abuelo volvió a su pueblo y descubrió que toda su primera familia había sido asesinada por los nazis; su mujer, sus dos hijas, su madre y sus nueve hermanos. Su pueblo Maytchet, que había sido una vez un pueblo enérgico y lleno de vida, fue borrado como si nunca hubiese existido. Mi abuelo volvió a reencontrarse con mi abuela, y en el año 1947 emigraron a Israel, donde se casaron y construyeron su hogar. Más de una vez me he preguntado por aquella primera familia de mi abuelo. ¿Quiénes fueron sus hijas? ¿Cuáles fueron sus nombres? ¿Se parecerían a mis hijas, hoy mayores que ellas a la edad en que murieron?

En estos días, más que nunca, siento que su muerte marcó el camino de mi vida. El camino que me trajo a la Argentina como diplomática para representar al Estado de Israel, el país del pueblo judío. Para mí esto es un gran privilegio. A sabiendas que hoy, 70 años después de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, existen actores internacionales, entre ellos países, que llaman públicamente a la destrucción del Estado de Israel. Componentes radicales y terroristas que niegan la existencia del Holocausto, fomentan el antisemitismo y se oponen al derecho de existencia del pueblo judío. A pesar de esas amenazas, Israel trabaja y trabajará siempre en defensa de sus ciudadanos. Es nuestro derecho como país soberano y nuestra obligación moral, por la memoria de los 6.000.000 de víctimas que fueron perseguidas y aniquiladas por el simple hecho de ser judíos. Estamos acá para decir en voz alta: ¡Nunca Más!.

Dobrat Zilberstein es primer secretaria de la Embajada de Israel en Argentina.


Fuente: Clarin.com- Tribuna

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