Jamaica espera que turismo judío ayude a su escasa comunidad

Es sábado por la mañana en Sha’are Shalom, pero no hay suficientes judíos reunidos bajo la tenue luz de la única sinagoga de Jamaica como para celebrar un servicio de oración formal.

Una turista estadounidense observa cerca de la entrada del histórico temple mientras media docena de miembros de la menguante comunidad judía jamaicana realizan oraciones informales de Sabbath dirigidos por un miembro de la congregación. Sin los 10 judíos adultos necesarios para el quorum conocido como minyan, hombres y mujeres se reúnen en torno a una plataforma de caoba levantada sobre el suelo cubierto de arena para cantar a los acordes de un órgano.

«Tenía que ver este templo por mí misma», dijo la turista, Melissa Solomon, una ex profesora de hebreo de Pawtucket, Rhode Island, de visita en el país con su hijo pequeño. «Pensé, ‘¿Jamaica también tiene judíos?»’.

Al inicio del siglo XIX, en la isla había hasta ocho sinagogas y aproximadamente 2.500 judíos, incluyendo unos cuantos que tuvieron una influencia destacada en la vida civil. Pero las mareas migratorias y la asimilación han reducido esas cifras a unos 200 feligreses y a un único templo.

Con la mayoría de los miembros de la congregación superando los 50 años, sus integrantes intentan preservar su historia y atraer a turistas que puedan apreciarla. En un incipiente intento por desarrollar un turismo relacionado con el judaísmo en la isla, el Consejo de Turismo de Jamaica dice que la creación de un paquete «Jamaica judía» como parte de un «turismo de raíces» podría animar a los visitantes a realizar celebraciones familiares como bodas y bar y bat mitzvahs allí.

El líder de la comunidad, Ainsley Henriques, dice que la sinagoga de Kingston evolucionó partiendo de tradiciones conservadoras sefardíes procedentes de la península Ibérica pero adoptó prácticas liberales de movimientos de reforma británicos y estadounidenses. Su primo menor, Stephen Henriques, encabeza los servicios religiosos en ausencia de un rabino y es el oficiante legal de matrimonios para la comunidad judía en Jamaica.

Nadie espera que la pequeña población judía aumente, pero los miembros de la comunidad dicen que esperan preservar lo que queda.

«A pesar de lo que pase en el futuro, queremos que la gente siempre sepa que aquí hubo judíos», dijo el mayor de los Henriques, que encabeza los esfuerzos por mostrar las tradiciones de la comunidad isleña y atraer a visitantes celebrando conferencias sobre historia judía jamaicana, con la apertura de un pequeño museo cerca de la sinagoga de Kingston e intentando rehabilitar los cementerios que tienen siglos de antigüedad.

«Jewish tourism is lively, serious and always searching for new destinations. … It may help the fragile community in Jamaica in its strong desire to persist,» said Jane Gerber, director of the Institute for Sephardic Studies at City University of New York and editor of the 2013 book «The Jews in the Caribbean.»

«El turismo judío es animado, serio y siempre busca nuevos destinos (…) Puede ayudar a la frágil comunidad de Jamaica en su fuerte deseo de persistir», dijo Jane Gerber, director del Instituto de Estudios Sefardíes de Universidad de la Ciudad de Nueva York y editor del libro de 2013 «Los judíos en el Caribe».

El turismo que recupera la herencia judía en el Caribe ha dado el necesario apoyo financiero y de otro tipo a las pequeñas comunidades judías de otras partes de la región, como St. Thomas en las Islas Vírgenes de Estados Unidos y la isla holandesa de Curaçao – ambas beneficiadas por ser destino de cruceros.

Cada año, la histórica sinagoga de Islas Vírgenes acoge alrededor de 40 bar y bat mitzvah de judíos extranjeros. El templo está respaldado en su mayoría por los «pájaros de la nieve» que escapan del invierno en el norte de Estados Unidos, señalan los expertos. «Es una fuente de ingresos importante para nosotros», sostiene Mina Orenstein, coordinador de eventos del templo.

Unos 10.000 visitantes, en su mayoría turistas de cruceros, pasan anualmente por la Mikve Israel-Emanuel de Curaçao y más de una docena de rituales de mayoría de edad se celebran allí cada año, dijo el presidente de la sinagoga, Kenneth Godschalk. Fundada en 1732, se cree que es el templo con funcionamiento continuado más antiguo del hemisferio occidental.

El mayor desafío de la comunidad judía en Jamaica para promover el turismo ha sido la ubicación del único templo en Kingston. La ciudad sureña atrae a pocos de los turistas que acuden al reclamo de las impresionantes playas del norte del país de 2,7 millones de habitantes. A cuatro horas en coche del complejo de Montego Bay, Kingston no tiene una playa turística de la que hablar y desde hace años intenta combatir con una alta tasa de delitos violentos.

«Kingston tiene reputación de no ser segura, así que la gente está intranquila al viajar allí», dijo Ellen Paderson, que gestiona una agencia de viajes de Massachusetts llamada Bar Mitzvah Vacations. Muchos de los viajes que organiza son a la sinagoga de St. Thomas.

La comunidad judía de Jamaica está estrechamente ligada a un fuerte sentido de la historia — en gran parte debido al trabajo Henriques, incluyendo sus esfuerzos por preservar los recuerdos de la comunidad a través de su Instituto de Genealogía Judía de Jamaica.

Los judíos llegaron a Jamaica de la mano de colonos españoles y portugueses en el siglo XVI. Eran «conversos», que habían fingido convertirse al catolicismo para salvar sus vidas durante la Inquisición española. Algunos estudiosos dicen que la arena del suelo de Sha’are Shalom de Kingston, presente también en otros templos del Caribe, muestra el intento de los judíos españoles para amortiguar el sonido de culto y evitar ser descubiertos.

Según «Piratas judíos del Caribe», de Edward Kritzler, un escritor estadounidense que trabajaba para la oficina de turismo de Jamaica y promovió la herencia judía de la isla, algunos sefardíes se convirtieron en piratas que saquearon galeones. Comerciantes judíos se asentaron en ciudades en crecimiento, incluyendo Port Royal, un conocido bastión de piratas que era la principal ciudad de la isla hasta que fue arrasada por un terremoto y un tsunami en 1692.

Bajo el dominio británico, los judíos formaron el núcleo de la clase comerciante de la nación. En 1831, la Jamaica colonial concedió derecho a voto a la comunidad, años antes que Gran Bretaña. A finales de la década de 1840, ocho de los 47 miembros de la Cámara de la Asamblea eran judíos.

Los judíos que quedan en Jamaica improvisan para mantener vivas las tradiciones. Aunque la isla no cuenta con una carnicería kosher, una pareja estadounidense perteneciente al movimiento hasidim Jabad Lubavitch se mudó recientemente a Montego Bay para preparar cenas kosher y liderar oraciones para los judíos que están de paso.

A veces, algún miembro de la amplia comunidad cristiana de la isla busca unirse a la fe, como Mickel Hylton, de 18 años. Durante tres años ha asistido a los servicios del templo y evita la carne de cerdo con la intención de completar el largo proceso de conversión.

«El judaísmo me habla», dijo Hylton. «Espero ser judío hasta el día que me muera».

Por David McFadden / AP

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here