Proyecto de ley para sancionar el Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural

El legislador por el PRO, Darío Lipovetzky presentó un proyecto de ley para instaurar el 19 de abril como «Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural» en conmemoración al Levantamiento del Ghetto de Varsovia. Este proyecto fue trabajado en conjunto con la colaboración de la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos.

Este proyecto de ley se tratará en la próxima asamblea legislativa, y en caso que reciba la aprobación marcará un hito, ya que sería la primera jurisdicción del país en sancionarla. El «Levantamiento del Ghetto de Varsovia» se produjo el 19 de abril de 1943 cuando un grupo de jóvenes judíos se reveló contra las acciones del régimen nazi, y por eso ese levantamiento quedo instalado en la memoria colectiva como símbolo de resistencia contra la opresión y la intolerancia.

A continuación el proyecto completo:

PROYECTO DE LEY


Artículo 1°.- Institúyese el día 19 de abril de cada año, como «Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural», en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en conmemoración del “Levantamiento del Ghetto de Varsovia”, histórica resistencia del pueblo judío en respuesta al sistemático plan de exterminio nazi y verdadero símbolo de la defensa y promoción de los Derechos Humanos.


Artículo 2°.- Comuníquese, etc. 

FUNDAMENTOS


Sra. Presidente:


El presente proyecto de Ley tiene como finalidad instituir en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el día 19 de abril de cada año como «Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural», en coincidencia con el inicio de la histórica resistencia del pueblo judío en respuesta al sistemático e innegable- plan de exterminio nazi conocida como el“Levantamiento del Ghetto de Varsovia”, ocurrido el día 19 de abril de 1943, como objeto ejemplificador de defensa y promoción de los Derechos Humanos en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Cabe recordar que desde el año 2000 la República Argentina conmemora el 19 de abril de cada año como el “Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural”. En consonancia con el comienzo del “Levantamiento del Ghetto de Varsovia”. Así lo determinó la resolución número 126/2000 del Consejo Federal de Cultura y Educación; de este modo, la propuesta del Ministerio de Educación de la Nación fue incorporada al calendario educativo, la que en su art. 1 establece que: “Declarar el 19 de abril, fecha del levantamiento del ghetto de Varsovia, ‘Día de la convivencia en la diversidad cultural’ e incorporarlo a las conmemoraciones de los calendarios escolares de las distintas jurisdicciones educativas”.


Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi como expresión de una ideología que sostenía el antisemitismo como bandera principal, llevó a cabo una política de deshumanización y exterminio contra el pueblo judío, víctima principal de Holocausto; ello se materializó principalmente en la ciudad de Varsovia.-


El 19 de abril de 1943, un grupo de jóvenes judíos del ghetto de Varsovia protagonizó un levantamiento contra las acciones del régimen nazi, este acontecimiento quedó instalado en la memoria colectiva como una de las formas de resistencia contra la opresión, la intolerancia y la defensa de la dignidad humana y un símbolo de la libertad.-


Antecedentes históricos:
En el otoño de 1940, a poco más de un año de la invasión alemana a Polonia, el barrio judío de Varsovia, al oeste del río Vístula, de una extensión de seis kilómetros y medio, fue cercado por un alto y sombrío muro coronado con alambradas de púas. Se instauraba el Ghetto de Varsovia, prisión a cielo abierto donde cerca de 400 mil judíos, muchos de los cuales no tenían ni casa ni lazos familiares en la capital polaca, fueron encerrados, aislados del mundo exterior, en espera de un destino que pocos de ellos en ese momento conocían: esto era, ni más ni menos, que la primera fase de aquella «solución final» hitleriana, que -veinte años antes- había anunciado el dictador alemán en su libro Mein Kampf.


La vida en el ghetto más grande de la Polonia ocupada, transcurría dolorosa y lúgubre. El hambre y la violencia que desataban los guardianes nazis, torturaba los cuerpos y las mentes de los habitantes. No obstante, incluso en medio de este cuadro de muerte, de enfermedad y de terror, las escuelas clandestinas prosperaban, las zonas bombardeadas eran cultivadas, cuatro teatros permanecían abiertos, los músicos daban conciertos y los poetas infundían en sus versos tanta desesperación como imágenes de esperanza; pintores y escultores creaban y exponían obras nuevas; se publicaban periódicos clandestinos, entre ellos el «Négued Hazérem» que en idish significa «Contra la corriente».
Después de un año y medio de segregación, se comenzó a vislumbrar la verdad acerca del destino final de los convoyes de trenes. Estos comenzaron a partir con una frecuencia que iba en aumento, atiborrados de seres humanos, en su mayoría niños, mujeres, ancianos y enfermos; el camino hacia los campos de concentración y de de exterminio, donde las comunidades confinadas en este y otros tantos ghettos encontraban, inexorablemente, su horrendo final. En consecuencia, empezó a brotar en el seno de un exiguo grupo de activistas la convicción que los alemanes no tenían pensada otra alternativa que no fuese el genocidio. Algunos grupos juveniles estaban convencidos que sus ideales debían conducir, lógicamente, a la acción.


Con el correr de las semanas el movimiento de resistencia comenzó a tomar cuerpo. Lo integraban el movimiento sionista de izquierda Hashomer Hatzair, los comunistas y los partidarios de Bund, el partido socialista hebreo más importante. Durante el transcurso del mes de julio de 1942, cuando las cámaras de gas de Treblinka, a pocos kilómetros al nordeste de la capital, iniciaron el exterminio en masa de los judíos de Varsovia, el movimiento de resistencia se aseguró la plena adhesión de los movimientos políticos y religiosos presentes en el ghetto. 


Antes de finalizar julio del año 1942, la organización de combatientes fue puesta al mando de Mordejai Anielewicz, un joven de veintitrés años, miembro de Hashomer Hatzair. Hijo de una familia obrera, con educación superior adquirida en la Escuela Judía de Varsovia. Anielewicz estaba secundado por varios subcomandantes, integrantes de las mencionadas organizaciones judías.
Entre julio y octubre del año 1942, más de 300 mil judíos fueron deportados de la capital polaca. Cuatro quintas partes hacia al campo de exterminio de Treblinka y el resto a los campos de trabajos forzados. El ghetto se había transformado en un infierno; los hombres tratados como bestias. Cada uno se encuentra a un solo paso de la deportación; se caza a las personas en las calles, como si se tratase de animales en la selva.


Las deportaciones a Treblinka se suspendieron entre octubre de 1942 y enero de 1943; pero ahora los combatientes clandestinos sabían que el encuentro decisivo era, tan sólo, una cuestión de tiempo. Habían adquirido armas con la ayuda de agentes que entraban y salían, furtivamente del ghetto, a lo largo del alcantarillado. Así se constituyeron y adiestraron veintidós grupos de guerrilleros.
El primer encuentro armado se produjo el 18 de enero, nueve días después de haber visitado Himmler el ghetto y de ordenar la reanudación de las deportaciones. Después de cuatro días de lucha, las SS, que se habían dispuesto a cercar a los últimos 60.000 ó 70.000 judíos que aún permanecían en el ghetto, se retiraron. Las fuerzas de Anielewicz habían superado el bautismo de fuego; ahora, todo estaba dispuesto para la insurrección.


El 16 de febrero, a fin de mitigar la creciente resistencia de los judíos a las deportaciones, Himmler ordenó que el ghetto fuera destruido. Con la conducción del teniente general Jürgen Stropp, en la madrugada del 19 de abril, víspera de la Pascua judía, el ghetto fue cercado. La organización judía de combate declaró entonces el estado de alarma. Poco después, las SS hicieron su aparición.


Con gran estupor, los alemanes fueron rechazados, en su primera tentativa de penetración, por un nutrido fuego, con armas de pequeño calibre, granadas y bombas caseras. Un carro de combate fue incendiado por un grupo de veinte personas -hombres, mujeres y niños- por lo que los alemanes tuvieron que retirarse. En la resistencia reinaba un ambiente de gran alegría. Al fin, en las calles de Varsovia desde luego, que no podrían vencer; pero estaban decididos a vender caras sus vidas.
Pasadas las primeras dos semanas, el General Stropp se dio cuenta de que resultaría cada vez más difícil vencer a estos valientes. La resistencia opuesta por los judíos, ayudados por un puñado de guerrilleros polacos, que los apoyaban desde el exterior del muro, era tan eficaz, que Stropp debía mantener en acción a sus patrullas de asalto las veinticuatro horas del día. Por esa razón, Himmler empezó a revelar cierta impaciencia, por lo que Stropp se vio obligado a adoptar una política de destrucción total.


Uno tras otro, los edificios que albergaban a los combatientes fueron sistemáticamente evacuados y a continuación incendiados. La vida también se hizo aún más dura en las cloacas, donde se escondían muchos judíos, sobre todo después de las tentativas de los alemanes de ahogarlos allí mismo. Gradualmente, los bunkers fueron barridos y destruidos por los ingenieros de la Wehrmacht, que empleaban bombas lacrimógenas y explosivos.


Tras la dura batalla que tuvo lugar el 8 de mayo, Mordejai Anielewicz y el comando supremo de la resistencia se hallaban en el búnker de la calle Mila 18. Durante dos horas, los alemanes, que habían rodeado las cinco entradas, combatieron con armas y gases para minar la resistencia. Mordejai luchó hasta que sus fuerzas cedieron, asfixiado por los gases. A fin de no caer vivos, la consigna fue el suicidio.


Cuando finalmente ingresaron los alemanes, sólo hallaron 80 combatientes muertos, incluyendo a Mordejai Anielewicz.


En el campo artístico, el levantamiento del gueto fue recreado en varias oportunidades por diversas disciplinas. Tal vez, la representación más difundida de aquella gesta se puede ver en la película El Pianista (2002), donde el protagonista Władysław Szpilman, interpretado por el actor Adrien Brody, escapa del gueto al iniciarse el levantamiento, pudiendo éste observar cómo sus compañeros son ejecutados; también en la película «Rebelión en Polonia – Sublevación en el gueto» (TV) (Uprising) (2001) de Jon Avnet, protagonizada por Leelee Sobieski, David Schwimmer, Hank Azaria, Donald Sutherland, Jon Voight y Cary Elwes, que se centra en las deportaciones a Treblinka y en la lucha armada de los judíos del gueto. En el ámbito de la música, el grupo sueco de power metal Sabaton incluyó en su disco del 2010, «Coat of Arms», una canción titulada Uprising, referente al levantamiento del gueto de Varsovia.


Transcurrieron más de siete décadas desde ocurrida la epopeya protagonizada por aquellos valientes. Fueron vencidos a causa de la superioridad militar nazi, pero sus ansias de libertad no pudieron ser derrotadas, sino que resurgen en la lucha de cada ser humano en aras de su dignidad. 
El levantamiento quedó instalado en la memoria colectiva como una de las formas de resistencia contra la opresión, la intolerancia y la defensa de la dignidad humana y un símbolo de la libertad.
El recuerdo del Holocausto en el que fueron asesinados cerca de seis millones de judíos y de las causas del levantamiento del ghetto de Varsovia significan mantener viva la memoria de los horrores que puedan generar la intolerancia y el racismo.


Lo propio ocurre con muchos otros episodios de la historia de la humanidad, particularmente en el siglo XX, en los que se incurrió en genocidio, otras formas de exterminio sistemático de pueblos a personas por razones de raza, religión nacionalidad o, simplemente, ideas.
Los acontecimientos que se desarrollaron durante la última dictadura militar en nuestro país y otros correspondientes a la actualidad internacional demuestran que la intolerancia persiste como una amenaza para las sociedades democráticas; 


Resulta de extrema relevancia el desarrollo de acciones tendientes para que los miembros de la comunidad educativa asuman la conciencia de su responsabilidad individual en la defensa de los valores que sustentan la vida en democracia y en convivencia pacífica con pleno respeto a la diversidad cultural.
Por todo lo expuesto anteriormente solicitamos a este cuerpo nos acompañe con el presente proyecto de declaración.

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here