Diana Wang: cómo enseñar el Bien. Por Carola Birgin

Diana Wang tuvo tres vidas. La primera duró solo tres años y transcurrió en Polonia, su país natal. Nació en medio de la guerra, sus padres sobrevivieron escondidos -en silencio para no ser descubiertos- y luego huyeron hacia Argentina. Diana vino siendo una niña pequeña; desde entonces y hasta que tuvo 50 años fue una determinada mujer, pero en las últimas dos décadas fue otra.

La transformación ocurrió abruptamente el 18 de julio de 1994. Estaba en su consultorio psicológico, en una sesión, e hizo lo que nunca: atendió el teléfono. Su madre, llorando, le pidió perdón: «Yo no sabía, creía que iba a estar todo bien acá. No quería hacerte sufrir. ¡Nos quieren matar otra vez!». Había estallado la bomba en la AMIA. «¿Nos quieren matar otra vez?», se repetía Diana perpleja tratando de entender. Descifró que «nosotros» refería a los judíos; «otra vez» era el regreso del Holocausto, donde ya los habían matado. Esas cinco palabras le dieron una nueva categoría de identidad. Siente que desde ese día se convirtió realmente en judía; antes, no celebraba las fiestas ni había criado a sus hijos en el marco de actividades de la comunidad, y a partir de ese momento, se asumió a sí misma como descendiente de sobrevivientes del Holocausto. Estas dos señas, que estaban pero habían pasado casi inadvertidas, se instauraron como pilares esenciales de su ser. Y empezó otra existencia.

JUDÍA E HIJA DE SOBREVIVIENTES

Hace siete años, Diana Wang tuvo una idea brillante. Fue durante una semana dura: en muy pocos días, murieron cinco sobrevivientes del Holocausto; personas que habían migrado hacía setenta años y ya eran ancianas. Miró a su alrededor y entendió que faltaba poco tiempo para que no quedara ni uno vivo. Al dolor por la pérdida de seres queridos se sumó la desesperación, porque con ellos se iría la historia, la que vieron con sus propios ojos, la que protagonizaron. «Hay distintos medios para llegar a la gente con un hecho histórico -explica Wang-: dar una clase, ver una película, leer un libro. Todo suma. Pero si quien cuenta los sucesos es quien estuvo ahí, la energía del receptor cambia. Cuando viene del actor o el testigo, el relato trae su emoción, impacta, y genera otra en quien lo escucha, lo convierte en un nuevo testigo». La transmisión presencial mantiene viva la historia.

Cuando los testigos del Holocausto empezaron a morir, ella pensó en Farenheit 451, esa obra de Ray Bradbury en la que, para salvar los libros de la quema de ejemplares, cada persona memoriza uno. Se le ocurrió que un joven podría conservar el relato de un anciano y darle una nueva existencia. Así, creó el Proyecto Aprendiz y lo desarrolló junto con su equipo de la Asociación Generaciones de la Shoá en Argentina. El programa consiste en capacitar a una persona joven -aprendiz- y vincularla con un sobreviviente -maestro-. Comparten la historia y quien aprende se compromete a seguir contándola con la emoción con que la recibió. Ya hay 110 aprendices que mantienen viva la historia y 110 duplas intergeneracionales en las que se consolidaron lazos entrañables. «Con este proyecto inventamos una herramienta preciosa que podría usarse en otros casos: para la memoria de los pueblos originarios, con sobrevivientes de la trata de personas, de la dictadura militar, de Malvinas.», desliza y propone.

¿PARA QUÉ RECORDAR?

Para Diana Wang, guardar la memoria es un lugar común que no tiene sentido. Tampoco considera necesario evocar dolor para honrar a los que lo padecieron en carne propia. «La experiencia debe ser vital, no depre», afirma. Está convencida de que las historias sirven cuando pueden ser usadas y de que recordar es útil para aprender.Diana Wang sueña con enseñar el Bien. Porque hay un Mal, con mayúscula, que no es el mal que se hace de una persona a otra sino que es un Mal impersonal, el que se hace por obediencia a un sistema, a alguien desconocido. «Honestamente, no creo que el Proyecto Aprendiz sea capaz de revertir el Mal. Pero me satisface hacerme la ilusión de que tal vez acciones como ésta sirvan para generar un alerta más, para que las sociedades podamos defendernos mejor del Mal con mayúscula». .

¿QUERÉS SER APRENDIZ?

Si tenés entre 20 y 35 años podés participar del proyecto. Quedan pocos sobrevivientes pero hay muchas maneras de colaborar. www.generaciones-shoa.org.ar

Por Carola Birgin | Para Revista OHLALÁ!

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here