Martin Amis: «Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto»

Martin Amis abre la puerta de su casa en Brooklyn con cara de decepción. Su decepción tiene que ver esta vez con el tenis: «Serena ha perdido», son las primeras palabras que arrastra en el recibidor. Amis publica a finales de este mes en español La Zona de Interés (Anagrama), una novela en la que vuelve a tratar el Holocausto y cuyo tono satírico levantó una polvareda de críticas al editarse hace un año. ¿Se puede hacer sátira del horror? Varios ejemplares del último libro con el que ha osado hacerlo, en distintos idiomas, se encuentran repartidos por la casa, pero sobre la mesa de la cocina reposa Cartas a Véra, de Vladimir Nabokov, que está releyendo. Amis se muestra poco inclinado a frecuentar a los autores vivos.

-Es sentido común. Leer a escritores jóvenes o más jóvenes que yo no es una forma eficiente de usar el tiempo de lectura. Sólo leo a mis amigos: Zadie Smith, Will Self… Pero no porque sean jóvenes. El modo de juzgar el valor de una novela, un cuadro o un poema es cuánto perdura. El único juez de una obra es el tiempo. Si un libro perdura un siglo, probablemente es bueno; si dura 10 años, no demasiado. Así que suelo leer obras de autores muertos porque sus obras han sobrevivido, mientras que leer la novela de un autor de 25 años es una apuesta? Y no muy sensata.

-Las novelas empiezan muchas veces simplemente con una imagen y cuando la tienes, sabes que tienes una pieza de ficción que contar, y yo vi una escena de amor a primera vista contra este contexto terrible. El amor por la mujer lo hace más valiente y se convierte en un salvador. El amor te hace más idealista. Pero al final fracasa, se queda en una decepción romántica, porque los regímenes totalitarios hacen muy difícil que la gente ame. Hay demasiada muerte, que es lo opuesto al amor, como el odio; por eso el amor debe acabar en decepción.

-Diría que no, rotundamente. Uno de los grandes misterios de Hitler, a diferencia de Stalin o Mao, es que ni siquiera sabemos si tuvo sexo en su vida. Hay teorías que dicen que era normal, quienes dicen que era completamente asexual y quien dice que era un pervertido. Pero yo me inclino a pensar que era alguien sin sexo. Es imposible imaginarlo haciendo el amor con Eva Braun y luego fumando un cigarrillo en la cama… Imposible.

-¿Por qué Smzül, el personaje judío, tiene el relato más breve?

-Porque es difícil escribir sobre una víctima. Ésta es mi segunda novela sobre el Holocausto y en la primera no miré a las víctimas, excepto desde la distancia, y siempre supe que sería difícil. Pero en el ínterin entre 1999 y ahora me casé con una mujer que es judía y cuya familia sufrió el Holocausto. Y nuestras hijas son medio judías. Ahora me siento una parte de eso; ya no veo a las víctimas como tan lejanas a mí.

-¿Le han afectado las polémicas que algunos de sus libros han creado en los últimos años? ¿Se ha censurado?

-No, espero que no. La mayor fuerza de nuestras vidas es ir hacia una mayor democracia, social y cultural. No se puede ser consciente de eso cuando se escribe, aunque cuando considero mis primeras novelas todavía me digo a mí mismo: «Mierda, cómo dije eso». Porque es ofensivo. Pero diría que eso tiene mucho que ver con ser joven, estúpido y valiente. Ahora digo todavía lo que quiero. Desde luego, no es que me pliegue a las visiones religiosas de la gente, nada de eso, pero, a lo mejor, soy un poco más cuidadoso en a quién ofendo.

-Y para qué, probablemente.

-Sí, cuál es el objetivo. Pero creo que es un tema muy importante la autocensura en marcha, muy importante cuando tiene que ver con el islam, porque la gente tiene miedo.

-¿El ataque a Charlie Hebdo ha cerrado la puerta a reírse de lo sagrado?

-No creo. O espero que no, porque sería una terrible victoria para el extremismo, pero cinco días después la revista publicó un nuevo número con Mahoma en la portada.

-Pero dijeron que no lo volverán a hacer.

-¿Dijeron eso? Cualquier representación de la forma humana es considerada una blasfemia en el islam y cualquier representación del profeta también; eso no me parece una gran pérdida, pero sí es una gran pérdida en términos de libertad de expresión.

-¿Debería el humor tener límites?

-No. Tampoco sería completamente permisivo con todo. Cualquier tema que escojas implica responsabilidades especiales y el Holocausto quizá implique más que ningún otro tema. Pero son las responsabilidades que afrontas en cada página que escribes; debes encontrar el tono adecuado. Es algo como el decoro, que no significa cortesía, sino un lenguaje apropiado para cada acontecimiento.

-El mal absoluto parece presente en buena parte de su obra. ¿Cree que es uno de los grandes temas de nuestro tiempo?

-No me gusta demasiado el concepto de «el mal», lo veo demasiado teológico; preferiría la palabra «crueldad» o «maldad». Pero sí, es algo que sigue apareciendo todo el tiempo bajo distintas formas. Ahora una organización terrorista exalta su crueldad y no dice eso habitual de «lamentamos tener que matar a esta gente, pero es necesario hacerlo». No, éstos están orgullosos de matar civiles yde esclavizar a chicas, de las violaciones en masa… Es definitivamente una nueva declinación de la maldad y ven una justificación religiosa en ello.

-Cuando mira lo que ocurre en Siria, ¿piensa que cada época tiene su propio mal absoluto?

-Estado Islámico es una nueva manifestación, una nueva evolución del mal, pero quizás es demasiado decir que es otra cosa. Es una forma de nihilismo; siempre es nihilismo, nazis, bolcheviques, Estado Islámico.

Fuente : El País/ La Nación

Autor: Amanda Mars

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