“El hijo de Saul”: El Holocausto, como nunca antes

¿Cómo se encuentra una perspectiva nueva del Holocausto? En su primera película, El hijo de Saul, el director húngaro László Nemes eligió describir la enormidad a través de lo específico. Durante la mayor parte de los 107 minutos de la película, la cámara permanece fija en la cara de un detenido en Auschwitz, mientras corre por el campo de la muerte tratando de enterrar el cadáver de un muchacho que piensa que es su hijo.

La película ganó el segundo premio en el Festival de Cannes, algo raro para un director de opera prima, y despertó una intensa polémica entre los críticos sobre las implicancias morales de las elecciones estéticas de Nemes. La película es el centinela húngaro en la carrera al Oscar como película extranjera, donde ganó su lugar después de las fuertes recepciones en los festivales de Toronto y Nueva York.

Nemes, cuyos abuelos perdieron a integrantes de su familia en Auschwitz, afirmó que se sentía frustrado con las representaciones de Hollywood sobre el Holocausto, a menudo sensibleras, con su insistencia en encontrar historias edificantes y héroes -sólo destacó a laLa lista de Schindler, de Spielberg, como excepción-, y dijo que quiso hacer algo nuevo.

“Definitivamente tratamos de ampliar la gramática del lenguaje de las películas con este filme,” dice Nemes, de 38 años, en una charla por Skype desde su casa en Budapest. “No da por sentado el lenguaje existente y aceptado.” En cambio, Nemes dice que quiere ir contra el didacticismo reduccionista de la televisión, que le parece generalizado, y utilizar la película para explorar la ambigüedad. Hoy, dijo, hay una tendencia a “asegurarse de que el público comprenda todo y todo el tiempo, entonces, eso significa que no hay más recorrido para el público, nada está oculto, todo se explica.” Y agregó: “No hay nada mágico al respecto”.

El hijo de Saul fue filmada en tomas prolongadas y sin descanso, sin banda de sonido, además de la cacofonía sombría de un campo de concentración -el golpe de las puertas, el examen cuidadoso de las posesiones- y está ambientada durante el transcurso de un día y medio en octubre de 1944. Es el seguimiento de Saul Auslander, un integrante húngaro del Sonderkommando -los judíos obligados a enterrar los restos humanos de las cámaras de gas-, mientras trata de rescatar el cadáver de un joven del destino de los hornos.

Nemes escribió el guión con Clara Royer, una novelista francesa, después de repasar una colección de testimonios de integrantes del Sonderkommando.

La película juega con el rostro de Saul Auslander, una actuación del debutante Geza Rohrig, un poeta  húngaro a quien Nemes conoció mientras estudiaba en la escuela de cine de la Universidad de Nueva York. Durante los 28 días de filmación, lo tuvo a Rohrig ensayando horas antes de las tomas de filmación, de tres a cuatro minutos cada una, con una cámara de 35 mm colocada a aproximadamente 50 centímeros de su rostro.

“Tenía que estar súper enfocado, porque cada pequeño cambio importaba”, dijo Rohrig. “Como en la superficie del agua, aun cuando  uno la sopla, inmediatamente se ve, muestra todo”.

Rohrig, de 48 años, quien se tomó licencia de sus estudios de enseñanza judía para promocionar la película, es voluntario de una sociedad fúnebre judía. Pasó meses visitando Auschwitz cuando era estudiante en Polonia en los ‘80, y escribió un libro de poemas sobre el tema. Dijo que consideraba al Sonderkommando como víctimas, no verdugos, y agregó que eran los únicos judíos en el campo que comprendían que enfrentaban la muerte certera y que su accionar tenía que reflejar ese conocimiento.

“No podía ser como un pavo real  y mostrar todas mis plumas,” dijo Rohrig. “Tenía que ser esa persona robótica y zombie muerta en vida, y por otro lado, no me podía convertir en aburrido, por eso, tenía que compensar con la insistencia, la intensidad.” Nemes explicó que su objetivo había sido reducir el alcance de la película para captar la amplitud del Holocausto. “Porque tiene lugar más en la imaginación que en la pantalla”, dijo en una conversación en París. “Mientras que cuando lo ves frontalmente, sólo reduces el alcance. Por eso, reducirlo realmente lo agranda.” El hijo de Saul tuvo el elogio de Claude Lanzmann, con cuyo documental de 1985, Shoah, Nemes se había criado, y quien en 1994 escribió sobre La lista de Schindler y dijo que el Holocausto no era “representable” en la ficción.

Lanzmann, de 90 años, dio su bendición a El hijo de Saul y a Nemes. “Creo que es una película muy novedosa, muy original, muy inusual -dijo-. Da un sentido muy real de lo que fue estar en el Sonderkommando”, agregó. “No es para nada melodramática. Está hecha con una modestia muy grande.” Otros intelectuales franceses  hicieron sus comentarios. El filósofo Georges Didi-Huberman escribió una carta de 25 páginas a Nemes, que fue publicada como un librillo. Comienza así:  “Su película, El hijo de Saul, es un monstruo. Un monstruo necesario, coherente, beneficioso e inocente”.

En Hungría la película fue bien recibida por los críticos y vendió 100.000 entradas, un récord para una película independiente en ese país. Nemes afirmó que esperaba que más gente hubiera visto su película. “En Hungría 100.000 espectadores es mucho para una película húngara, pero ¿por qué no fueron 500.000 personas o un millón, si Auschwitz es el cementerio húngaro más grande?”, se pregunta.

Nemes quería que la película tuviera impacto, aunque dijo que  no podía haber vaticinado su éxito. “Espero que se quede con la gente, para que se transforme en algo personal,” pidió. “La gente tiene que proyectarse en esta película.”

 

 

Fuente: Clarín

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