Mi abuelo no era nazi. Por Eduardo Chernizki

Es común escuchar, cuando se habla del accionar de los diversos grupos neonazis en Alemania, que alguien pregunte ¿cómo es posible que eso ocurra en un país que no solo penaliza la difusión de la ideología nacionalsocialista, sino que incluye programas de estudio sobre las atrocidades llevadas a cabo por las huestes hitleriana?

“Mi abuelo no era nazi. El nacionalsocialismo y el Holocausto en la memoria familiar”, brinda una posible respuesta por lo menos en cual puede ser uno de los aspectos del fortalecimiento de los grupos neonazis en Alemania. Lo hace al analizar como cuentan su historia el abuelo – que fue partícipe de la Segunda Guerra Mundial o por lo menos contemporáneo al nazismo – y luego la refieren sus hijos y nietos, de una investigación que abarcó a 40 grupos de familias alemanas, a los que se les efectuó entrevistas en conjunto y también individuales

“Mi abuelo no era nazi” es un texto escrito por Harald Welzer, Sabine Moller y Karoline Tschuggnall, editado en la colección Estudio sobre Genocidios de Prometeo Libros en conjunto con EDUNTREF, la Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, publicado originalmente en Frankfurt am Maim, Alemania, en el año 2002, con  el título “Opa war kein nazi” [mi abuelo no era un nazi]

en el cual sus autores aclaran que no se interpreta lo que los entrevistados dicen pues lo importante es lo que dicen, como lo hacen, llenando los hijos y/o nietos los vacios que existen  en el relato original

La integración de los 40 grupos familiares están compuesto por 30  que luego de la Segunda Guerra Mundial  vivieron en la Republica Federal de Alemania y las 10 restantes en la República Democrática Alemana, antes de la caída del Muro de Berlín y la reunificación del país, diferenciación relevante debido a como cada uno de ambos países incluía en sus planes de estudio lo acontecido durante el nazismo y las causas que le permitieron acceder al poder.

Daniel Feierstein, un especialista en genocidios reconocido mundialmente y director de la colección “Estudio sobre Genocidios”, inicia el Prologo de esta obra afirmando “El libro que aquí se publica conmocionó a la opinión pública en el momento de su aparición (…) Ya desde su título Opa war kein nazi. El abuelo no era/fue nazi) se instala en el legado de la responsabilidad personal por los hechos ocurridos durante el nazismo y en la capacidad (o incapacidad) de los sucesores por hacer algo con las vivencias y las memorias de los contemporáneos al genocidio”.

A lo largo de los ocho capítulos que conforman Mi abuelo no era nazi” se demuestra la existencia de “lazos de lealtad” entre los miembros de cada grupo familiar que modifican el contenido del relato original a fin de evitar, fuera de alguna excepción, que se identifique al abuelo como partidario del nazismo, considerando que si fue miembro de las fuerzas armadas alemanas o afiliado al partido nazi lo hizo por obligación o necesidad, recontextualizando los relatos, lo que “tiene la funcionalidad de mostrar a los abuelos como personas moralmente integras, bajo la luz de las valoraciones normativas actuales (págs.. 69/70).

Otra manera en que los hijos y nietos expresaron los “lazos de lealtad” es mediante lo que los autores denominan “proceso de heroización” sosteniendo que vivían en constante peligro, que en ciertos casos también son considerados víctimas o resistentes de los nazis o sus órdenes, poniendo sus vidas en peligro.

Cuando se refieren a considerarlos víctimas el texto plantea que en muchos de los casos se asemeja a las historias de persecución y aniquilamiento de los judíos, narrados tanto en libros de historia como en los testimonios de los sobrevivientes de la Shoá.

Otro de los aspectos que se resaltan, especialmente en los hijos y los nietos es que consideran como verdaderas las historias cinematográficas de ficción, ubicando los hechos que protagonizó el “abuelo” de manera similar a los narrados en la filmografía de décadas posteriores a la contienda bélica.

A lo largo del texto casi no existen referencias a la Shoá, el genocidio perpetrado contra los judíos, a quienes algunos de los entrevistados consideran “extranjeros” lo que genera vacíos en el relato pues “las palabras vacías deben ser consideradas como un aspecto interesante ya que constituyen un mecanismo de transmisión inter generacional cuya eficacia consiste justamente en su modo de trasmitir inconscientemente, contradictorio y vago, pues ofrece espacios vacíos a ser llenados con los contenidos e imágenes que mejor se adaptan a las necesidades de los/las oyentes. Las palabras ‘vacías’ abren un espacio muy amplio el cual permite atribuirle al narrado la intención y la opinión que el oyente quisiese atribuirle desde su propia perspectiva” (pág. 188).

A lo largo de todo el texto que estamos comentando surge claramente que los relatos familiares se contradicen con los que se enseña en las escuelas y universidades, al igual que lo que se informa en los medios de comunicación, afectando especialmente a la joven generación de los grupos familiares entrevistados, que al considerar a sus ancestros personas moralmente éticas los idealizan.

Si esta investigación, pese a lo exiguo de los casos, sólo 40 grupos familiares, es una muestra de los que está ocurriendo en un porcentaje importante de los grupos familiares alemanes cuyos abuelos participaron de la Segunda Guerra Mundial o por lo menos contemporáneo al nazismo, puede explicar – como decimo más arriba – uno de los aspectos que permitan comprender el fortalecimiento de los grupos neonazis en Alemania.

Finalmente debemos decir que consideramos que este texto, “Mi abuelo no era nazi. El nacionalsocialismo y el Holocausto en la memoria familiar”, debe ser leído y analizado por todos aquellos interesados en el estudio de los genocidios, y lógicamente de la Shoá.

Licenciado Eduardo Alberto Chernizki
chernizki

1 COMENTARIO

  1. Para asesinar a judíos y comunistas, no era necesario ser afiliado al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (nazi), encontraron a muchos alemanes demasiado mayores para servir en el ejercito, pero aptos para asesinar gente indefensa, ver la historia del Batallón 101 en el libro Aquellos Hombres Grises de Christopher R. Browning

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