El vodka kosher de Trump que aún se vende en Israel

Cual tesoro a conseguir, Techelet (‘Celeste’, en hebreo) Hazony, entró esta semana en la bodega Agripas, situada en la calle del mismo nombre del oeste de Jerusalén, para cumplir con el encargo de un amigo que organizaba una fiesta este sábado con la que celebrar la investidura del nuevo presidente de Estados Unidos. «¿Tiene vodka Trump?», le preguntó en hebreo al tendero, Rami Malah, un palestino de Jerusalén Este. «No, no me queda», respondió él. «Vaya, ¡qué lástima!», espetó la israelí. «Mi amigo hasta me había mandado una foto de la botella por whatsapp para que pudiera identificarla», añadió la joven apesadumbrada.

Techelet había preguntado en otras tiendas de la zona sin mucha suerte, pero confiaba en encontrarla en esta, una de las licorerías más concurridas del área más comercial en este lado de la ciudad, conocida por albergar el mercado Mahane Yehuda (conocido como Shuk). «Solemos tenerlas en Pésaj (la Pascua judía), pero ahora no me queda ninguna», añade el vendedor, quien al poco afirma no sentir ninguna simpatía por el magnate norteamericano, hoy ya presidente. «¡Abajo Trump!», exclama Malah con los pulgares hacia abajo. «De hecho, le digo, cuando ha venido alguien preguntado por su vodka yo digo que es muy malo y ofrezco otro», bromea sonriente el palestino.

Vendido en esta licorería a un precio de 55 shequels (unos 13 euros aproximadamente) cuando la botella es pequeña y a 75 (unos 18 euros) cuando se trata de la grande, el vodka Trump llegó a Israel en 2006, un año después de empezar a comercializarse en Estados Unidos una vez que Donald Trump -un abstemio declarado tras la muerte por alcoholismo de su hermano menor Fred Trump Jr- decidiera fabricar vodka como nuevo modelo de negocio. Una espirituoso ‘premium’, según se lee en la botella, distribuido con su nombre y bajo eslóganes comerciales tales como «El éxito destilado» o «El vodka que inspira el mismo respeto y fascinación que el legado internacional y marca del propio Donald Trump».

Pero, a pesar de las prometedoras consignas, la distribución del vodka Trump terminó en un nuevo fracaso para el norteamericano, como ya le sucediera con la Universidad auspiciada por él -también con su nombre- las aerolíneas, una revista o hasta sus propios filetes Trump. Así se lo recordaron algunos de sus oponentes durante las primarias republicanas el pasado año.

Rivales políticos como el mormón Mitt Romney, quien ya perdiera frente a Barack Obama en las elecciones presidenciales de 2009, y quien quedaría después relegado en la carrera por ocupar la Secretaria de Estado por el recién investido presidente, dijo entonces: «está claro que no es un genio en los negocios». Donald Trump no olvidó este desplante dialéctico porque Romney, que se postuló para el cargo visitando varias veces la torre Trump en Nueva York, fue finalmente descartado por el magnate para formar parte de sus 17 «elegidos» como miembros del nuevo gabinete estadounidense.

NEGOCIO FALLIDO EN ESTADOS UNIDOS

El acuerdo que había firmado el conglomerado de empresas de Donald Trump –The Trump Organization– con la distribuidora Drinks America en 2005 para promocionar una nueva bebida alcohólica que, según el actual presidente, se convertiría en el cocktail más consumido de Estados Unidos –bajo el nombre de Trump & Tonic (T&T)– se fue al traste siete años después. Y todo a pesar del pacto que Drinks America había firmado, a los dos años del lanzamiento de su nuevo vodka, con empresas rusas para vender 50.000 cajas anuales en territorio de la antigua Unión Soviética.

Pero producir el vodka Trump resultó ser poco rentable para sus productores. De hecho, en 2011 dejó de comercializarse bajo el nombre del magnate. Entre las razones que entonces ofrecieron las partes se encontraban la falta de rentabilidad (tanto para Trump como para la distribuidora encargada de la comercialización de la bebida), dado que era difícil vender un producto en el que su principal promotor era una abstemio declarado -son públicas las declaraciones del neoyorquino acerca de lo dañino que es el alcohol, «más que el propio tabaco», según sus propias palabras– o lo caro que resultaba el proceso de embotellado, tanto por la etiqueta dorada que forra las botellas de vodka, como el cristal del que están hechas, el cual salía demasiado caro para ser producido en grandes cantidades.

En este contexto, la simbiosis entre Drinks America y las empresas de Donald Trump terminó como el rosario de la aurora hace algo más de cinco años. Los ejecutivos de la distribuidora terminaron demandado al conglomerado del neoyorquino por impagos, mientras que éste, a su vez, les llevó a juicio por no haber ingresado las regalías correspondientes por el uso de su nombre en la comercialización del vodka. Finalmente, el caso fue sobreseído en los tribunales estadounidenses competentes por falta de jurisdicción en la materia del litigio, según fue publicado entonces por varios medios estadounidenses.

ÉXITO EN ISRAEL

Pero si el vodka Trump dejó de venderse en Estados Unidos hace más de cinco años tras una sucesión de desencuentros entre su ‘ideador’ y las empresas que lo posicionaron en el mercado, en Israel aún es posible encontrarlo en las estanterías de bodegas y licorerías, como en la de la calle jerosolimitana de Agripas.

El vodka de botella dorada sigue siendo popular en Israel por estar fabricado no a partir de la fermentación de granos, sino de la planta de la patata, lo que hace su consumo apto para los judíos observantes durante la celebración de las fiestas judías como el Pésaj (Pascua), en las que está prohibido el consumo de cualquier alimento hecho a partir de levadura. «De hecho, es el único vodka que consumen los religiosos durante estas fiestas», señala Rami Malah, de la licorería Agripas.

Sin embargo, el hecho de que para la fabricación del vodka Trump en Israel sus productores partan de la patata y no del trigo (del cual se extraía el vodka original, destilado varias veces en Holanda, según rezaba la publicidad original diseñada por las empresas del magnate norteamericano), fue una idea de la productora local H. Pixel International, para así hacerlo apto para el consumo de los judíos observantes. Según la publicación económica israelí Globes, Donald Trump fue avisado por un empleado suyo, que viajó a Israel en 2011, de que en este país se vendía una bebida similar –pero de patata– que se aprovechaba de la imagen del magnate para su mejor comercialización.

Tras la correspondiente demanda interpuesta por los abogados de Donald Trump los tribunales determinaron que se trataba de un malentendido, pues H. Pixel disponía de una licencia de importación de bebidas alcohólicas estadounidenses. A partir de ahí, el consejero delegado de la empresa israelí, Avi Eliyahu, llegó a un acuerdo económico con Trump para seguir fabricando el vodka de patata bajo la marca que llevaba su nombre, e importarlo en exclusiva tanto a Israel como a los territorios controlados por la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Pero aunque las botellas en cuestión incorporan sellos de otro Rabinato extranjero, que certifica que el producto es kosher (acorde con la ley judía o Halajá), para que su importación sea completamente legal en Israel los envases deben tener una segunda etiqueta de la división de importaciones del Gran Rabinato, la cual es responsable de vigilar que los productos aprobados por las autoridades rabínicas extranjeras cumplan con los exigentes requisitos de las locales.

Una etiqueta que no es fácil de conseguir –lo que ha sido denunciado por algunos importadores locales que acusan al Rabinato de favorecer a determinadas empresas a cambio de compensaciones económicas- y que no figuraba en varios lotes importados del vodka Trump en 2011, lo que llevó a su retirada de las licorerías.

Así pues, varios años después de firmar el contrato con Trump, H. Pixel dejó de comercializar en el país el espirituoso sin que los responsables de la empresa israelí que rubricó el acuerdo con el magnate norteamericano hayan querido explicar los motivos que llevaron a su rescisión final. Sin embargo, en algún estante de tiendas jerosolimitanas o israelíes, aún es posible encontrar botellas sueltas, que alguna vez formaron parte de producciones anteriores. Botellas como la que fue a buscar, sin suerte esta vez, la joven israelí Techelet Hazony para celebrar, junto a sus amigos religiosos, la investidura del presidente «que más gusta en Israel», según afirmó el día que la periodista de este diario la encontró en la calle Agripas.

Quien sabe si la familia Trump, una vez que el norteamericano ya ha sido investido presidente de Estados Unidos -lo que le ha obligado a desligarse, al menos formalmente, de sus negocios como empresario-, retome la comercialización del vodka en Israel, uno de los países donde, como en Rusia, más gusta y se consume.

Fuente: El Español

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