La administración Trump y los demócratas en el Congreso estadounidense no pueden concordar demasiado en estos días. Tuvimos un cierre gubernamental en Washington para probarlo. Pero hay al menos un área donde tanto los demócratas como el Presidente tienen un encuentro de pensamientos: combatir a Hezbollah.
En los últimos años, el Congreso ha aprobado nuevas medidas de sanciones que ofrecen al gobierno de Estados Unidos herramientas financieras poderosas para atacar a Hezbollah. Y ahora el Departamento de Justicia ha creado un nuevo Equipo de Financiación y Narcoterrorismo (reviviendo una fuerza de tareas que fue marginada durante la administración Obama) para atacar a Hezbollah. En resumen, ninguno de los activos globales de Hezbollahestá a salvo. Tampoco lo están los banqueros que facilitan su negocio global – ni en Líbano ni en ninguna otra parte.
La Ley de Prevención de Financiación Internacional a Hezbollah del 2015, aprobada en forma abrumadora por un Congreso bipartidista, toma como blanco el imperio global de narcóticos de Hezbollah, sus propiedades mediáticas, incluida la estación de televisión al-Manar, tanto como otras actividades ilícitas que financian mundialmente al grupo terrorista. El rasgo más importante de la ley: empodera a la administración para atacar a bancos extranjeros que hacen negocios con entidades que facilitan las actividades de Hezbollah y para quitarlos del sistema financiero estadounidense.
La segunda ley es el Acta de Enmiendas a la Prevención de Financiación Internacional de Hezbollah del 2017, la cual está haciendo su recorrido a través del Congreso con apoyo bipartidista igualmente fuerte. Fortalece a la ley del 2015 imponiendo sanciones obligatorias para la recaudación de fondos y actividades de reclutamiento relacionadas a Hezbollah. También requiere sanciones contra Estados, agencias e instrumentalidades extranjeras que apoyaron a sabiendas a Hezbollah. La ley también solicita información más extensiva sobre transacciones financieras con el grupo terrorista.
Este mes, Estados Unidos lanzó una nueva fuerza de tareas para examinar las operaciones extensas de tráfico de drogas y lavado de dinero de Hezbollah, luego de que un informe de investigación reveló que la administración Obama debilitó deliberadamente el “Proyecto Cassandra”, una campaña liderada por la Agencia de Prevención de Drogas (DEA), para ayudar a preservar el acuerdo nuclear del 2015 con Irán.
En Washington las revelaciones se han dirigido hacia las operaciones externas de Hezbollah en Latinoamérica. Pero el gobierno de Estados Unidos está igualmente preocupado con las operaciones de Hezbollah dentro de Líbano.
En el 2011, estuvo claro que los bancos libaneses pudieron desempeñar un rol descomunal en la financiación de Hezbollah. El Banco Canadiense Libanés (LCB) en el 2013 pagó un acuerdo de u$s102 millones cuando fue acusado con pruebas abrumadoras de que utilizó el sistema bancario estadounidense para lavar las ganancias del tráfico de drogas de Hezbollah a través de África Occidental y de regreso a Líbano.
¿Caer presa de Hezbollah?
Las preocupaciones del contagio de Hezbollah sólo han aumentado. Hezbollah mantiene un control sobre el sistema político de Líbano, y su influencia sigue creciendo. Al mismo tiempo, el grupo terrorista controla franjas de territorio en el Valle de Bekaa, al Sur de Líbano y el suburbio de Beirut de Dahiyeh. ¿Los bancos están sometidos allí a las regulaciones del Banco Central Libanés o a la influencia creciente de Hezbollah? De hecho, parece improbable que el BCL fuera el único banco en caer presa de Hezbollah.
Las reuniones que hemos tenido con los banqueros de Líbano sugieren que ellos no están preparados para abordar el problema en una forma proactiva. Ellos insisten en que los bancos son totalmente obedientes de las normas internacionales y que Hezbollah no ha explotado el sistema. Pero al mismo tiempo, los banqueros conceden fácilmente en que cuando el Tesoro de EE.UU. se aproxima a ellos con pruebas de la infiltración de Hezbollah, deben tomar acciones para borrar las cuentas o enfrentar la eliminación del sistema financiero global liderado por EE.UU.
Pero los banqueros y reguladores libaneses no están siendo proactivos. Ellos responden a los problemas cuando se ven obligados a hacerlo. Pero no están limpiando sus cuentas, buscando el dinero sucio de Hezbollah.
El sector bancario libanés debe tener política de tolerancia cero para la financiación del terror, lavado de dinero y otros delitos financieros. Los banqueros y reguladores tienen poca opción aparte de combatir el problema en forma activa si quieren asegurar el lugar del país en el sistema financiero global.
En los días y semanas que vienen, los banqueros y reguladores de Líbano deben esperar oír de los funcionarios estadounidenses acerca de dar pasos para inocular al sistema de la infiltración de Hezbollah. Esto incluye a bancos más grandes como Fransabank, Banque Libano-Française, Banco BSL, y Primer Banco Nacional. Pero puede incluir a algunos de los bancos más chicos también.
La campaña estadounidense para combatir la financiación global de Hezbollah está aumentando. Y no es sólo el renacimiento del “Proyecto Cassandra” para atacar las actividades del grupo en el Hemisferio Sur. Las actividades bancarias del grupo terrorista, especialmente en Líbano, ahora son de principal interés
*Jonathan Schanzer, ex analista de financiación de terrorismo en el Departamento del Tesoro de EE.UU., es vicepresidente principal en la Fundación para la Defensa de las Democracias. Mark Dubowitz es CEO de la Fundación para la Defensa de las Democracias y dirige el Centro de Sanciones y Financiación Ilícita de la misma.
Por Jonathan Schanzer y Mark Dubowitz
Vía Al-Arabiya

