El deporte, que es un factor de unión e intercambio pacífico de culturas, quedó rehén en esta circunstancia a raíz de la extorsión y la amenaza de quienes dicen defender sus derechos sin dudar en clamar venganza y prometer violencia contra aquellos que no comparten su perspectiva.
Los ciudadanos israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que agotaron en minutos las entradas disponibles para el partido, no tendrán la posibilidad de aportar su fervor y manifestarle su cariño y favoritismo a la Selección Argentina.
El deporte de nuestro país es el principal perjudicado por esta decisión, ya que sentará precedentes que se sostendrán en el tiempo: el del sometimiento al chantaje y el incumplimiento de obligaciones contraídas.
La Organización Sionista Argentina considera que la suspensión del partido es una derrota de la democracia, la paz y la convivencia y que nada tiene que ver con los valores que el deporte impulsa.

