Ilan Schnaider, el alumno de 9 años del Martín Buber que es número uno del ajedrez mundial

Ilan Schnaider- Ajedrez- Martín Buber
Ilan Schnaider- Ajedrez- Martín Buber

Vive en Palermo, es fanático de Boca, juega al fútbol, le encanta la matemática y es el campeón sudamericano y panamericano de su categoría. La historia de un apasionado por el “juego-ciencia”.

Como un pibe de 9 años cualquiera, la cuarentena encuentra a Ilan Schnaider entre la tarea para el colegio Martín Buber, implementada a distancia, y las videollamadas con sus amigos. Y en su caso, con el ajedrez on line.

Es que lo que para otros sería un pasatiempo más aprovechado en la era del aislamiento preventivo y obligatorio, para el rubiecito de Palermo es su pasión y -¿quién lo sabrá?- su trabajo en el futuro. Porque él es el mejor ajedrecista de su edad del mundo y acaba de superar la marca de los 2.000 puntos de ELO, el sistema con el que se construye el ranking mundial, gracias a sus buenos rendimientos en dos torneos.

Ilan Schnaider- Ajedrez- Martín Buber
Ilan Schnaider- Ajedrez- Martín Buber

“Me puse muy contento, claro. Las partidas pueden durar hasta cinco horas, pero lo más normal es que duren tres horas o tres horas y media. Igual, del tiempo no me di cuenta. Sólo pensé en las partidas. Había aprendido varias cosas al repasar las jugadas en las clases. Y me fue muy bien, pero ahora tengo que mantener esos puntos”, le cuenta a Clarín con esa mezcla de timidez y simpatía que lleva consigo como marca registrada.

El niño rey del tablero se despidió de sus 8 años el 8 de febrero después de otra buena actuación en el Abierto de Verano del Círculo de Villa Ballester jugado a fines de enero. En ese tradicional torneo, ganado por Lucas Liascovich -curiosamente, su entrenador- con 7,5 puntos en nueve rondas, él se despachó con 6 unidades por lo que sumó 79 puntos a su ranking y llegó a 1.973.

“En Ballester, en un torneo de jugadores de nivel medio, Ilan logró buenos resultados ante los de su mismo ranking. Los jugadores de mayor ranking lo superaron, pero perdió en el apuro de tiempo en dos finales de más de 80 jugadas. Tipos de 2.300 de ELO lo superaron después de tres horas y pico. No quedó mal en ninguna apertura y tácticamente demostró su caudal de visión”, analiza Liascovich desde su hogar.

Y la racha siguió. En la semifinal del Campeonato Argentino que se llevó con 7 unidades en el desempate el maestro internacional Kevin Paveto, logró 4,5 en nueve rondas, sumó 87 puntos para el ELO y llegó a los 2.060. En ese torneo les ganó a dos rivales de más de 2.000 puntos y entabló con dos de más de 2.100 y uno de 2.220 (Sergio Anino).
“La semifinal fue un torneo bueno en nivel y a Ilan le sirvió para acostumbrarse a jugadores de más edad, como siempre, pero sobre todo con un nivel bastante mayor al de él. Y salió adelante”, sostiene Liascovich.

Con esos 2.060 puntos lidera el ranking mundial entre los ajedrecistas que tienen no más de 9 años delante del turco Yagiz Kaan Erdogmus ( 1.955), el alemán Hussain Besou (1.875), el iraní Barad Yeganegi (1.863), el búlgaro Danail Popzafirov (1.811), el indio Jain Rosh (1.811) y el filipino John Lance Valenxia (1.810), los únicos que superaron la barrera de los 1.800.

Hace dos años acumulaba 1.478 puntos de ELO. El crecimiento fue notable y vino de la mano de actuaciones resonantes: fue subcampeón panamericano Sub 8 en Santiago, en julio de 2018; culminó 13° en el Mundial Sub 8 de Santiago de Compostela, en noviembre de ese año; se consagró campeón panamericano Sub 8 en Guayaquil, en julio; resultó octavo en el Mundial Sub 8 de Wifang, entre agosto y septiembre; y arrasó en diciembre en el Festival Sudamericano de la Juventud Sub 8 en el CeNARD, con 8,5 puntos en nueve rondas.
“Me gustan las partidas a tres minutos y a veces hago ejercicios de táctica –explica-. Los torneos on line me sirven para practicar aunque no es lo mismo que jugar frente al tablero porque ves las piezas de otra manera y tenés enfrente a tu rival”.
Que lo digan los rivales de Ilan Schnaider, que se sientan del otro lado de la mesa y ya saben que el envase por ahora es chico pero se dan cuenta de que el talento es grande. Vaya si es grande. ■

Clarín

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