Recuerdo de un encuentro judío internacional en Marruecos. Por Martha Wolff

Banderas de Israel, Marruecos y Estados Unidos, a metros del avión de El Al que despegó desde Tel Aviv hacia Rabat
Banderas de Israel, Marruecos y Estados Unidos, a metros del avión de El Al que despegó desde Tel Aviv hacia Rabat
El Al realizó su primer vuelo entre el Estado judío y el Reino de Marruecos el martes 22 de diciembre. El vuelo recibió el número LY555, con una mano hamsa como símbolo de buena suerte en ambos países. Decorado con las banderas de Marruecos, Israel y EEUU con el escrito de la palabra paz en esos tres idiomas.
El reino del norte de África ya estaba estableciendo relaciones diplomáticas con el Estado judío tras la decisión de Trump de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el disputado Sáhara Occidental.
De esta manera, Marruecos se convirtió en el cuarto país en anunciar sus planes para normalizar los lazos con Israel. A instancias de la administración norteamericana, siguiendo a los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán. Y quiero contar una experiencia judía que tuve en ese país hace dos décadas.
A su vez, para los que amamos el turismo en busca de la vida judía, también Marruecos ha sido un faro de atracción para conocerla en un país árabe. La primera vez que lo visité fue como turista y la segunda por una convocatoria internacional de askanim del Keren Hayesod auspiciada por el Rey Hassan II.
Eso fue como un cuento de las Mil y Una Noche. Desde la llegada a Casablanca y posterior recorrido, tanto para conocer los lugares árabes como judíos, los invitados a participar de ese evento estuvimos custodiados por el ejército por orden del Rey.
Desde ya, todo aquel que decidió como yo cruzar el Atlántico y llegar a territorio marroquí sabía que nos esperaban muchas expectativas fascinantes. Pero dentro de lo que conocimos tanto árabe como judío, lo que es inolvidable fue la invitación que recibimos del Ministro de Turismo Dr. Serge Berugo a su residencia.
¿Pero quién era él? Serge Berugo, judío marroquí, hispanófilo, presidente del Consejo de las Comunidades Judías de Marruecos, había sido nombrado por segunda vez en la historia de Marruecos a formar parte del Gobierno del Rey Hassan II. El monarca alauí siguiendo la tradición de su padre, el rey Mohamed V, fue protector de la comunidad hebrea tanto en la convivencia como en periodos de antisemitismo.
Por su parte, Berugo había sido propulsor del diálogo israelí-marroquí y mediador del encuentro histórico del primer ministro israelí Isaac Rabin con el rey Hassan II cuando se firmó en Washington los acuerdos de paz entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina.
También, fue el que terminó con los viajes clandestinos de los líderes israelíes a ese país. Y por suerte a partir de ahora tampoco habrá que viajar de Marruecos a París y de allí tomar El Al para ir a Israel como se debía hacer para que Marruecos conservara dentro del mundo árabe cierta neutralidad con respecto a los judíos que la visitaban.
Berdugo, al nombrar a Hassan II, mostró su contacto con la comunidad minoritaria judía de Marruecos y al consejero real para asuntos económicos a André Azulay, otro judío de Mogador en 1991.
Azulay, como Berdugo, trabajaron para el diálogo entre las comunidades árabes e israelíes. Y la comunidad judía agradeció a Hassan II su contribución a la reconciliación de ambas.
Ahora continúo contando que Serge Berugo fue el que nos invitó a todos nosotros a su residencia cuando nos convocó el Keren Hayesod.
Esa noche nos llevaron en camionetas hacia su casa. Nos fuimos adentrando en un bosque. Era una noche iluminada por una luna llena que se filtraba a través del follaje de palmeras. Estábamos custodiados por hombres vestidos de arcabuceros legendarios con sus trajes típicos, montados en caballos y disparando ráfagas de balas de humo indicando el camino.
Llegamos y nos recibió un inmenso jardín con una piscina. Estaba iluminada con faroles flotantes con velas y flores. Detrás estaba su palacio. Alrededor de la pileta había carpas y puestos con artesanos marroquíes. Había de café a la borra con sus servidores con túnicas y turbantes. Más allá tejedores de alfombra, un poco más lejos ceramistas con sus obras multicolores, orfebres de metal, orquestas que tocaban música con sus instrumentos típicos, bailarines y los mozos vestidos a la usanza antigua con trajes de raso, bordados, con chalecos, calzaban pantuflas y pantalones al estilo de las odaliscas.
Las mesas estaban servidas en fuentes enormes con exquisiteces en los que las mezclas desconocidas y decoradas de comidas con cereales, frutos secos, verduras y carnes. Eran una invitación más que a probarlas a saborearlas.
Siendo parte de tanto privilegio entre lo gourmant y lo costumbrista llegó el momento de los discursos. Habló el representante del Keren Hayesod dándonos la bienvenida, el trabajo comunitario que realizan y agradeciendo el voluntariado.
Luego habló el dueño de casa y bajo el cielo musulmán de Marrakesh, porción de un estado islámico, un judío marroquí contó su vida y dijo su padre se había ganado la vida vendiendo shmotes. Y esa palabra unificó a los judíos del mundo que estábamos bajo una sola bandera de identidad como hijos de la diáspora. Fue algo así como nada nuevo bajo el sol de los emigrados judíos por doquier ante las persecuciones para sobrevivir y ganarse la vida. Berdugo, con esa confesión tan ídishe fue el muestrario de un judío más que llegó a superase estuviera donde estuviese.
En 1977 Berdugo se convirtió en Vicepresidente de Relaciones Externas del Consejo Comunitario Israelita. Y presidente diez años más tarde y jefe de la Unión Mundial del Judaísmo Marroquí. Bajo su presidencia, creó la Fundación para la Herencia Judía Marroquí restaurando los sitios históricos judíos y la creación del Museo Judío Marroquí en Casablanca. Es creador del diálogo interreligioso y la paz en el Medio Oriente. Nombrado, en 1995, Comandante de la Orden del Trono, primer judío marroquí en recibir esa distinción. Desde marzo de 2006, fue y es embajador general en nombre del Rey de Marruecos.
Estos antecedentes son propiciatorios entre Israel y Marruecos,
país que a pesar de su adhesión al panarabismo a partir de 1956, al independizarse de España y Francia, sus judíos se sintieron siempre marroquíes.
Martha Wolff- Periodista-Escritora

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