Murió el último judío de Juyand, en Tayikistán: una ciudad con una antigua rica vida comunitaria

Jura Abaev
Jura Abaev

Este mes murió, a los 93 años, el último judío de Juyand, una ciudad ubicada en Tayikistán y donde los judíos prosperaron durante siglos.

Se trata de Jura Abaev, quien falleció el pasado 15 de enero. Se había desempeñado como líder espiritual de la sinagoga de la ciudad. Era un residente respetado y conocido en la ciudad, que tiene unos 200.000 habitantes. Sus vecinos lo llamaban «Jura Ako», que significa «hermano mayor» en el dialecto local. Abaev tuvo cinco hijos y todos emigraron a Israel en la década de 1990.

Unas pocas docenas de judíos, muchos de ellos ashkenazíes, todavía viven en Dusambé, la capital de Tayikistán.

El país de Asia Central, a su vez, es uno de varios países de la región cuya población judía emigró masivamente después del colapso de la Unión Soviética en 1991. Esto redujo en gran medida el número de judíos de Bujará, en el vecino Uzbekistán, y los judíos de las montañas de la región, otra minoría descendiente de Persia que tiene muchos vínculos con los judíos de Bujará.

Por su parte, muchos judíos ashknazíes, cuyas familias llegaron a Asia Central durante la Segunda Guerra Mundial, también se fueron.

Pero el éxodo de Tayikistán, que alguna vez tuvo al menos 15.000 judíos, fue particularmente significativo debido a una cruel guerra civil que estalló allí en 1992 y se prolongó durante cinco años, lo que provocó miles de muertes, el desplazamiento masivo de civiles y la pobreza extrema.

Abaev emigró a Israel tres veces, incluso después de la muerte de su esposa, para estar cerca de sus hijos. Pero siempre regresó, ya que consideraba a Juyand el único hogar que tuvo.

En Juyand “todo el mundo me conoce, me saluda y me llama Ako”, dijo a los medios de comunicación en varias entrevistas en los últimos años.

Además, el último judío de Juyand rechazó una pensión mensual que le habría permitido vivir cómodamente en el Estado judío.

“Abaev solía decir: ‘Me sentí como si no fuera nadie en Israel. Cuando salgo a Juyand, la gente de mi vecindario me sonríe y dice, mira, ahí viene Jura Ako’”, declaró un viejo amigo suyo.

Al vivir solo en una gran casa familiar, Abaev invitó a una familia pobre de seis personas a vivir con él de forma gratuita. Ellos cuidaron del hombre en su vejez, y aún siguen viviendo en esa casa.

Durante décadas, Abaev desempeñó las funciones de rabino, incluido el oficio de los funerales. También era el cuidador principal de la sinagoga, que estaba situada cerca de su casa.

 

Vía Ynet

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