Saudíes en Yad Vashem. Por Martha Wolff

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Hace unos días recibí un video más cercano a la  ciencia ficción que a la realidad; el evento tuvo lugar en Israel, en Jerusalem, Yad Vashem- Museo del Holocausto, por una visita que realizó una delegación de los Emiratos Árabes Unidos encabezada por el Director de Sharaka Universidad de Dubai.

El Director, vestido con su traje árabe, era un representante académico quien dio testimonio, y habló en nombre de la delegación sobre esa visita. Escuchar sus palabras de asombro y espanto ante lo que fue la Shoá, muestra el desconocimiento que había en el mundo árabe de lo que le sucedió al pueblo judío durante el nazismo.

Y si lo hubo, fue relativamente mínimo en su dimensión. Frente a la cámara dijo que se comprometía  a que nunca más vuelva a suceder. Tanto su país como ellos ahora están al lado de los judíos del mundo.

El que habló se llama Dr. Majid Al Sarra, co-fundador de  la universidad mencionada. Junto a su grupo, se los vio desplazarse por la estructura arquitectónica que por sí misma habla de quiebre, de etapas, de condenas, de asesinatos, de liberación por los aliados y de sobrevivientes. Visitaron además las áreas del museo que abarcan todo lo que sucedió.

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En su discurso dijo que lo que vieron fue verdad y que se compromete a que nunca más vuelva a suceder. Enumeró las razones de semejante matanza hablando del odio que generó la discriminación por el solo hecho de haber tenido una religión. También habló sobre la infiltración de sus ideólogos  para llevarla a cabo. Reafirmó que esa visita fue histórica para ellos como árabes porque nunca vieron con sus ojos esa realidad lo que consideró inaceptable.

Entre sus palabras dijo que se compromete a difundir lo que fue el Holocausto. Para entablar una unión entre judíos, musulmanes y cristianos para convivir en paz. Como educador enfatizó que hará conocer  lo visto para crear un mundo mejor y de paz.

La filmación del video acompañó el recorrido de los visitantes árabes en medio de las salas plagadas de fotos desgarradoras ante las cuales entre sus túnicas y  kefias  se podía ver el rostro asombrado de los visitantes. También el respeto y detenimiento ante lo que veían.  Ellos igual que todos, indudablemente que visitan el  museo, saben que están ante una verdad irrefutable de lo que los nazis se propusieron al querer terminar con el pueblo judío.

Ellos sufrieron lo  mismo que le sucede a todo aquel que visita este museo. Ese cambio se debió a lo ignorado y censurado según la política de cada país durante la Shoá. La censura del mundo árabe durante la Segunda Guerra Mundial  bloqueó lo que sucedía. El  pueblo musulmán vivía para rezar y adorar a su rey entre sus costumbres y la obediencia. El judío a sus oídos era sinónimo de invasor, de enemigo, de peligro.

Hoy por los acuerdos firmados hace meses  entre los Emiratos Árabes  e Israel, las arenas del desierto se convirtieron en caminos.  Uno con el poder económico del petróleo pudo comprar riqueza y lujos. Israel siendo prácticamente un desierto tuvo como materia prima  el poder intelectual.

Con el desarrollo y la educación, la ciencia y la tecnología Israel logró progreso sin precedentes por ser un país diminuto y casi sin recursos naturales. Por los intercambios bilaterales actuales  el desierto se convirtió en  ruta y el turismo en inversiones que oscilan entre lo esencial y lo banal. Hoy el pueblo árabe sabe qué es Israel, del valor de su gente judía al servicio de la  Humanidad y a la vez los israelíes descubriendo a los habitantes saudíes. Así, en un mundo tan cambiante en el extremo de Oriente Medio sucede este milagro posible por acuerdos políticos  mientras que hay  un aumento del antisemitismo  en Occidente.

Marta Wolff- Periodista-Escritora

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