“En Hervás, judíos los más”. Por Jorge Rozemblum

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Hervás es un pueblo español de la provincia de Cáceres, en Extremadura (cerca de la frontera con Portugal) que no llega a los cinco mil habitantes censados pero que, sin embargo, destaca como polo turístico de la comarca del valle del río Ambroz. En el pasado era considerado parte de la ciudad de Béjar, en la comunidad de Castilla León, provincia de salamanca, pero en 1816 se le concedió el título de villa, aunque no perteneció a Cáceres hasta 1833.

Es probable que su origen se remonte a los tiempos de la Reconquista por parte de los reinos cristianos de las tierras peninsulares. Que desde el siglo VIII estaban regidas por los musulmanes que denominaban al territorio peninsular como Al-Andalus.

Los que repoblaron la zona seguramente eran templarios, monjes guerreros que creaban asentamientos en los que se edificaba una ermita dedicada a un mártir. En este caso, se habría construido a la vera del río Santiervás, un afluente del Ambroz que ha acabado dando nombre a la localidad.

De hecho, a su vez el nombre del río vendría de uno de los santos a los que se dedica la ermita: San Gervasio. Como comentamos, la aldea formó parte del señorío de Béjar y esta relación se hizo extensiva también a los asuntos para sus habitantes sefardíes. Por ello la comunidad hebrea de Hervás no tendrá carácter del aljama independiente, sino parte de la aljama bejarana.

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Dicha comunidad será pequeña durante los dos primeros siglos de existencia de la villa, hasta que tras los sucesos (pogromos generalizados en las ciudades con presencia de judíos) de 1391, muchos de estos emigran desde algunas grandes aljamas de Castilla y Andalucía a localidades más pequeñas y a priori menos conflictivas. Hervás se benefició de ese movimiento migratorio, así como otros pueblos de Extremadura. La judería de Hervás, por lo tanto, vivió sus mejores momentos durante el siglo XV. Ha quedado constancia en la villa de la presencia de familias con apellidos como Abenfariz, Calderón, Cohen, Escapa, Hamiz, Mahejar, Orabuena y Salvadiel, entre otros. En total se estima que podían residir casi 50 familias, lo que para una villa del tamaño de Hervás no es una cifra pequeña teniendo en cuenta que a finales de ese siglo en Cáceres se cree que vivían unas 130.

Como en otras zonas de Extremadura y Castilla, los sefardíes de Hervás se dedicaban al comercio del textil, el arrendamiento de impuestos para señores feudales o instituciones religiosas, el préstamo a interés y también a la medicina, una profesión muy común entre los judíos de la España medieval.

En 1454 se tiene la primera noticia documental de la presencia de dicha comunidad. La mayor parte de la comunidad se agrupaba en torno a una calle que hoy se conoce con el nombre de Rabilero, y además fuera de los periodos de mayor intolerancia en los que eran obligados a encerrarse en zonas concretas de las villas, también había judíos que vivían en las calles cristianas de Hervás, por ejemplo en la Plaza o en la entonces llamada calle de la Corredera, que hoy es Relator González. Según la tradición oral que ha pervivido en la villa, la sinagoga estaba en la casa número 19 de la mencionada calle Rabilero.

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Un aspecto interesante de la Hervás sefardita es que tras el edicto de expulsión la mitad de la comunidad judía permaneció en la villa. Incluso algunos de los que emigraron volvieron un par de años después. Los judíos conversos crearon la cofradía de San Gervasio y San Protasio. Una institución que les permitía seguir manteniendo disimuladamente alguno de sus ritos hebreos. Pero ya en las primeras décadas del siglo XVI sufrieron procesos inquisitoriales bastante duros que incluso llevaron a algunos a la hoguera.

Décadas después, la integración de los “cristianos nuevos” en la vida de la localidad resultaba complicada, pero aún se hizo más difícil en la segunda mitad del siglo XVI. Fue cuando el duque Francisco II impone los estatutos de “limpieza de sangre” y divide a Hervás en dos partidos prácticamente irreconciliables; Los «labradores» o cristianos viejos y los «mercaderes» o cristianos nuevos sometiendo a los segundos a diversas discriminaciones.

La situación de persecución se prolongó durante casi un siglo, hasta que estas disposiciones fueron derogadas por la duquesa doña Teresa Sarmiento de la Cerda en 1661, momento a partir del cual el proceso de integración de los cristianos nuevos siguió con paso lento pero firme.

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Hervás es una de las localidades de España que más se esforzó por recuperar e incluso homenajear su pasado judío. Lo hizo con iniciativas como dedicar una calle de su bellísimo barrio medieval a la «amistad judeocristiana». Además, y sobre todo, con una recuperación y restauración extremadamente cuidada de ese casco viejo, que a día de hoy está en un estado de conversación extraordinario. Esta zona de calles estrechas y viejas casas de arquitectura tradicional, con paredes de adobe y entramado de la madera de castaño de los bosques circundantes ofrece una experiencia excepcional al viajero, que puede acercarse allí y casi sentir lo que debía ser la vida en una villa medieval.

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En el centro de este gran casco viejo están la calle Rabilero y sus aledañas, en las que se concentraba buena parte de vida judía en el siglo XV. También algunos puntos esenciales de lo que fue la vida de los judíos conversos tiempo después, como la casa de la cofradía que aún se puede contemplar en la calle del Vado.

Toda el barrio medieval de Hervás está decorado con símbolos como la Estrella de David o menorás. Recuerdan permanentemente el siglo de convivencia abierta entre judíos y cristianos que vivió la villa. También los siglos posteriores en los que, con más problemas, las dos comunidades siguieron compartiendo su vida. Quizá el mejor momento para rememorar el pasado sefardí del pueblo sea durante el festival Los Conversos. Se celebra todos los años en los primeros días de julio con diversas actividades y, sobre todo, una gran representación teatral sobre el momento histórico de la expulsión que tiene como inmejorable escenario la ribera del río Ambroz, en el límite del barrio medieval.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad

www.radiosefarad.com

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