El cuento de nunca acabar. Por Martha Wolff

El cuento de nunca acabar. Por Martha Wolff
El cuento de nunca acabar. Por Martha Wolff

¡Qué fácil es para los teóricos opinar y juzgar!

Como en los cuentos podemos decir que había una vez un pueblo que durante miles de años peregrinó de aquí para allá por haber sido perseguidos para poder vivir en paz. Donde se afincaban luego los rechazaban. En todos lados se adaptaron sin dejar sus costumbres, agradecieron la hospitalidad, dieron lo mejor de sí mismos hasta ser chivos emisarios de un milenario prejuicio de haber matado al salvador de la humanidad. A esa acusación se sumaron la de asesino y no a  los romanos que dominaban y perseguían al monoteísmo. En esa época la  Iglesia era lo que hoy es la prensa mundial y divulgó el odio para gobernar las almas convertidas al cristianismo. Y otra fe, la musulmana,  también de un solo Dios comenzó a competir para dividir a los devotos en sus dioses. La necesidad de dominar, patología inherente a la limitación del hombre para entender su pequeñez, le atribuyó a un ser superior órdenes a cumplir para salvar su alma. Y el judío errante logró anclar en su tierra prometida y nadie le perdonó dejar de ser una caravana portando su libro sagrado para levantar su altar y afincarse para siempre.

Pero lo permitido y lo vedado quedó instalado en la memoria colectiva. Al judío como chivo emisario lo adoptó como cotillón para el carnaval de la aversión de la condición humana.

Las guerras de religión mataron más hombres que las bombas y los cohetes de hoy. Como un reflejo de poder en nombre de cada Dios han muerto millones en la historia del hombre. No solo las guerras sino las torturas, castigos, imposiciones, persecuciones y condenas por ser diferentes. Los conquistadores dejaron cadáveres mezclados con la tierra por donde pasaban haciendo brotar la ira, la pena, el miedo y la dispersión de los seres queridos. La superioridad de una sobre la otra fue la consigna, el fin y el objetivo, Ninguna pidió perdón ni se asumió culpable.

Lo que este cuento de nunca acabar sobre matar, matar y matar al enemigo por ideologías sigue tan vigente como el odio engendrado. Los medios de difusión se han transformado en púlpitos al mejor postor y la prensa en tinta de datos también según cómo soplan los vientos de la conveniencia. Los estudiantes que siempre estuvieron en la vanguardia de la lucha por la libertad ahora son esclavos de la tiranía y el desprecio por el libre albedrío. Una capa geológica como en la naturaleza se deposita sobre la otra y olvida los cimientos de la ética y el valor de la vida.

A los que vociferan contra Israel por su defensa lo que hacen es pedir lo que a ningún ejército del mundo se le pide. Es un cuento de terror disfrazado del prejuicio que si un judío se defiende es un criminal y que por el contrario el criminal es un defensor.

Es un cuento de nunca acabar que Israel es asesino cuando fue un pueblo millonésima vez asesinado  y  lo siguen asesinando no solo el 7 de octubre, también intentado a diario tirando cohetes detenidos por la cúpula de hierro.

Es un cuento de nunca acabar la de la superioridad israelí sobre Hamás ante los depósitos de armas que guardan entre  la población y los túneles.

Es un cuento de nunca acabar la pobreza que ha desato el terrorismo en la población gazatí  llevándose a los hombres para luchar, al resto dinero para esconder a los rehenes, a los niños adiestrados para matar judíos y todos celebrando verlos muertos.

Otro cuento hubiera sido que los palestinos se hubieran dedicado a imitar otro Israel en su franja, contando con un líder por la paz real, haber llegado a un acuerdo de convivencia e intercambio para el progreso de ambos, pero…frotando la lámpara de la magia salió el genio del mal  y dijo. “Hay que terminar con los judíos  porque ellos hicieron lo que nosotros no pudimos y los vamos a exterminar”

Es un cuento de nunca acabar el antisemitismo y paz solo una palabra.

Martha Wolff

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