
El presidente de la AMIA, Amos Linetzky, dialogó con Vis á Vis previo a su viaje a Israel para participar del Congreso Judío Mundial, y a pocos días de concluir su mandato como titular de la entidad.
En un balance de su gestión, Linetzky resaltó los logros obtenidos pero también las asignaturas pendientes. En el mes de junio asumirá la nueva conducción.
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¿Qué balance hacés de tu gestión?
El balance es, sin dudas, positivo. Fueron tres años intensos y profundamente significativos. Me siento feliz y agradecido por haber podido aportar un “ladrillo más” a esta institución tan honorable, histórica y central, no solo para la comunidad judía, sino también para toda la sociedad argentina. Quienes integramos la Comisión Directiva que está terminando su gestión fuimos un eslabón más en esta gran cadena centenaria que comenzó en 1894.
Cuando uno ve la rica historia de AMIA, iniciada por aquellos inmigrantes judíos provenientes en su mayoría de Rusia y Polonia —los “ashkenazim”—, entiende la dimensión de todo lo que representa esta institución. Han pasado por aquí muchísimas personas que dejaron huellas imborrables. El primer presidente, por ejemplo, fue Luis Brie, un inmigrante que había luchado en la batalla de Caseros y en la Guerra del Paraguay. Pensar que hoy, junto con el equipo que me acompañó, también somos parte de esta historia, es sin duda un motivo de profundo orgullo.

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Estás conforme entonces…
Sí, realmente estamos muy conformes. Al comienzo sentí el peso del gran desafío y compromiso que implica presidir una institución como AMIA. Eso se siente desde el primer día. Hoy puedo decir que me voy con una profunda sensación de misión cumplida. Aunque hay mucho por hacer y mejorar, siento que estamos entregando las llaves de la casa en orden, y con muchísimas acciones que revitalizaron a la institución.
Si miramos estos tres años hacia atrás, se hizo B´H muchísimo. Lo más valioso de todo es que lo hicimos en equipo. Entre todos —empleados, directivos, profesionales, miembros de la Comisión Directiva y el Ejecutivo— logramos avanzar con armonía, compromiso y pasión.
Lo que más valoramos de esta etapa es la forma de trabajar que construimos juntos, basada en la colaboración y el respeto mutuo. Por eso, cerramos este ciclo con gratitud y una sonrisa.
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¿Sentís que se cumplieron los objetivos propuestos?
Las metas que nos propusimos fueron muchas. En algunos casos, quizás, pecamos de ser demasiado ambiciosos. Eso puede generar cierto riesgo de frustración cuando uno analiza que no todo lo soñado pudo concretarse.
Recuerdo que, apenas asumí en AMIA, armé una lista con todo lo que me gustaría hacer durante la gestión (todavía la tengo y me la llevo como un hermoso recuerdo). A lo largo del tiempo, fui completando ese listado, tachando lo que alcanzamos. Por supuesto, no se pudo cumplir con todo, pero todo lo hecho nos deja una gran satisfacción.
En hebreo hay una palabra que me gusta mucho: Hishtadlut. Se refiere al esfuerzo que uno tiene que hacer —dar lo mejor de sí—, pero entendiendo que el resultado final no depende de uno, no está en nuestras manos, sino que está en manos de D’s. Por eso, uno hace su parte con compromiso, entrega y responsabilidad, y luego se encomienda a D’s con la esperanza de que las cosas se den. Nos vamos con la tranquilidad y la alegría de haber hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance.
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¿Quedaron temas importantes pendientes?
Sí, por supuesto. Hay temas que siguen abiertos y que son urgentes. En primer lugar, mientras haya personas retenidas en Gaza, tenemos el deber moral de seguir reclamando por su liberación. Es una responsabilidad que trasciende a AMIA, que interpela a todas las comunidades judías del mundo y a la humanidad en general. No podemos bajar los brazos. Hay que seguir exigiendo y reclamando, a quien haga falta, hasta que todos vuelvan con vida.
En lo institucional, es clave fortalecer aún más el rol de AMIA como espacio de contención y acompañamiento, especialmente para quienes más lo necesitan. En esa línea, estamos relanzando, por ejemplo, el área de Discapacidad, con el objetivo de que AMIA también lidere en esta temática tan sensible. Estamos desarrollando un mapeo para conocer mejor las necesidades actuales y detectar vacíos en la red de contención comunitaria. Vamos a impulsar el voluntariado de jóvenes con discapacidad en tareas dentro de la institución, apoyar a las familias con grupos de contención y acompañamiento, y mucho más B´H.
También es fundamental poner el foco en el resguardo del patrimonio comunitario. Hay muchos inmuebles que, en su momento, pertenecieron a instituciones judías que ya no existen y que hoy están en riesgo de perderse. En algunos casos, terminan en manos de personas ajenas a la comunidad o de quienes los usufructúan para beneficio personal. Nuestros abuelos y bisabuelos hicieron enormes esfuerzos para fundar y sostener esos espacios, y es responsabilidad de la kehilá protegerlos.
Y, por supuesto, la educación debe seguir siendo una prioridad. Siempre. Hay que seguir buscando estrategias alternativas y formas de trabajo conjunto entre todas las organizaciones que se dedican al ámbito educativo. Nuestro objetivo debe ser que la Red Escolar Judía no sólo se mantenga, sino que crezca, se fortalezca y se adapte a los nuevos desafíos.

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Si tenés que mencionar los tres puntos que más te enorgullecen de la gestión. ¿Cuáles son?
Hay algunos aspectos que me enorgullecen de estos tres años.
Se pudo demostrar que es posible ejercer un liderazgo comprometido, activo y responsable, pero con humildad, perfil bajo y sin necesidad de buscar protagonismo. Creo firmemente que ese es el camino correcto. Implica entender que quien asume una función de representación no debe utilizar su rol, ni la visibilidad que le da una institución tan significativa como AMIA, para alimentar su ego o buscar exposición constante. Esa no es la función de un dirigente, y mucho menos en un espacio que exige seriedad y mesura.
Otro punto que me genera orgullo de estos años al frente de AMIA, sin dudas diría que es haber alcanzado, entre todos, un clima de Shalom Bait —de convivencia armoniosa. AMIA, siendo la institución más grande de la comunidad judía en Argentina, lo merece profundamente. Esto no implica una unidad ingenua ni la renuncia a las posturas o visiones individuales, sino más bien un ejercicio de respeto hacia el otro, de tenerlo en cuenta. De saber escucharlo. Lo vimos claramente en las elecciones recientes de AMIA llevadas a cabo con respecto entre todas las partes que han participado.
Haber logrado Shalom Bait en estos tres años —con la ayuda de D´s— es, sin duda, el mayor logro. Y no es algo que se dé naturalmente o que siempre haya sido así; es el resultado del compromiso y trabajo conjunto de muchas personas.
Otro punto que puedo mencionar son los discursos que me tocó pronunciar en diferentes ocasiones. Creo que fui muy contundente y me animé a decir todo lo que había que decir. No me callé nunca, incluso cuando tuve que condenar a personas nombrando su nombre y apellido. Entendí que no había otra forma. No podemos callarnos en situaciones en las que se condena al terrorismo internacional, se reclama justicia, se critica a quien calla cuando debe hablar, o se le dice “no” a la impunidad.
Invertí mucho tiempo y esfuerzo en cada letra de los discursos que me tocó dar. Los releí una y otra vez, y siempre pedí varias opiniones a amigos, familia o a nuestro equipo en AMIA. No tengo redes sociales, entonces entendí que mi principal comunicación con la gente era a través de los discursos.

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¿Por qué no tenés redes sociales?
Creo que las redes sociales han invadido la privacidad personal, convirtiendo la vida íntima en un espectáculo público. Fomentan el hecho de hablar sin rigor y de opinar sin fundamento. Normalizan la desinformación y la cultura de la cancelación, donde se juzga sin juicio previo, sin contexto ni compasión.
La comunicación ha caído a niveles alarmantes: se premia lo superficial, lo inmediato, lo escandaloso. Lo más preocupante es el impacto en los más chicos, quienes reemplazan el juego, la creatividad, la lectura y el contacto humano por horas frente a pantallas que no les devuelven nada valioso.
Las redes no solo distorsionan la realidad, sino que también generan ansiedad, dependencia y una constante necesidad de validación externa. Nos están deshumanizando, y lo peor es que muchos aún no lo notan.
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AMIA también invirtió en infraestructura. ¿Cuáles fueron las principales obras? ¿Cómo se pudo invertir tanto dinero sin endeudar a la entidad?
La cantidad de obras que se han realizado es impresionante. Se pudo, por ejemplo, completar la obra de Loyola. Hoy tenemos las salas velatorias más acogedoras que hay en el país, por lejos. Los dos edificios históricos de Uriburu y Pasteur están hoy unidos por medio de un puente, que también es una obra simbólica de construcción de lazos. Arrancamos con un plan integral de reformas en Tablada que se encuentra en progreso. Estamos hablando de 63 hectáreas, es un cementerio gigante. Por lo tanto, vamos paso a paso, porque es muy costoso.
Construimos en la sede de Pasteur una sala inmersiva, que es única en Buenos Aires, y que ya vamos a empezar a dar a conocer en las próximas semanas, donde uno se introduce en una experiencia histórica y artística inolvidable, que nos lleva por la historia judeo-argentina a través de proyecciones audiovisuales.
Reformamos nuestra sede para aumentar las visitas turísticas, y con ellas el posicionamiento de AMIA y sus ingresos. Volvimos a mejorar el espacio del bar, porque también tiene un rol social, para que la gente vuelva a juntarse en la AMIA a tomar un café y compartir un encuentro.
Las obras que se hicieron son nuestro orgullo, y se hicieron siempre cuidando el equilibrio económico. No hemos hecho todo esto endeudando a la AMIA. Sería irresponsable. B´H, hoy no tenemos deudas en absoluto. Lo puede ver cualquier persona revisando nuestros estados financieros auditados y abiertos al público. Ésta es una marca registrada del BUR. Construir, pero pensando en los próximos que vendrán. A las próximas generaciones les dejamos una institución sana y equilibrada.

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Hace poco hicieron un simulacro muy importante en AMIA. El Equipo de Gestión de Crisis surgió en esta gestión. ¿Qué te motivó a impulsarlo?
Es una iniciativa importantísima. En casi todos los países donde hay comunidad judía existe un plan para organizar a la comunidad ante cualquier circunstancia fuera de lo normal.
El ejercicio que se realizó habla del compromiso de todas las organizaciones que forman parte del equipo con la prevención, la seguridad y el cuidado de toda la comunidad.
El simulacro reunió a más de 100 personas y a organizaciones clave de la comunidad y en cooperación con el Ministerio de Seguridad de la Ciudad, el Cuerpo de los Bomberos y la Policía de la Ciudad. Y se llevó adelante para evaluar la capacidad de respuesta ante una situación de emergencia. Ya veremos los próximos días el resultado del operativo realizado, pero sin dudas puedo anticipar que fue muy exitoso.
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Durante tu gestión ocurrió el 7 de octubre y las consecuencias de ese hecho. ¿Cómo lo atravesó la AMIA y vos en particular?
Desde los primeros momentos nos reunimos para pensar cómo podíamos colaborar. Así fue como se puso a disposición, de forma inmediata, el programa “Hosen”, una propuesta que nació en esta gestión. Se trata de una iniciativa que ya funciona en Israel y que adaptamos en Argentina con el respaldo de la Agencia Judía. Es un equipo conformado por profesionales y voluntarios capacitados para intervenir en situaciones de crisis y emergencias psicosociales. Apenas ocurrió el 7 de octubre, “Hosen” comenzó a trabajar con familiares y personas afectadas.
Todos los actos que se realizaron contaron con una participación masiva. También las expresiones públicas exigiendo la liberación de los secuestrados fueron —y siguen siendo— contundentes y constantes.
A pocos meses del atentado, organizamos un viaje con dirigentes comunitarios que tuvo una enorme carga simbólica. Representantes de diversas instituciones compartimos esa experiencia, nos encontramos en la embajada argentina en Israel junto a familiares de personas secuestradas. Fue un momento profundamente conmovedor. Expresamos nuestro acompañamiento, recorrimos los lugares que habían sido atacados y vimos con nuestros propios ojos las marcas del horror, incluso paredes todavía manchadas de sangre. Una experiencia desgarradora.
La cantidad de encuentros de contención y acompañamiento promovidos desde AMIA fue muy significativa. Hace apenas unos días conmemoramos Iom Hazikaron en nuestro cementerio comunitario de Tablada, y unas semanas antes habíamos inaugurado la muestra “El último abrazo”, exposición fotográfica que muestra a madres de víctimas del 7 de octubre.
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¿Hubo un aumento de antisemitismo?
A nivel global es indudable que el antisemitismo aumentó. En nuestro país sólo hubo algunos ejemplos lamentables, que evidencian, en algunos casos, ignorancia, resentimiento y odio. Y en otros casos, un antisemitismo manifiesto que hay que denunciar, por supuesto, y monitorear de manera permanente.
Afortunadamente, los exponentes de este odio, que parece ser cada vez más visceral y violento, son escasos en nuestro país y no son representativos de la sociedad. Son expresiones marginales y sin representatividad significativa. Argentina fue siempre un ejemplo de convivencia pacífica entre los distintos credos y las diferentes comunidades, y debemos esforzarnos porque siempre continúe de esa manera. Este diferencial es un enorme orgullo de nuestra sociedad, y no puede mancharse con expresiones que no son más que intentos aislados de provocación para atraer algún tipo de atención.
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¿Cómo trabajó la AMIA respecto a la educación en la comunidad en esta gestión?
La educación debe ser siempre uno de los pilares fundamentales de toda dirigencia comunitaria. En ese sentido, hemos casi duplicamos el presupuesto destinado al área en los últimos años. Lanzamos hace unas semanas un programa de becas para poder incorporar más familias en las escuelas que integran la Red Escolar Judía, aliviando la carga económica de las familias que más lo necesitan. Iniciativa realizada en conjunto con el Keren Kayemet.
Asimismo, hemos fomentado la creación de una mesa de trabajo conjunta, liderada por el Vaad Hajinuj y FEJA, con el propósito de coordinar iniciativas y reflexionar colectivamente sobre los retos del sistema educativo comunitario. Esta mesa, que ya celebró su primera reunión, debe reactivarse lo antes posible. La propuesta es inclusiva y abarcadora: busca incorporar a entidades como KKL, BAMÁ, FACCMA, la Agencia Judía, el Keren HaYesod, entre otras. La creación de un espacio compartido donde todas las organizaciones dedicadas a la educación puedan contribuir con sus perspectivas y trabajar de forma alineada por el bienestar de toda la comunidad, es esencial.
Asimismo, se siguen llevando a cabo numerosas e interesantísimas acciones desde el Vaad Hajinuj para y con los docentes. Por ejemplo, el Encuentro Internacional de Educación Judía, una propuesta anual que mantiene una alta convocatoria, y que cuenta con la participación de prestigiosos disertantes, algunos de los cuales viajan especialmente desde países como Israel, México y Estados Unidos, para compartir sus saberes y experiencias. Es el congreso más importante de morim y morot fuera de Israel.
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¿Cómo está la situación de los docentes en la red escolar judía?
Por un lado, desde el punto de vista cualitativo, los docentes de la Red Escolar Judía están bien preparados. Esto surge del estudio profundo que hemos realizado junto a la Universidad Di Tella y publicado recientemente, llamado “Mifneh”, donde se observa que la mayoría de los docentes poseen estudios terciarios o universitarios, además de la carrera docente en sí misma.
En segundo lugar, en general, hay un alto porcentaje de docentes muy comprometidos con la comunidad. Este último aspecto es muy significativo porque muestra entrega y convicción en lo que hacen. Una gran proporción participa activamente en actividades comunitarias, ya sea en sinagogas, instituciones o clubes, más allá de la escuela judía donde trabajan.
En cuanto a lo cuantitativo, “Mifneh” reveló que aproximadamente 4.700 docentes trabajan en la Red Escolar Judía, de los cuales un tercio enseña estudios judaicos. La mayoría también realiza cursos de capacitación continua y participa en numerosas propuestas de formación. En este marco, contamos con nuestros profesorados Agnón y Melamed, que, además de las carreras tradicionales de formación docente, ofrece múltiples programas diseñados a medida para profundizar en temas específicos.
Podemos mencionar como ejemplo la actualización académica en historia judía y su didáctica, que es un postítulo oficial, con el fin de apuntalar el área de historia judía y que los docentes estén más preparados para eso. El profesorado Agnón y Melamed es un orgullo para la comunidad y uno de los mayores logros de la AMIA durante los últimos tiempos. Es nuestro deber perfeccionarlo constantemente y ampliar su ámbito de acción.
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¿Sentís que los docentes acompañan estas iniciativas?
Sí, muchos de nuestros docentes tienen un deseo genuino de actualizarse constantemente. La AMIA, por medio del Vaad Hajinuj, debe acompañar y fomentar esa vocación activamente. Lo hacemos en cooperación con socios locales e internacionales. Para darte solo un ejemplo, dentro de unos meses partirá a Yad Vashem un grupo de morim y morot para perfeccionarse y profundizar su conocimiento en relación a la Shoá. Recibirán capacitación de los mejores profesionales en la materia.
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¿Cómo ves a la comunidad?
Con un reacercamiento a lo comunitario y con un compromiso renovado luego del 7 de octubre. Debemos seguir adelante, y eso no significa ignorar el dolor; significa transformarlo en acción, en vida, en esperanza, como siempre lo hemos hecho. La unidad y el respecto al otro deben ser nuestra mayor fortaleza.
Los desafíos son muchos. Entre ellos, el nivel de asimilación es muy elevado, preocupante y se manifiesta, entre otras formas, en el alejamiento de los alumnos de las escuelas judías o de los marcos comunitarios en general. Recuerdo siempre, con mucho cariño, a mi abuelo Jaime, una persona muy humilde y trabajadora, que estaba dispuesto a todo por la continuidad judía de sus hijos y nietos. Siendo un obrero, donó su sueldo completo cuando nació la medina. Activó siempre en la comunidad judía de Avellaneda. Ya como “zeide” tuvo su propia juguetería en la que trabajaba todo el día con excepción de un breve lapso de descanso al mediodía. No lo aprovechaba para descansar, sino que dedicaba ese ratito diario para llevarnos a nosotros, sus nietos, al shule Bialik en forma ininterrumpida. ¿Nuestra generación tiene la misma convicción?
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¿Por qué crees que la comunidad volvió a elegir al BUR?
Porque entiende, con total claridad, que el BUR es sinónimo de gestión, de trabajo, de responsabilidad institucional y, ante todo, de respeto por nuestra herencia milenaria. La gente valora que se pueda hacer todo lo que el BUR viene logrando, pero siempre con respeto por nuestras tradiciones. En la reciente holgada victoria electoral del BUR, fue muy fuerte observar el reconocimiento general de los socios al margen de las posturas religiosas o políticas. El BUR ganó en mesas donde no votó ninguna persona observante. Se logró unir. Que la gente se sienta representada. Debemos continuar siempre por ese camino.
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¿Qué consejo le darías al próximo presidente de AMIA?
Mi consejo es claro: seguir haciendo, haciendo y haciendo. El trabajo nunca se termina. Ser dirigente de la comunidad judía es una enorme responsabilidad, y para estar a la altura hay que tener plena conciencia de las necesidades del tzibur, de la gente. Siempre habrá más por hacer, porque donde hay necesidades reales, el deber no se agota.
Es fundamental también mantener una actitud de apertura, de escucha, de diálogo. AMIA debe seguir siendo una casa para todos. Nadie, absolutamente nadie, debería sentirse afuera de la kehilá. Hay que trabajar intensamente por el Shalom Bait, la paz interna. Evitar ver al otro como un extraño solo por pensar distinto. La diversidad de ideas no debilita: enriquece. Aceptar al que piensa diferente y convivir con respeto nos hace crecer como comunidad.
Ese, para mí, debería ser uno de los principales focos del próximo presidente: construir desde la inclusión, desde la unidad, sin renunciar a nuestras convicciones pero con espíritu de encuentro.
Abogar también por la continuidad institucional. Siempre me emociono recordando el último acto del 18 de julio en el que todos los ex presidentes de la AMIA subieron juntos al escenario. Tuve el honor de dar el discurso, reclamando justicia, con todos los ex presidentes acompañándome. Fue un hecho simbólico, que habló por sí mismo, que demostró que AMIA es de todos, y que todos están invitados a participar.
* La entrevista fue realizada antes del episodio de público conocimiento, en el que la AMIA invitó al senador Oscar Parrilli al Encuentro Federal de la Memoria. Ante la consulta posterior de Vis á Vis, la entidad respondió que ya se había manifestado (“Se está invitando a todos los senadores – a los 72 representantes de las Provincias -. Así como hace dos años se hizo con Intendentes y el año pasado con Gobernadores, este año se busca avanzar con la federalización del pedido de Justicia”).
