Keith y Aviva Siegel relataron ante la ONU cómo fueron víctimas de abuso sexual durante su cautiverio en la Franja de Gaza.
El matrimonio relató en el Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura (UNCAT) en Ginebra cómo se les negaron sus derechos humanos, el sometimiento a inanición y las amenazas físicas.
Comparecieron ante el comité como parte de una delegación israelí encabezada por el director general del Ministerio de Justicia, Itamar Donenfeld.
Keith Siegel especificó que no estaba “buscando clemencia” al testificar, sino que estaba allí para asegurarse de que los terroristas que lo torturaron a él y a su esposa nunca pudieran volver a hacerlo.
En su testimonio, Keith describió el secuestro que sufrió junto a su esposa el 7 de octubre. Terroristas de Hamás los sacaron a rastras de su habitación segura, disparándoles mientras los obligaban a subir a un coche, y los llevaron a punta de cuchillo al otro lado de la frontera.
Inicialmente lo llevaron junto con su esposa a los túneles bajo Gaza, pero tras la liberación de ella después de 50 días, lo trasladaron con frecuencia, a menudo a zonas civiles. Describió haber estado retenido en el rellano de una escalera en una escuela durante dos semanas y media.
“Me trasladaron 33 veces. Estuve retenido en túneles, en escuelas y en residencias con niños y con esposas de terroristas”, expresó.
Además, dijo: “Estuve con Aviva durante 50 días hasta su liberación. Después, a veces me retuvieron con otros prisioneros, a veces en completo aislamiento. Finalmente, estuve solo, sin ningún otro rehén, durante seis meses. Un hombre de 60 años, completamente solo, sin saber qué había sido de mis seres queridos”.
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Hostage survivor, Keith Siegel, at UN Committee against Torture (Geneva).
Experience one minute’s torture. Keith survived 484 days of this.
Listen & understand why ceasefire agreement must be implemented. Hamas must disarm. Gaza must demilitarize. 4 remaining hostages’ corpses… pic.twitter.com/rruy9zMbvo
— Israel Foreign Ministry (@IsraelMFA) November 13, 2025
Siegel añadió: “Nuestros captores compararon mis partes íntimas con las de otro rehén; nos amenazaron con cuchillos, obligándonos a suplicar para ir al baño. Esperábamos hasta estar al borde del colapso para no enfadar a los terroristas. Me negaron los derechos humanos más básicos. Me privaron de alimento y agua. En más de una ocasión, los terroristas me obligaron a desnudarme delante de ellos y me afeitaron el cuerpo”.
“Durante todo el tiempo que estuve en Gaza soñaba con volver a casa, con visitar a mi anciana madre. Lo primero que le pregunté a mi esposa en el helicóptero camino al hospital tras mi liberación fue por mi madre. Ella falleció dos meses antes de mi liberación. No tuvo la oportunidad de saber que estaba en casa, y yo no tuve la oportunidad de despedirme de ella”, indicó.
Aviva Siegel también testificó sobre su cautiverio. “Durante 51 días estuve convencida de que iba a morir. Me amenazaron, me dejaron morir de hambre, no me dieron suficiente agua. Perdí 10 kilos de los 51 que pesaba. Le escondía comida a Keith. Podía ver a Keith. Estaba perdiendo peso. Los terroristas estaban engordando. Comían delante de nosotros…masticando todo el tiempo”, inició.
La mujer, a su vez, afirmó: “Un día, una de las chicas fue al baño y, cuando regresó, estaba temblando. Es joven. Y al rato nos contó que un terrorista de Hamás la había tocado por todo el cuerpo y le había hecho lo que quería. Estaba muy asustada porque él le dijo que si decía algo, la mataría”.
“Soy testigo de cómo una de las chicas que estaba con nosotras vio que el terrorista de Hamás entró al baño, le ordenó que se desnudara, se metió en la ducha con ella y la obligó a practicarle sexo oral. Y encima, tuvo que sonreír después. Soy testigo de cómo otra chica, de 16 años, a la que obligaron a ducharse (nunca antes le había enseñado su cuerpo a nadie), vio al terrorista de Hamás quedarse allí mirándola fijamente y sonriendo”, contó.
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“Tuve diarrea casi todo el tiempo que estuve en Gaza porque nos daban agua sucia para beber. Tenía miedo de ir al baño. Tengo 62 años y tenía que pedir permiso para ir al baño. Me obligaron a rezarle a Alá. Y cuando me obligaron a hacerlo, recuerdo haber pensado: ¿a qué Alá rezan? ¿Al que los mira, la forma en que nos tratan y no nos concede ningún derecho humano?”, se preguntó Aviva.
Y concluyó: “La gente murió lentamente el 7 de octubre. Mientras hablaban con sus familias, desaparecían de la vida. Cuando regresé, escuché muchas historias, y Hamás las grabó en vídeo porque estaban orgullosos de ello. Jugaban al fútbol con cabezas humanas”.
Vía JPost

