Se publicó el libro »Antisemitismo y conflicto árabe-israelí»

El material escrito por Marcos Israel y recientemente publicado en Argentina por Ediciones B trata una temática siempre candente y tiene la característica de tener un enfoque novedoso, ya que pone el acento en la centralidad del antisemitismo en el conflicto, desde sus comienzos hasta el día de hoy, y en la interacción constante entre éste y el conflicto.

Según el autor, «se trata de un libro extensamente documentado, con fuentes de origen diverso tanto desde el punto de vista cronológico, como por la nacionalidad e ideología de los autores y cronistas citados». A su vez, el libro analiza una serie de tópicos fuertemente relacionados con el conflicto -varios de los cuales son poco conocidos-; de una manera que el prologuista, el Antropólogo Daniel Vidart, compara con las muñecas rusas, esas que van unas dentro de otras. Entre ellos, probablemente el menos conocido, el tema de la contrahistoria construida por la parte árabe, tema desarrollado en base al marco teórico que brinda Michel Foucault en «Genealogía del racismo».

A continuación un resumen exclusivo para VIS A VIS de Marcos Israel sobre su libro »Antisemitismo y conflicto árabe-israelí»

El libro parte de una constatación fundamental e impactante, hecha durante mi participación en la Conferencia Mundial Contra el Racismo de Durban, en 2001: el racismo bajo la forma de antisemitismo aparecía asociado al conflicto de una manera muy estrecha. Las preguntas que me surgieron en aquel momento fueron:   ¿Hasta qué punto estaban asociados? ¿Desde cuándo? ¿Acaso el antisemitismo era parte integral del conflicto?

Investigación y análisis realizados durante años, me fueron llevando cada vez más atrás en el tiempo, hasta el inicio mismo del conflicto y a la convicción de que la respuesta a la tercera pregunta podía ser afirmativa.

Así pues, el libro presenta un análisis documental del devenir del conflicto y discurre por la interacción entre éste y el antisemitismo: en el comienzo del mismo, en el pasado reciente y en el presente.

El concepto de interacción es clave. Diría que se trata del concepto central, dada la importancia que reviste la constatación de su existencia. En este libro, manejo información y presento testimonios que muestran que el antisemitismo está en la génesis del conflicto árabe – judío,  desde sus albores; y que el conflicto, a su vez, se convirtió en la plataforma de relanzamiento y difusión del antisemitismo a nivel global después del Holocausto. Esta última circunstancia –el relanzamiento del antisemitismo luego de su devaluación al cabo del Holocausto-, a su vez, realimenta y sostiene el conflicto árabe – judío, profundizándolo y esterilizando cada uno de los esfuerzos de paz que se han realizado. De esta manera, ambos problemas se refuerzan mutuamente en forma continua.

Es especialmente revelador el hecho de que los documentos oficiales de las etapas iniciales del conflicto (1921), ya muestran el componente del antisemitismo presente, claramente utilizado por la parte árabe. En sí, ese hecho y la negación absoluta del derecho de autodeterminación de los judíos, son los dos componentes fundamentales del enfrentamiento, claramente establecidos desde el principio.

Estos elementos justifican una búsqueda exhaustiva de la relación entre el racismo antisemita y el conflicto árabe – judío. Si, como parece ser, existe una relación intrínseca, muy profunda, esencial, entre ambos, entonces estará en discusión el error de enfoque, muy común, que encierra el considerar este conflicto como un conflicto político cualquiera, semejante a muchos que pueda haber alrededor del mundo; error que cometen intelectuales y políticos constantemente. Bernard Lewis, asevera esa esencia política  que devendría del choque, común, entre pueblos sobre problemas reales y no sobre prejuicios y persecución . Esta explicación es insuficiente. El propio autor reconoce que hay una singularidad en este conflicto que lo hace diferente, pero no llega a explicar esa singularidad o en qué  consiste la diferencia. Es verdad que existen cantidad de conflictos fronterizos, o de uso de cursos de agua, o de acceso a mares, etc., entre pueblos de diversas partes del planeta; pero aquí el problema es bien diferente: una de las partes considera que no hay lugar para la otra, que no puede existir soberanamente, que no tiene derecho de autodeterminación, que debe ser borrada del mapa, conformando un planteo que no da lugar a la negociación o la convivencia y cuya tipología es de carácter racista. Los pueblos pueden convivir pacíficamente con diferencias territoriales o de otro tipo. Pero el odio es otra cosa, y aquí está planteado un odio infinito, atemporal. Por eso, el racismo es el tema central de análisis de este libro.

Como se muestra también, este no es el único conflicto de proporciones que han mantenido los árabes o, más en general, los islámicos. Huntington afirmaba que “las fronteras del islam son fronteras sangrientas” . El análisis de otros conflictos que mantienen los árabes con diversos pueblos, y su carácter también racista, reafirma la tesis en relación al carácter del conflicto con los judíos. En ese sentido, dedico un espacio al análisis del largo conflicto de los árabes con los pueblos originarios de Sudán –los nubios- y el genocidio resultante, el cual significa una clara advertencia a los judíos de Israel acerca de lo que les sucedería si perdieran una guerra.

Es verdad que es posible que el conflicto árabe – judío sea el conflicto con mayor valor simbólico, por ser parte fundamental del enfrentamiento del liderazgo islámico  con Occidente. Pero también, y principalmente, lo es por la caja de resonancia que significa en Occidente y América Latina todo lo que tenga relación con lo judío -especialmente en Europa-, precisamente por la tradición de antisemitismo que existe en esa parte del mundo.

La idea que se desarrolla aquí es la de analizar cuál es el origen y cómo se sostiene la postura anti israelí que se transforma en anti judía; el conflicto del Medio Oriente llevado a la arena del racismo, entendiendo éste en su sentido más amplio de odio a otro pueblo o etnia. Para ello, la búsqueda se hace entre opiniones, dichos, discursos y documentos oficiales de todo tipo y en la descripción del sistema de valores que esos discursos denotan.

En este sentido, se hace un pormenorizado análisis del discurso típico de representantes árabes, utilizando el muy interesante marco teórico que presenta Michel Foucault en el libro “Genealogía del racismo”. Este análisis de los más variados discursos de los líderes árabes –incluidas las cartas fundacionales del Hamas y la OLP-, muestra el significado profundo de dicho discurso, su articulación estrecha con la incitación al odio y el paralelismo extraordinario con el nazismo.

El libro dedica un largo capítulo a desmenuzar ese discurso histórico – político árabe, que normalmente se toma como parte del paisaje del conflicto, sin asignarle la verdadera importancia de su significado y de su papel: ese discurso tiene una importancia crucial en el sostenimiento del conflicto, es parte del conflicto, y es parte también de la difusión del antisemitismo a escala global.
Normalmente, el trabajo de esclarecimiento o “hasbará”, que tanto ocupa a representantes de Israel y, especialmente, a los dirigentes de las comunidades judías del mundo, sólo ataca superficialmente el problema. Diría que se enfoca en la punta del iceberg. Por eso, la caracterización del discurso histórico – político árabe, me parece de la mayor relevancia.

Pongo en el centro de la atención el racismo ínsito en ese discurso, que se lo puede encontrar en boca de todas las tendencias de la visión árabe e islámica, las extremistas y las llamadas “moderadas”.  Y lo hace porque es fundamental para entender el conflicto, para comprender su relación con el antisemitismo y para descubrir la imposibilidad de alcanzar la paz si no se ataca a fondo el problema del racismo y su expresión cotidiana: la incitación al odio. Por esa razón, el análisis de la forma cómo nace la identidad palestina, su relación íntima con la negación del derecho de autodeterminación del pueblo judío y con la incitación al odio, es otro de los puntos relevantes que surgen de esta investigación.

Otro aspecto que se deriva del recorrido antes enunciado, es el análisis de la participación de varias potencias en el devenir del conflicto –principalmente Gran Bretaña y Rusia-, y su impacto. Importa porque ello hecha luz sobre la problemática, y sobre el papel –generalmente poco conocido- de ellas. Pero importa también porque todas ellas siguen participando al día de hoy, en defensa siempre de sus propios intereses; intereses que no coinciden precisamente con la consecución de la paz.
La documentación histórica revela el carácter instrumental que tuvo el “Mandato” sobre Palestina para los intereses de Gran Bretaña, su voluntad de prolongarlo indefinidamente y, finalmente, la forma como atizó el conflicto –poniéndose del lado de los árabes-, cuando ya no podía por sí misma detener el proyecto sionista. La misma documentación denuncia algo que es menos conocido: cómo Gran Bretaña explotó el racismo árabe para sus intereses; y cómo la creación misma de la Liga Árabe, fue parte del esfuerzo británico por detener el proyecto de Estado judío.

También el papel de Rusia ha sido preponderante. Primero en relación al antisemitismo clásico de principios de siglo XX, mediante la publicación de los Protocolos de los Sabios de Sión –libelo que sirvió de marco de referencia conceptual a Hitler y también a los líderes árabes, hasta el día de hoy-. Segundo, por el fenomenal apoyo armamentístico a los árabes, que los animó a lanzar una nueva guerra en 1967 y luego otra en 1973. Y, finalmente, no menos importante, en el lanzamiento del neo antisemitismo (antisionismo – antiisraelismo) que sobrevino después de la guerra del 67. La campaña propagandística soviética después de la derrota de 1967, en contra de Israel y el Sionismo, recuerda extraordinariamente a los Protocolos y por ello la denomino “Los Nuevos Protocolos”. Una campaña de injurias y mentiras destinadas a demonizar al Estado de Israel y presentarlo como imperialista, racista y fascista, la cual se convirtió en la plataforma de relanzamiento del antisemitismo global.
Muy importante fue también el papel que tuvieron el fascismo y el nazismo en nutrir el racismo árabe. Las ideologías mencionadas se articularon notablemente con la cosmovisión árabe. La documentación  histórica es elocuente en mostrar la comunidad de intereses entre árabes y nazis en la aniquilación de los judíos, y la contribución árabe al Holocausto. La relación de los gobiernos árabes con el nazismo sobrevivió varias décadas al fin de la Segunda Guerra y sirvió para que la doctrina antisemita de los líderes árabes se convirtiera en un fenómeno más masivo, permeando primero en las burocracias civiles y militares y más tarde en capas importantes de la población de sus países. Esto no habría sido posible si no fuera por la aplicación de políticas de Estado consistentes y muy duraderas en todos los países que componen la Liga Árabe. El análisis de estas políticas y la exposición de ejemplos de las mismas, son parte fundamental de este libro.

En definitiva, surge del mismo que la búsqueda de la paz no tiene sentido sin la lucha contra el antisemitismo. La denuncia del racismo implícito y omnipresente en el conflicto es una condición para poder avanzar hacia una posible solución del mismo. La investigación muestra también que algunos autores árabes, críticos de la supremacía del islamismo, son muy pesimistas al respecto. La ideología predominante en el mundo árabe actualmente, no da muchas esperanzas para la paz. Queda claro también que el avance hacia la paz requiere una remisión severa del antisemitismo, no sólo en el mundo árabe, sino además en el resto del mundo, porque el antisemitismo del resto del mundo retroalimenta el conflicto.

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