»En la última dictadura militar se dieron muchos ataques antisemitas»

El escritor Hernán Dobry, autor del libro «Ser judío en los años setenta», el cual escribió junto al rabino Daniel Goldman, habló con VIS A VIS sobre el escrito que cuenta con #testimonios del horror y la resistencia durante la última dictadura cívico-militar que se sucedió en nuestro país».

– ¿De qué trata «Ser judío en los años setenta»?
El libro es un análisis de lo que ocurrió con cada uno de los sectores de la comunidad judía durante la última dictadura militar narrado por nosotros, pero a la vez cada capítulo cuenta con un complemento en el que los protagonistas (familiares de desaparecidos, sobrevivientes, dirigentes comunitarios, rabinos, periodistas) narran sus viviencias en esos años. Esto le da una fuerza muy importante al relato porque son ellos mismos en primera persona los que describen las experiencias que le tocaron atravesar, algo que no se había hecho nunca hasta la aparición de este libro.

– ¿Cómo fue la experiencia de escribirlo junto al Rabino Daniel Goldman?
Fue una experiencia muy enriquecedora por varias razones. Primero porque es la primera vez que escribo un libro en conjunto y, segundo, porque nosotros venimos de mundos diferentes: Dani de la militancia por los derechos humanos, además de ser uno de los discípulos del rabino Marshall Meyer, y yo del periodismo y la investigación. El aportó sus viviencias y yo todos los conocimientos que adquirí en estos 16 años que llevo investigando estos temas. Esa combinación es la que quedó plasmada en el libro, que es una perfecta armonía entre estos dos formas de acercarse a los hechos que ocurrieron en esa época.

– Justamente, ¿cómo fue la vida de los judíos durante la última dictadura militar?
La vida de los judíos no fue muy diferente a la del resto de la sociedad. En esa época se dieron muchos ataques antisemitas (bombas contra colegios, clubes y sinagogas, pintadas antisemitas, profanación se cementerios, publicaciones nazis), pero no existió una persecución oficial contra la comunidad. Ahora, los desaparecidos judíos sufrían torturas especiales cuando estaban en los centros clandestinos de detención por su condición de tales.

– ¿Los horrores que vivieron aquellos que estaban en contra del régimen militar los sufrieron también los judíos en la misma escala o mayor?
Los judíos sufrieron tratos especiales cuando estaban detenidos o desaparecidos, ya que padecían una cuota extra fruto del antisemitismo de sus captores. En cuanto a quienes se enfrentaron al régimen, como fueron los casos de los rabinos Marshall Meyer, Roberto Graetz y el periodista Herman Schiller, no sufrieron tratos demasiado diferentes que el resto de la resistencia. La única diferencia es que cuando ambos rabinos ingresaban en las cárceles para asistir a los presos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) los desnudaban y humillaban, pero ambos se mantuvieron firmes con una gran entereza.

– ¿Había un alto grado de antisemitismo dentro de las Fuerzas Armadas?
El nivel de antisemitismo era muy grande en las tres fuerzas y eso lo vivieron en carne propia, como ya te mencioné, quienes estaban detenidos-desaparecidos y, también, los vendedores de armas israelíes cuando debían tratar con oficiales y suboficiales.

– ¿Por qué el porcentaje de judíos desaparecidos fue tan alto? 
Porque estaban sobrerepresentados en los sectores de la sociedad que fueron los más atacados por las dictadura. O sea, estudiantes, profesionales, comerciantes, docentes, aunque en menor medida en el sector obrero. No existió una persecusión abierta contra la comunidad judía. Sólo existen documentados un par de casos que se los llevaron por su condición de judíos.

– Gran parte del libro estuvo escrito en la Comunidad Bet-El, ¿cómo actuó dicha comunidad durante la dictadura?
La comunidad Bet El y el Seminario Rabínico Latinoamericano fueron los principales centros de la resistencia judía contra el régimen militar, al que habría que sumarle el periódico Nueva Presencia, dirigido por Herman Schiller. Ambos eran los lugares donde actuaba el rabino Marshall Meyer y al que acudían los familiares de desaparecidos, judíos y no judíos, en busca de ayuda, cuando no lo hayaban en otras instituciones nacionales y de la comunidad.

– ¿Y las instituciones centrales?
El rol de la DAIA durante la última dictadura es aún un tema de debate. Por un lado, sus dirigentes presentaban listas con los nombres de los desaparcecidos y detenidos ante el Ministerio del Interior,  pronunciaron algunos discursos en ámbitos comunitarios en favor de las víctimas y consiguieron que los rabinos pudieran visitar en las cárceles a quienes estaban detenidos a disposición del PEN, pero al mismo tiempos, sus empleados maltrataban a los familiares que se acercaban en busca de ayuda. En general, la postura oficial fue de mantener un silencio no muy diferente a la que tuvieron otras instituciones de la sociedad.

– ¿Qué instituciones o personas ayudaron a los judíos a emigrar o a no ser detenidos por la dictadura?
La principal institución fue le Embajada de Israel junto con la Agencia Judía. Su rol fue escencial para que centenares de personas salieran del país, tanto las que corrían riesgo de ser secuestradas como muchos presos que estaban a disposición del PEN y que fueron rescatados por ellos. Entre los que fueron más reconocido por su actividad se encuentran el embajador Ram Nirgad y el sheliaj Danny Recanatti.

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