Odio decir «te lo dije», pero te lo dije.
¿Cuántas veces se lo habremos dicho a alguien? ¿Cuántas veces el tiempo valida algo que pensamos o manifestamos mucho tiempo antes? Y en ese momento pensamos: si me hubieras escuchado…
Estamos viviendo una época de retroceso absoluto a la era cavernaria. La inteligencia artificial, los avances tecnológicos, la medicina y los negocios invaden nuestra vida diaria, pero no alcanzan cuando en la televisión aparecen imágenes de Hamás y el terrorismo islamonazi, donde lo único que les falta es comerse a los muertos que ellos mismos asesinaron.
En las últimas 24 horas, hemos asistido—casi sin poder creerlo—a escenas del infierno en la Tierra. Un grupo de encapuchados transportó cuatro ataúdes negros con judíos asesinados en su interior, en medio de una celebración. Niños, mujeres y ancianos de Gaza cantaban como en una fiesta.
Es la cúspide de la materialización de lo diabólico en forma de personas. Por la noche, supimos que en uno de esos cajones no estaba Shiri Bibas, sino un NN. Dijeron que, tal vez, se confundieron porque los bombardeos israelíes en Gaza generaron un poco de caos.
No es necesario seguir hablando de este episodio terrible e inhumano. Ya hemos leído mucho en redes y medios de todo el mundo. Sin embargo, es imprescindible detenernos un instante y preguntarnos: ¿cómo no nos dimos cuenta antes de qué tan crueles eran en verdad los enemigos de los judíos?
Recuerdo que cuando era pequeño y, por ejemplo, se me ocurría meter los dedos en un enchufe, mi papá me decía que no lo hiciera. Pero cuando él ya no me veía, lo hacía igual. Comprenderán las consecuencias. Especialmente cuando el gran Samuel (de bendita memoria) me miraba y decía: te lo dije…
Hace aproximadamente un año, publiqué un breve pensamiento en X sobre la inocencia. Tal vez, mis intenciones fueron demasiado ambiciosas para desarrollarlas en poco más de cien caracteres. Manifesté que, en mi opinión, no existen los civiles inocentes en Gaza. Acompañé la reflexión con un video de un desfile de Hamás, donde terroristas encapuchados marchaban mientras niños los emulaban.
La discusión sobre la inocencia es realmente compleja, porque la cosmovisión de la misma no es igual para todos. Queda claro, por ejemplo, cuando quien ejerce el poder puede decidir arbitraria y violentamente quién es culpable o inocente de algo.
En este contexto, bien cabe preguntarse: ¿es posible que la inocencia sobreviva en medio de la corrupción en todas sus formas, especialmente la moral?
¿Qué otra cosa que corrupción moral es asesinar a bebés o meterlos vivos en un horno para cocinarlos? No se me ocurre forma alguna de inocencia en esas acciones. Es impensable que un ser capaz de tales atrocidades pueda criar a sus hijos o liderar a su sociedad con el más mínimo criterio de inocencia.
Debemos ser claros, aunque la corrección política intente desviarnos: la corrupción (en cualquiera de sus formas) es incompatible y antagónica con la inocencia.
Los terroristas no saben lo que es la inocencia. Y las sociedades gobernadas por terroristas tampoco pueden acceder a ese valor, porque es inexistente en medio de los corruptos. En consecuencia, vemos imágenes de gente celebrando asesinatos y llamando a matar judíos.
Probablemente, muchos ni siquiera sepan claramente qué tipo de personas son los judíos ni por qué deberían matarnos. Pero la inocencia es algo desconocido para ellos, porque sus padres y sus gobernantes se la han arrancado desde que nacieron.
Debe quedar claro: el liderazgo de Hamás (el gobierno de Gaza) es corrupto y ha inoculado la maldad en su sociedad. Y en la corrupción y la maldad no hay inocencia.
Quienes nos animamos a dar esta discusión somos habitualmente cancelados, especialmente por nuestra propia comunidad, que nos silencia y nos expulsa de sus instituciones.
Me enoja decirlo, pero lo dije. Y ahora vemos en redes y en reportajes a personajes horrorizados por la atrocidad del terrorismo islamonazi. ¿Acaso en el Tercer Reich existía la inocencia?

¿Han visto las fotos de Yarden y Shiri Bibas? No hay opción alguna de que ellos hayan inculcado en sus hijos pequeños o en su comunidad kibutznik algún sentimiento corrupto o malvado. Se nota en sus rostros y en lo que dicen quienes los conocieron.
Shir, Yarden, Kfir y Ari Bibas no me permiten dormir por las noches. Tuve hijos bebés. También amo a Batman. Y no debí haber permitido que me amedrentaran y me cancelaran por decir algo que todos sabemos:
«No existe la inocencia en medio de la corrupción. Y la sociedad islamonazi en Gaza es corrupta, tanto por su propia responsabilidad como por la de aquellos que callan y la financian.»
No puedo dormir porque me dejé cancelar y me recluí.
Perdón, familia Bibas. Perdón a los rehenes, a los muertos y a los vivos. También perdón a las familias de los soldados que caen y a las de los que no caen, pero quedarán marcados para siempre. Y Perdón porque decidí callarme para que no me cancelaran nuevamente.
Todavía estamos a tiempo de hacer algo. No basta con decir la verdad y advertir al mundo libre que primero vienen por nosotros, pero después irán por todos ellos. Explicar nuestros derechos a defendernos ya no le importa a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, porque lo hacemos sin pedir permiso.
Lo que necesitamos es tener claro que todo esto no es una cuestión de formas ni de corrección política, sino de hacer y decir lo que corresponde.
A los canceladores públicos que en privado nos dicen que tenemos razón: vayan a escribirlo en sus muros de Facebook, X o Instagram. Porque la corrección política terminará con nosotros, no nuestros enemigos.
Ya sé, me van a llamar extremista.
Por favor, vayan a leer a Jabotinsky… y después vuelvan.
Te lo dije.
Por Sergio Pikholtz, expresidente de la Organización Sionista Argentina y exvicepresidente 2° de la DAIA


Excelente reflexion, adhiero a cada una de tus palavras y te pido permiso para transcribirlo a tu nombre en mi facebook!
Jabotinsky , me hiciste poner de pie !
Compartí tu mensaje. No nos dejemos callar.
Al menos aquí ya lo sabíamos, son muchos los años que los tenemos al lado. Todos esos kibutzim creían en la convivencia con ellos, como cree hasta hoy los de la izquierda del gobierno, que no deja hacer lo que Israel debería hacer.
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Mensaje contundente: más que palabras bonitas o formas, se trata de actuar y sostener lo que corresponde con firmeza.