A mis amigos no judíos… Feliz día. Por Sissi Emperatriz

A mis amigos no judíos… Feliz día. Por Sissi Emperatriz
A mis amigos no judíos… Feliz día. Por Sissi Emperatriz

No a los que dicen “tengo un amigo judío” para justificar su antisemitismo.
Sino a los que se perciben como judíos.
A los que están tan cerca, tan adentro y tan comprometidos, que ya los consideramos parte de la cole.
A ustedes: feliz día.

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A los que estuvieron desde el primer minuto.
A los que, el 7 de octubre, no necesitaban entender geopolítica para saber que aquello era una masacre.
A los que, apenas se enteraron, abrieron un mapa para ver cuántos kilómetros había entre Raanana y Gaza.
A los que, sin saber decir Sderot, entendieron que estaban asesinando familias enteras mientras dormían.
A los que vieron cuerpos quemados, bebés ejecutados, mujeres violadas, niños secuestrados… y no preguntaron “¿qué hizo Israel?”.
A los que no justificaron la barbarie.
A los que no callaron.
A los que no buscaron equilibrio donde solo había horror.

A los que lloraron por cada uno de los 252 secuestrados, y siguen exigiendo la liberación de los 50 que permanecen cautivos.
A los que celebraron cada liberación con el alma en la garganta.
A los que escucharon los testimonios de quienes volvieron, y creyeron en esas voces aunque la prensa las apagara.
A los que entendieron que, cuando el mundo duda de una mujer violada por ser judía, eso no es periodismo: es antisemitismo.

A los que conocieron a Shiri, a Kfir y a Ariel, aunque no los hayan visto nunca, aunque no hablen hebreo.
A esos que saben que Ariel era fanático de Batman, y que ahora Batman es fanático de Ariel.
A los que me escribieron para decirme que no podían dormir después de ver los ataúdes, porque había algo en esos bebés muertos que rompía todas las palabras.

A los que aprendieron sobre Medio Oriente solo para poder estar a mi lado.
A los que aceptaron mi obsesión sin reproches.
A los que no se cansan de que sea monotemática.
A los que entienden mi tristeza, mis enojos y mis alegrías.
A los que no me piden que cambie de tema, ni de tono, ni de enfoque.
A los que me acompañan en la intensidad sin alejarse.
A los que critican en privado con amor, y me defienden en público con coraje.

A los que se expusieron en redes para defender a Israel, el país de los judíos.
A los que entendieron —a fuerza de enfrentarse con el odio— que no es lo mismo un genocidio que una guerra.
Que no es lo mismo atacar que defenderse.

A los que me escucharon contar lo que estaba pasando en tiempo real, con las manos temblando, sin dormir, sin parar.
A los que vieron cómo mi voz crecía mientras me estaban tratando de hacer desaparecer.
A los que vieron cómo, de pronto, mi historia personal se volvió colectiva.

A los que no sabían nada de Israel y se animaron a preguntar.
A los que pensaban que “Palestina” era un pueblo oprimido y entendieron que también hay víctimas con kipá.
A los que aprendieron qué es un pogromo, qué es la taqiyya, qué es Hamás, y por qué el antisionismo no es una crítica política, sino el disfraz de siempre del antisemitismo de siempre.

A los que entendieron que mi judaísmo no es una religión: es una herencia.
Y que mi sionismo no es un eslogan: es la necesidad de tener un lugar en el mundo donde pueda vivir, hablar hebreo, poner una mezuzá sin miedo y caminar con mis hijos sabiendo que no soy visitante en mi propia historia.

A los que me vieron mutar, aun cuando hablaba siempre de lo mismo.
A pesar del paso del tiempo.
A pesar de que esto parezca eterno.
Y, sin embargo, siguen estando ahí, todos los días.
Preguntando: “¿Cómo estás?” “¿Necesitás hablar?”

A los que no me pidieron que sea “neutral”.
Ni que me calle “por ahora”.
A los que sabían que el silencio no es empatía: es complicidad.

A los que hoy son tan sionistas como yo,
sin haber nacido en un hogar judío, sin haber aprendido hebreo, sin haber pisado jamás Israel,
porque entendieron que el sionismo no es supremacía ni colonialismo.
Es memoria. Es identidad. Es supervivencia.

Yo sé que muchos de ustedes se sorprenden cuando los judíos les damos las gracias.
Porque sienten que no están haciendo nada extraordinario.
Pero créannos: para nosotros, lo es.
Porque sabemos que podrían callar.
Que podrían mirar para otro lado.
Y no lo hacen.
Y eso, lo valoramos profundamente.

Si hay algo que tiene el pueblo judío, es memoria.
Y nosotros, eso que ustedes hacen —por más pequeño o silencioso que parezca—
no lo vamos a olvidar jamás.

Gracias a ustedes.
Por escuchar cuando nadie quería escuchar.
Por preguntar.
Por quedarse.
Por defendernos incluso cuando no les tocaba.
Por enseñarme que la amistad también puede ser refugio.
Por no haberse ido cuando dolía tanto.
Y por nunca haberme soltado la mano.

A todos ustedes:
los de siempre, los de ahora,
los amigos de toda la vida,
los amigos del último tiempo,
los que aparecieron después del 7 de octubre,
e incluso —sí, incluso—
los amigos virtuales que conocí a partir de la masacre y que me acompañan desde hace casi dos años.

A todos ustedes: los quiero mucho. Para siempre.

Por Sissi Emperatriz (@gabylob).

55 COMENTARIOS

  1. Comparto cada uno y todos estos conceptos,he vivido y aún vivo esos momentos a diario..gracias sissi!!!

  2. Qué hermoso Sissi lo que has escrito, comparto tus sentimientos y debemos permanecer unidos bregando por la Paz

  3. gracias a ti, por difundir la verdad, por ser razón y verdad en un mundo de cabeza donde lo aberrante es normal y lo normal es rechazado, mil gracias por jamás ceder ante las críticas sin fundamento. Gracias por jamás darte por vencida y por seguir adelante.

  4. It’s refreshing to find something that feels honest and genuinely useful. Thanks for sharing your knowledge in such a clear way.

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