Parashat Vayejí. Por Rabino Yerahmiel Barylka

Yerahmiel Barylka
Yerahmiel Barylka

Una de las bendiciones y augurios que solemos dar a los padres de un recién nacido es: «que te brinde muchas satisfacciones«. Pero, Yaakov no fue un padre cuyos hijos le provocaron grandes deleites.

Sus hijos fueron figuras complejas.

En algunos sentidos fueron buenos hijos. Pero también tuvieron deslices graves. Por ejemplo: Vendieron a un hermano y engañaron a su padre haciéndole creer que Yosef había muerto.

Don Isaac Abarbanel (1437–1508) una de las figuras judías más influyentes del final de la Edad Media, enfatiza que la familia de Yaakov es un laboratorio de relaciones humanas reales y que su grandeza surge precisamente de superar estas tensiones. Los hijos, mostraron recelos, rivalidad y falta de empatía, inquietudes y orgullo.

Como muchas personas, al ver cercana su muerte, en sus últimas horas de su vida, también «Yaakov llamó a sus hijos y les dijo: “Reúnanse para que les cuente lo que les sucederá en ajarit hayamim – los días venideros-.‘ (Bereshit 49:1). Esa expresión hebrea puede significar: “el final de los días”, “los días postreros”, “el tiempo final” o al «cabo de los días…», y la elección de su significado condiciona el significado.

Los comentaristas disienten entre sí.

Esta porción de la Torá se tituló «Vayejí– “Y vivió”», (siguiendo el verso de Bereshit-Génesis 47:28) a pesar de que habla de la muerte de Yaakov, porque mientras sus descendientes, sigan existiendo, el patriarca se considera que continúa en vida.

Vayejí nos enseña que la vida verdadera es la que deja huella. La muerte no borra una vida con propósito. Mientras sus descendientes sigan vivos y sigan su camino, él sigue viviendo a través de ellos. La vida espiritual y moral de un tzadik no termina con la muerte física.

El talmud de Babilonia en Taanit 5b enseña: «Después de haber comido, el rabino Yitzjak le dijo a Rav Najmán que el rabino Yojanán dijo lo siguiente: Nuestro patriarca Yaakov no murió. Rav Najmán le preguntó sorprendido: ¿Y fue en vano que los que pronuncian elogios lo elogiaron y los embalsamadores lo embalsamaron y los sepultureros lo enterraron? El rabino Yitzhak le respondió a Rav Najmán: Estoy interpretando un versículo, como está escrito: “Por tanto, no temas, Yaakov, mi siervo, dice el Señor, ni te desanimes, Israel, porque te salvaré de lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautiverio” (Jeremías 30:10). Este versículo yuxtapone a Yaakov con su simiente: así como su simiente está viva cuando es redimida, así también Jacob mismo está vivo

Los sabios explican que los tzadikim (justos) incluso después de morir siguen en vida porque su influencia, sus enseñanzas y su ejemplo siguen actuando en el mundo.

El mensaje aquí es de inmortalidad y continuidad de su familia transformada con el tiempo en pueblo y luego en nación.

Yaakov reconocía las diferentes personalidades, cualidades y talentos de cada uno de sus hijos y nietos. Ello es fácil de percibir leyendo los textos de las palabras que brindó a sus hijos y nietos. No fue una alocución igual para cada uno.  El mero hecho de mencionar a los doce hermanos por su nombre es una novedad en la parashá «Vayejí». Por lo general, los hermanos no son mencionados por sus nombres a lo largo del Génesis, sino que funcionan como una sola figura, en la que se destacan algunos individuos.

El Midrash enseña que las bendiciones a sus hijos no son simples palabras poéticas: son profecías, identidades espirituales y tareas históricas para cada tribu. Y quizá sea ese hecho el que garantiza que, mientras sus descendientes sigan vivos, Yaakov también viva.

Porque cada uno de sus descendientes podría decir, comentando la bendición que recibió —todas ellas diferentes y personales—, que su anciano padre y abuelo los entendía y los reconocía tal y como eran. Y por eso, atesoraban su memoria y defendían su causa a lo largo de los siglos.

Comentaristas (como por ejemplo Rambán, Sforno, Abarbanel) ven el capítulo como un testamento espiritual.

Yaakov no solo describe lo que serán, sino quiénes deben ser. A Yehudá le transmite liderazgo responsable.  A Yosef, la capacidad de sostener a sus hermanos.  A Reuvén, la importancia del autocontrol.  A Shimón y Leví, el peligro de la violencia desmedida. Hay allí un legado con valores y misión para cada hijo.

Pero es también un mandato con instrucciones explícitas: para mantener la identidad familiar y mandato porque los que serán tribus en el futuro, reciben una tarea histórica que debe cumplir.

Encontramos en las palabras de Yaakov, bendición, profecía, legado y un mandato al mismo tiempo.

Por eso personas ilustradas dicen que Génesis 49 es el primer “testamento ético” de la historia judía.

Las relaciones que tienden puentes entre el tiempo y el espacio, las generaciones y los trastornos solo pueden forjarse sobre el reconocimiento y la aceptación de la singularidad de las partes implicadas.

En última instancia, no hay bendición en la vida nacional y personal que se derive de la conformidad.

La concisa observación del Rebe de Kotzk fue: «Si yo soy yo y tú eres tú, entonces yo soy yo y tú eres tú; pero si yo soy tú y tú eres yo, entonces yo no soy yo y tú no eres tú».

Las bendiciones de Yaakov a sus futuras generaciones reflejan la sabiduría de esta verdad evidente.

Rabino Yerahmiel Barylka

1 COMENTARIO

  1. Tuvo Yaakov problemas con los hijos pero siguió enseñando los caminos
    Que debían seguir

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