
Tamar Biton estaba en la cocina cuando una explosión sacudió su casa en la ciudad central de Beit Shemesh el domingo, destrozando las ventanas y derrumbando el techo con un estruendo más fuerte que cualquier cosa que hubiera escuchado jamás. Efetos colaterales de la guerra con Irán.
Al dirigirse a lo que quedaba de una ventana, vio fuego y destrucción por todas partes, dijo.
“No pude encontrar a mis hijos, pero estaba segura de que podrían rescatarlos de debajo de los escombros”, dijo.
Eso no iba a ser posible. Se necesitaron 24 horas para identificar los cuerpos de tres de sus cuatro hijos: Yaakov, que estaba a punto de celebrar su 17.º cumpleaños esa noche; Abigail, de 15 años; y Sara, de 13
Se encontraban entre las nueve personas que murieron el domingo cuando un ataque con misiles iraníes demolió una sinagoga y varias viviendas en Beit Shemesh. Los servicios de rescate israelíes informaron que 65 personas fueron hospitalizadas en el ataque, incluidas dos heridas de gravedad.
Tamar Biton, su marido Yitzhak, y su hija sobreviviente, Rachel, de 4 años, están observando la shiva, los siete días de luto según la tradición judía, en un hotel de Jerusalén donde fueron ubicados después de que su casa fuera destruida.
Durante horas y horas, mientras vecinos, amigos y desconocidos se reunían a su alrededor, Tamar contaba historias sobre sus tres hijos.
Yaakov, un líder y orador nato, estudió en la yeshivá que dirigía su esposo y era conocido por acercar a sus amigos a la observancia judía. Abigail era inteligente, sensible y reflexiva, y Sara era un torbellino de actividad, siempre ayudando en la casa y en la comunidad.
Mientras Tamar hablaba, se le iluminaba la cara al recordar detalles de cada uno de los niños que había enterrado el lunes en un funeral nocturno en el cementerio del Monte de los Olivos de Jerusalén, uno de los lugares más sagrados para los judíos. Pero cuando Tamar dejó de hablar, pareció desmoronarse al recordar lo sucedido.
Yitzhak Biton, rabino, había impartido una clase sobre textos judíos aquella mañana letal en el seminario judío que dirige; su hijo había asistido junto con su mejor amigo, Gavriel Ravach, de 16 años. Ambos murieron en el ataque con misiles.
Otras familias también perdieron a varios miembros, incluyendo a la paramédica voluntaria Ronit Elimelech, de 45 años, y a su madre, Sara Elimelech. Penina Cohen perdió a su esposo, Yosef, y a su suegra, Bruria, en el ataque. Su hijo debía celebrar su bar mitzvá, la ceremonia judía de mayoría de edad, el lunes. En cambio, enterró a su padre y a su abuela, según informó Cohen al presidente Isaac Herzog cuando la visitó en el hospital.
Cuando las alarmas sonaron para advertir de un ataque con misiles el domingo por la tarde, Yitzhak Biton dijo que decidió quedarse en la casa, pero Yaakov, Avigail y Sarah se dirigieron al refugio debajo de la sinagoga, siguiendo las pautas de Israel para los civiles.
Aunque Yaakov fue encontrado dentro del refugio, no se sabe con certeza si Abigail y Sara lograron llegar a tiempo, dijo Tamar Biton. El impacto destruyó la sinagoga sobre el refugio y las casas en varias calles aledañas.
A medida que la esperanza de supervivencia de sus hijos se desvanecía, Tamar Biton cambió sus oraciones.
