
Ni los boicots, ni las campañas de odio, ni los manifestantes pro-palestinos en las puertas de los estadios lograron sacar a Israel de Eurovision, pero lo que no consiguieron los enemigos externos podría concretarlo, paradójicamente, el propio parlamento en Jerusalén, reportó Israel Económico.
Pocos días después de la hazaña de Noam Bettan, que terminó segundo en el festival en Viena, la Unión Europea de Radiodifusión (o EBU, la sigla de European Broadcasting Union) le envió una carta de advertencia formal al presidente de la Comisión de Finanzas de la Knesset: si Israel debilita la independencia de su emisora pública, corre riesgo su lugar en Eurovision.
En el centro de la tormenta está una propuesta legislativa que busca eliminar el presupuesto fijo y garantizado por ley de Kan, la emisora pública israelí, para someterlo —según advierten analistas locales y críticos del primer ministro, Benjamin Netanyahu— a las decisiones del gobierno de turno.
El CEO de la EBU, Noel Curran, le escribió al diputado Hanoch Milwitzky, presidente de la comisión, para expresar su «profunda preocupación» por ese proyecto, que se está debatiendo en estos días.


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