Científicos israelíes del Instituto Weizmann identificaron por primera vez células inmunológicas con «memoria», capaces de reconocer tumores de cáncer de ovario y producir anticuerpos eficaces contra ellos. El descubrimiento podría impulsar el desarrollo de vacunas destinadas a evitar que ciertos cánceres vuelvan a aparecer tras el tratamiento.
Aunque solemos olvidar rápidamente que estuvimos enfermos o que recibimos una vacuna, el sistema inmunológico recuerda extraordinariamente bien. Cuenta con células B de memoria —células inmunológicas “entrenadas” que circulan por todo el cuerpo en busca de invasores dañinos con los que ya se han encontrado anteriormente— y que pueden desplegar rápidamente armas dirigidas cuando vuelven a enfrentarse a un patógeno.
Ahora, investigadores del laboratorio del profesor Ziv Shulman, del Weizmann, hallaron que las células B de memoria activadas también pueden reconocer a un enemigo interno: las células cancerígenas.
En pacientes con cáncer de ovario, los investigadores identificaron células de memoria capaces de dirigirse hacia el tumor, activarse y producir anticuerpos eficaces contra él. El nuevo estudio, cuyos resultados fueron publicados en la revista Immunity, impulsa el desarrollo de vacunas y terapias basadas en la memoria inmunológica contra el cáncer.
El arsenal del sistema inmunológico, recordaron desde la universidad israelí, contiene cientos de millones de clones de células B, cada uno productor de un anticuerpo único contra un patógeno específico.
Esos anticuerpos son proteínas que identifican su objetivo y lo neutralizan o reclutan a otras células inmunológicas para atacarlo. Cuando un clon se encuentra con su objetivo por primera vez, su anticuerpo se une débilmente y desencadena una respuesta limitada. Pero algunas de esas células ingresan a «campos de entrenamiento» —estructuras llamadas centros germinales en los ganglios linfáticos— donde atraviesan cambios genéticos y una rigurosa selección, emergiendo con anticuerpos mucho más eficaces.
Algunas de esas células entrenadas se convierten inmediatamente en productoras activas de anticuerpos. Otras se transforman en células de memoria que permanecen inactivas, circulando entre la sangre y los ganglios linfáticos, pero capaces de activarse rápidamente si el organismo vuelve a exponerse al patógeno.
En los últimos años, quedó claro que las células B infiltran tumores y producen anticuerpos contra células cancerígenas. En un estudio del 2022, por ejemplo, el equipo de Shulman identificó este tipo de células en tumores cancerosos de ovario. Sin embargo, seguía sin saberse si el sistema inmunológico también genera células de memoria capaces de proporcionar protección inmunológica de largo plazo contra el cáncer.
La nueva investigación, liderada por el doctor Nachum Nathan, del laboratorio de Shulman, se enfocó en células inmunológicas provenientes de muestras tumorales y de ganglios linfáticos cercanos. Las muestras fueron recolectadas de once pacientes con el tipo más común de cáncer de ovario, en colaboración con el centro médico Rabin, en Petah Tikva.
Para sorpresa de los investigadores, los ganglios linfáticos adyacentes a los tumores no sostienen una respuesta inmunológica activa. En cambio, albergan células B de memoria cuyo material genético contiene el código para anticuerpos capaces de unirse al tumor.
«Dado que no existían reportes previos sobre una memoria inmunológica eficaz contra el cáncer, éramos escépticos respecto de la importancia de las células que descubrimos», afirmó Shulman. «Pero decidimos darles una oportunidad —añadió—. Secuenciamos su ‘receta’ genética para producir anticuerpos y los generamos artificialmente en el laboratorio».
Shulman dijo que les resultó asombroso descubrir que más de un tercio de esos anticuerpos se unían fuertemente a células de cáncer de ovario. Debido a que las células cancerígenas se originan a partir de células sanas del propio organismo, «al principio nos preguntamos si los anticuerpos simplemente estaban atacando indiscriminadamente células humanas, pero se unieron de manera menos eficaz a tipos de células no cancerígenas».
«En otras palabras —remarcó—, las células de memoria resultaron ser un arma dirigida contra el cáncer de ovario«.
Aunque esas células no estaban activas en los ganglios linfáticos —el sitio natural donde se inicia la respuesta inmunológica— tampoco permanecían inactivas. «En el tumor encontramos células B que acababan de activarse y pertenecen a los mismos clones que las células de memoria presentes en los ganglios linfáticos», explicó Nathan.
Los hallazgos, continuó, «sugieren que las células B de memoria anticancerígenas pueden migrar desde los ganglios linfáticos hacia el tumor, ingresar allí en ‘campos de entrenamiento’ y generar una respuesta inmunológica eficaz». De este modo, «participan en una batalla inmunológica de largo plazo contra el cáncer, un descubrimiento que podría impulsar el desarrollo de tratamientos innovadores para el cáncer de ovario y otras enfermedades malignas», precisó el investigador.
La memoria inmunológica se encuentra con la prevención del cáncer
Durante la última década, el tratamiento del cáncer atravesó una transformación significativa con el desarrollo de la inmunoterapia, un enfoque terapéutico que aprovecha el sistema inmunológico del paciente para combatir tumores.
Algunos de estos tratamientos se basan en un principio similar al de las vacunas de rutina, como las aplicadas contra COVID-19 o influenza: la exposición a una sustancia inocua que imita a un patógeno y estimula así la producción de células B de memoria capaces de reconocerlo y atacarlo eficientemente ante una nueva exposición.
Sin embargo, a diferencia de las vacunas clásicas diseñadas para prevenir enfermedades, las inmunoterapias basadas en vacunas generalmente están destinadas a personas que ya están enfermas. El hallazgo de que las células B son capaces de generar memoria inmunológica contra el cáncer sugiere ahora que podría ser posible desarrollar vacunas activas no solo para tratar distintos tipos de cáncer, sino también para prevenir su reaparición.
Una de las razones por las que los tumores suelen reaparecer es la aparición de nuevas mutaciones en las células cancerígenas supervivientes, lo que les permite evadir al sistema inmunológico. En ese contexto, los investigadores realizaron un descubrimiento alentador: algunas de las células B de memoria identificadas producen anticuerpos contra una proteína central del cáncer de ovario que resulta crucial para su propagación.
Probablemente, apuntó el informe del Instituto Weizmann, para las células cancerígenas sería demasiado «costoso» mutar una proteína tan esencial, por lo que los anticuerpos dirigidos contra ese tipo de proteínas deberían proporcionar protección de largo plazo.
El origen del problema de la memoria
Otra pregunta que permanecía abierta en el nuevo estudio era por qué las células B preformadas no estaban siendo activadas en los ganglios linfáticos. Para investigar qué impedía su activación, el equipo colaboró con la doctora Leeat Keren, también del instituto, e identificó una población de células recolectoras llamadas macrófagos que suprimen la formación de centros germinales en los ganglios linfáticos, impidiendo así la activación de las células B.
Mediante microscopía, los científicos observaron en tiempo real cómo los macrófagos engullían selectivamente células B que estaban en pleno proceso de «entrenamiento».
«El fenómeno de los macrófagos devorando células B no es exclusivo del cáncer», agregó Shulman. «En enfermedades inflamatorias intestinales —destacó— descubrimos que, a medida que aumenta la cantidad de macrófagos supresores en los ganglios linfáticos, se forman menos centros germinales».
Según el experto, en el futuro podría ser posible apuntar contra esas células recolectoras y liberar todo el potencial de la memoria inmunológica. «Alternativamente —completó—, incrementar su actividad podría ayudar a suprimir una respuesta inmunológica excesiva, por ejemplo en enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmunológico ataca por error células sanas».
Fuente: Israel Económico.