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Conmoción mundial: intento de atentado contra Donald Trump en Washington

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resultó ileso tras sufrir un grave intento de atentado durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca en Washington. Un tirador solitario irrumpió armado en el hotel Hilton, desatando el pánico total entre los periodistas y altos funcionarios del gobierno presentes.

Cómo fue el atentado contra Donald Trump y la respuesta de seguridad

Según los reportes oficiales, el brutal atentado fue perpetrado por un sujeto de 31 años, identificado como Cole Tomas Allen. El agresor irrumpió violentamente en el vestíbulo portando armas de fuego y múltiples cuchillos, efectuando una serie de disparos que afortunadamente no alcanzaron a ningún invitado civil, aunque un agente policial recibió un impacto directo en su chaleco antibalas.

IMPORTANTE: Video: así fue el momento en que evacuaron a Donald Trump por un tiroteo

El caos y la desesperación se apoderaron del inmenso salón subterráneo del Washington Hilton. Mientras el Servicio Secreto aseguraba el perímetro y retiraba al presidente hacia una zona de máxima seguridad, los cientos de asistentes se arrojaron al piso y se escondieron debajo de las mesas para proteger sus vidas.

Horas más tarde, ya resguardado y aún con su esmoquin puesto, el líder republicano minimizó las consecuencias del episodio. «Cuando eres influyente, van tras de ti. Cuando no eres influyente, te dejan en paz», declaró el jefe de Estado, asegurando que el atacante (al que tildó de «persona enferma») habría actuado de forma individual como un lobo solitario.

El FBI confirmó que la investigación ya está en curso y que en el lugar del hecho se recuperó un arma larga junto a varios casquillos. Se trata de la tercera vez desde 2024 que el actual mandatario enfrenta un intento de asesinato.

Fuente: Minuto Uno

Quién es Eyal Ostrinsky, el presidente más joven del KKL de los últimos 30 años

El presidente del KKL-JNF, Eyal Ostrinsky, está hablando por teléfono cuando entro en su oficina en Jerusalén. He estado en este edificio muchas veces a lo largo de los años. Lo que es diferente esta vez es el tono de la conversación. Ostrinsky está dando instrucciones a su personal, en términos muy específicos, sobre el despliegue de emergencia de refugios portátiles en los municipios del norte. ¿Dónde? ¿Cuántos? ¿Qué pueblos los recibirán primero?

Termina su intervención, se disculpa y se sienta. Nos reunimos después del alto el fuego que puso fin a la Operación León Rugiente, pero en la sala se respira un ambiente de calma.

“No podemos reconstruir después de cada ronda”, dice. “Tenemos que resolver esto ahora”.

Ostrinsky, de 41 años, es el presidente más joven que ha tenido el KKL-JNF en décadas. Fue elegido por la junta directiva a finales de diciembre como parte de un acuerdo de coalición entre el bloque liberal de centroizquierda y el Likud en el Congreso Sionista Mundial. Asumió el cargo el 1 de enero, sucediendo a Ifat Ovadia-Luski, la primera mujer en ocupar dicho puesto.

La contienda electoral se vio acentuada por el escándalo que rodeó el intento del ministro de Cultura y Deporte, Miki Zohar, el pasado octubre, de nombrar a Yair Netanyahu jefe de departamento con un salario ministerial. Esta iniciativa fracasó ante la presión pública y obligó a los bloques rivales a buscar un compromiso. En ese sentido, Ostrinsky es el candidato que nadie esperaba del todo, lo que quizás explique por qué el puesto le sienta tan bien.

Silvio Joskowicz- Eyal Ostrinsky
Silvio Joskowicz- Eyal Ostrinsky

Su ritmo es increíble. Ha celebrado 10 reuniones del comité ejecutivo y nueve reuniones de la junta directiva en sus primeros tres meses y medio, un ritmo que contrasta con los mandatos recientes, cuando la junta a veces se reunía cinco o seis veces al año.

“Quiero decisiones rápidas, reuniones rápidas, ejecución rápida”, dice. “Donde la burocracia es excesiva, quiero que se reduzca, y que se reduzca drásticamente”.

Habla como dirige las reuniones: rápido, cada frase repleta de números, fechas y partidas presupuestarias. Parece recordar de memoria cada cifra de su enorme presupuesto. En toda nuestra conversación, no consulta ningún informe ni una sola vez.

Su primera prueba personal llegó rápidamente. A las tres semanas de gestación, su esposa entró en trabajo de parto prematuro a las 28 semanas. Su hija pasó dos meses en la unidad de cuidados intensivos neonatales. Ostrinsky dirigía la organización desde el vestíbulo del hospital, moviéndose entre la incubadora y un grupo rotativo de funcionarios que necesitaban tomar decisiones.

“Mi esposa fue extraordinaria”, dice. “Intentamos repartir las responsabilidades de la crianza de los hijos equitativamente. Esta vez, no fue posible. Yo iba de bebé a reunión, de reunión a bebé, de reunión a reunión”.

La hija ya está en casa. Según él mismo cuenta, está muy cansado.

La agenda de reformas con la que llegó no era sutil. Buscaba lo que él denomina una «rehabilitación pública» del KKL-JNF: menos vuelos, menos patrocinios de conferencias y menos gastos del tipo que han convertido a la organización en blanco recurrente del periodismo de investigación israelí. Los reportajes anteriores de Raviv Drucker, del Canal 13, sobre el gasto de los emisarios siguen estando por detrás de la institución, al igual que las quejas más recientes sobre los puestos de trabajo otorgados a personas con influencias políticas.

“Algunas de esas críticas son ciertas”, afirma Ostrinsky. “Desde el primer día, dije que no solo quería un programa de eficiencia, sino una rehabilitación pública. Se trata de reducir el despilfarro, acortar la brecha entre los recursos y el propósito, y reorientar la organización hacia aquello para lo que fue creada”.

Esa tesis de reorientación se puso a prueba el 28 de febrero, cuando misiles iraníes alcanzaron ciudades israelíes. En la primera semana de la guerra, Beit Shemesh y Beersheba fueron atacadas. Dos días después, Ostrinsky estaba en Beit Shemesh. No, según él, en una «visita antropológica», sino para hacer una pregunta práctica: ¿Qué necesitan ahora mismo?

La respuesta fue el dinero. En cuestión de días, el comité ejecutivo aprobó 2,5 millones de séqueles para Beit Shemesh y Beersheba, respectivamente: 1 millón para uso de emergencia inmediato y 1,5 millones para protección.

Dimona y Arad, golpeados dos semanas después, recibieron el mismo trato, pero con un plazo más ajustado.

“El incidente ocurrió el sábado por la noche”, dice Ostrinsky. “Para el lunes ya estábamos recorriendo las instalaciones, celebrando la reunión del comité ejecutivo en Arad y aprobando la ayuda ese mismo día”.

La gente necesitaba un lugar para respirar

En Arad, la ciudad utilizó parte del dinero para reforzar la seguridad del club de campo municipal, que había sido cerrado por falta de protección adecuada. La gente necesitaba un lugar donde respirar.

El norte representaba otro tipo de problema. Los residentes acudían a los refugios 20, 30, a veces 50 veces al día. Ostrinsky dedicó un día entero a llamar a los jefes de las autoridades locales a lo largo de la línea de conflicto, entre ellas Kiryat Shmona, Shlomi, Metula, Nahariya y Ma’alot, para preguntarles qué necesitaban. La respuesta, según cuenta, no fue una evacuación total, que ni el gobierno ni los municipios deseaban. Fue un respiro. Breves descansos organizados de tres o cuatro días, con transporte, alojamiento, educación y programas culturales gestionados de principio a fin.

Comenzó con 7 millones de séqueles. Ante la persistencia de la situación, los responsables locales solicitaron más fondos. El programa se amplió a 32 millones de séqueles. Tan solo en una semana, más de 8.000 residentes de la zona norte fueron trasladados a hoteles durante cinco días, y se programó la estancia de miles más para la semana siguiente. El total superó los 13.000 residentes.

Los agricultores plantearon un problema similar: no podían trabajar los campos porque no había espacios protegidos cerca. Los consejos regionales presentaron solicitudes con mapas para aproximadamente 200 unidades de refugio agrícola. Ostrinsky se comprometió a construir entre 120 y 130.

Pasó la noche del Seder de Pésaj en un albergue en Kiryat Shmona, junto con el alcalde y miles de residentes distribuidos en aproximadamente 70 albergues públicos.

“Algunos de los refugios habían sido reformados y estaban en buenas condiciones”, dice. “Otros no”.

A la mañana siguiente, la renovación de los refugios públicos en Nahariya, Shlomi, Kiryat Shmona y Ma’alot ya figuraba como partida presupuestaria.

Ostrinsky llegó a este puesto procedente de la política. Se unió al Partido Laborista en 2005, tras servir en el ejército en una unidad que localizaba desertores. (Fue rechazado para el combate debido a un cáncer que padeció de niño, según menciona de pasada). Colaboró ​​en la campaña de Danny Atar para la presidencia del KKL-JNF en 2015 e ingresó en la institución como asesor sénior.

Avraham Duvdevani, el veterano presidente de la Organización Sionista Mundial, solía bromear diciendo que Ostrinsky aprendió en tres meses lo que otros no habían aprendido en 30 años.

Regresó a la política como asesor del diputado Eitan Cabel, fue asesor principal de Amir Peretz cuando este era presidente del Partido Laborista y ministro de Economía, y en 2020 Yizhar Hess, actual vicepresidente de la Organización Mundial de la Ciencia (OMS), lo reincorporó a las instituciones nacionales. Fue jefe de gabinete de Hess hasta la presente legislatura.

Se le considera uno de los políticos más influyentes de las instituciones nacionales, una figura que logró acceder a un puesto con el que muchos solo pueden soñar. Se describe a sí mismo como una persona que busca el consenso, con valores liberales y progresistas, y un estilo político pragmático que atribuye al antiguo instinto del Mapai.

“La política debe apuntar a la acción y a la realización”, afirma, “no solo a gritar desde los escaños de la oposición”.

Apoyó al gobierno de unidad Netanyahu-Gantz en 2020. Cuando este se derrumbó, llegó a la conclusión de que la política se había vuelto demasiado inestable y comenzó a pensar en regresar a las instituciones.

La tesis de la reforma, una vez que se elimina la retórica, es simple: gastar menos en la máquina, gastar más en la misión y reducir la lista de misiones.

Él menciona tres áreas clave. La silvicultura es la primera. El contexto climático ha cambiado, y Ostrinsky quiere expandir considerablemente las áreas forestales, impulsar la plantación de árboles como un objetivo cuantificable y hacer frente a la mortandad de árboles que el cambio climático está acelerando. También quiere que el público disfrute de los bosques: mayor accesibilidad, más senderos, más áreas de pícnic y más miradores.

El agua ocupa el segundo lugar. KKL-JNF planea invertir aproximadamente 100 millones de NIS al año en nuevos embalses con la Autoridad del Agua y ampliar su modelo más allá de los embalses de agua reciclada a embalses de agua dulce en Galilea y la zona circundante a Gaza. La rehabilitación de arroyos, un área que la organización había abandonado discretamente, vuelve a estar en la agenda.

El desarrollo territorial ocupa el tercer lugar. Ostrinsky habla en términos de agrupaciones geográficas: los Altos del Golán, la línea de confrontación norte, Galilea, la zona fronteriza de Gaza, el Néguev central, el Arava, el valle del Jordán y la región del Mar Muerto.

No le gustan los eslóganes sobre “un millón de nuevos residentes”. El verdadero crecimiento demográfico, afirma, se produce de mil en mil personas y solo se consolida cuando llegan con ellas escuelas, cultura y una mejor calidad de vida. KKL-JNF está comprando apartamentos en Kiryat Shmona, Arad, Beit She’an y Nahariya para atraer a familias jóvenes comprometidas con la causa. En Kiryat Shmona, el objetivo es atraer a 300 de estas familias.

Respecto a la educación sionista informal, es categórico. Los jóvenes israelíes que realizan un año de servicio militar previo al ingreso en el ejército, las academias premilitares, los programas de servicio militar y los movimientos juveniles son, en su opinión, los pilares fundamentales del liderazgo sionista. Desea que el apoyo a las iniciativas educativas informales aumente de 40 millones de séqueles a 60 millones anuales en un plazo de dos años, y el apoyo a las escuelas de campo de 10 millones a 15 millones de séqueles.

La lista de cosas que quiere que KKL-JNF deje de hacer es más corta pero directa. Apoyar la creación de centros médicos y ciertos proyectos de innovación y tratamiento, afirma, no es la función de la organización. «Nos hemos involucrado en demasiados proyectos que pueden ser importantes para la gente, pero que no forman parte de nuestra misión principal. No digo que sean malos; digo que no nos corresponden».

Para ser presidente del KKL-JNF, Ostrinsky habla de la diáspora más que cualquiera de sus predecesores a quienes he entrevistado en este edificio. Y tiene razón. En los últimos cinco años, el presupuesto de la organización para el trabajo con la diáspora pasó de unos 12 millones de NIS a unos 70 millones. Este año ronda los 90 millones. Él quiere que sea aún mayor.

Su argumento se estructura en dos partes. La primera es institucional: «KKL-JNF es una institución nacional. Fue creada por la diáspora judía para el Estado de Israel y también para el pueblo judío. Pertenece al pueblo judío, no solo a Israel. Si el pueblo judío necesita ahora apoyo en el extranjero, no podemos decir que nuestra responsabilidad termina en las fronteras del Estado». La segunda es situacional. El antisemitismo, afirma, es una emergencia de seguridad.

KKL-JNF ha duplicado su presupuesto ordinario para el antisemitismo y el trabajo en los campus, pasando de 3 millones de NIS a 6 millones de NIS, y ha añadido una asignación especial de dos años de cerca de 20 millones de NIS, por encima del presupuesto base, para las mismas áreas.

El segundo desafío de la Diáspora es el distanciamiento de los judíos del Estado de Israel

El segundo desafío de la diáspora, afirma, es el distanciamiento, sobre todo entre los judíos reformistas, conservadores y liberales. Parte de ello se debe a las políticas del gobierno israelí, y parte a la política religiosa. En este punto, Ostrinsky no cede en su postura.

«Lo que ha estado ocurriendo en torno al Muro de las Lamentaciones es, en mi opinión, una locura», me dice. «Lo digo como presidente del KKL-JNF y como alguien profundamente comprometido con el mundo judío. Daña la relación con la diáspora judía. No se puede ignorar el hecho de que millones de judíos en todo el mundo son reformistas y conservadores, y muchos más son judíos seculares. Algunos no siguen todos los debates israelíes. Pero los líderes sí. Cuando ven exclusión y desprecio, se alejan».

Tras años cubriendo la actualidad judía estadounidense, he oído a funcionarios israelíes de todos los partidos usar la palabra «doloroso» para referirse a este tema. Rara vez he oído usar la palabra «locura». Que el presidente del KKL-JNF, cuyo cargo existe gracias a que los judíos de la diáspora lo construyeron y financiaron durante más de un siglo, haya elegido esa palabra públicamente es noticia.

Él recurre a un ejemplo concreto. El rabino Elliot Cosgrove, de la sinagoga de Park Avenue en Nueva York, sacó su teléfono durante el servicio religioso del 7 de octubre de 2023 e instruyó a los feligreses a donar de inmediato para la iniciativa de emergencia a través de las federaciones.

«Eso dice mucho sobre el compromiso», afirma Ostrinsky. «Tenemos que invertir en el desarrollo del liderazgo sionista en todas las corrientes, incluidas las comunidades reformistas y conservadoras. Puede que el gobierno israelí esté haciendo todo lo posible por alejarlos. Tenemos que hacer todo lo posible por mantenerlos cerca, incluso cuando la relación sea conflictiva».

Cuando le pregunto si esta es realmente la función de una institución centrada en la tierra y el agua, no duda. «La identidad del KKL-JNF es nacional. El pueblo judío es el marco más amplio. Si ese marco está en crisis, la institución tiene que estar presente».

También está desmantelando discretamente una antigua infraestructura del KKL-JNF. Los puestos de «emisario educativo central», en los que se enviaba a un emisario de alto rango a un país para luego integrarlo en una serie de actos ceremoniales, han sido cancelados este año.

“No creo en ese modelo”, afirma.

Lo que él propone, en cambio, lo denomina «shlihut de vanguardia»: jóvenes en servicio comunitario previo al servicio militar, emisarios del movimiento juvenil, emisarios en los campus universitarios, emisarios docentes, desplegados donde realmente reside la principal población judía.

Según él, las comunidades fuertes pueden enviar sus propios emisarios. Las de tamaño mediano, como las de Roma o alguna ciudad estadounidense secundaria, necesitan apoyo financiero. KKL-JNF, en su opinión, está ahí para cubrir esa necesidad. El apoyo a los movimientos juveniles globales ronda actualmente los 15 millones de NIS anuales. Prevé que esta cifra aumente hasta los 20 millones.

Rechaza el antiguo criterio de medir la conexión judía únicamente por la aliá. Hoy, afirma, un joven judío que permaneció en la Diáspora pero dirige una institución comunitaria judía y está comprometido con Israel es un ejemplo de éxito, no de fracaso. Este enfoque es más importante de lo que parece. Es la diferencia entre una institución que trata a la Diáspora como una fuente de reclutamiento y otra que la trata como una comunidad.

Antes de terminar, le pregunto cómo quiere que se mida a KKL-JNF. Responde con una sola palabra: impacto.

«Si apoyamos a jóvenes que realizan un año de servicio comunitario premilitar, quiero saber si la cifra pasó de 30 a 50», afirma. «Si Birthright pregunta sobre un programa de voluntariado, quiero saber si creció de 4000 a 6000 participantes. Si plantamos árboles, quiero saber cuántos árboles sobreviven. Invertimos 10 millones de NIS, y este es el resultado. Y si no hubo ningún cambio, también lo decimos».

Su postura sobre la presencia de socios de derecha y haredíes en la junta directiva es algo que algunos considerarían impopular. «El sionismo triunfó», afirma. «El movimiento reformista se unió tras no haber estado presente desde el principio. Los haredíes también se incorporaron más tarde. Es una situación compleja. Pero también es una señal de que estas instituciones siguen siendo importantes».

Hacia el final de la conversación, Ostrinsky parece genuinamente sorprendido de que no le haya insistido más sobre las disputas políticas internas en las instituciones nacionales. Algunas ya las conozco, le digo. De otras prefiero no saber. Se ríe y cambiamos de tema.

Al marcharme, su personal estaba de nuevo en la puerta con un mapa de las localidades del norte y una lista de refugios a la espera de aprobación. El alto el fuego se mantiene. El Norte no.

A Ostrinsky le quedan aproximadamente dos años y medio antes de que la presidencia pase a un sucesor del Likud, según el acuerdo de coalición que lo llevó al poder. Está corriendo el tiempo como si lo supiera.

Una nueva tragedia golpeó Israel: mujer embarazada se desplomó y murió

Reut Cohen, una mujer de 35 años de Ra’anana (Israel), embarazada de gemelos, fue trasladada de urgencia al hospital en estado crítico tras desplomarse en su domicilio. Los médicos practicaron una cesárea de urgencia, pero finalmente se vieron obligados a declarar el fallecimiento de la madre y de ambos bebés.

«Una mujer de 35 años de Ra’anana, que se encontraba en la semana 28 de su primer embarazo (gemelos), fue trasladada durante la noche al Centro Médico Meir en estado crítico mientras se le practicaban maniobras de reanimación tras desplomarse en su domicilio», informó el hospital.

«A su llegada, se le practicó una cesárea de urgencia en la sala de traumatología, y varios equipos continuaron con los esfuerzos de reanimación, prolongados y avanzados, tanto para la madre como para los bebés.»

El hospital de Israel añadió: «A pesar de los grandes esfuerzos realizados, el equipo médico se vio obligado a declarar el fallecimiento de la madre y los dos recién nacidos. Aún no se ha determinado la causa de la muerte y el incidente ha sido notificado al Ministerio de Salud. Compartimos el profundo dolor de la familia y pedimos que se respete su privacidad durante este difícil momento».

Itay, hermano de Reut, expresó con tristeza: «No hay palabras para describir el dolor que siento ahora mismo. Mi hermana Reut nos ha dejado. Se fue con ella sus dos pequeñas hijas, Arbel y Tavor, antes incluso de que pudieran conocer este mundo, pero ya las queríamos muchísimo».

Reut era una mujer excepcional. Una luchadora, una guerrera, llena de vida. Oficial de las FDI, abogada, hermana, hija, amiga. Alguien que todos los que la conocieron sabían que era especial. Todavía no puedo creer que tu historia haya terminado, hermana mía. Así, de repente. Te quiero, Arbel, y a Tavor más que a nada. Descansa en paz.

Fuente: Israel National News

Benjamin Netanyahu ordenó atacar objetivos de Hezbolá en Líbano

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ordenó a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que atacaran con contundencia los objetivos de Hezbolá en el Líbano, según informó la Oficina del Primer Ministro el sábado por la noche.

El anuncio se produjo poco después de que sonaran las sirenas en la zona de Malkia, tras la identificación de un objetivo aéreo sospechoso. Posteriormente, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que se había perdido el contacto con el objetivo y que el incidente había concluido.

Este incidente no fue el primero: alrededor de las 17:15 del sábado por la tarde, sonaron las sirenas en la Galilea occidental tras la infiltración de un dron. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) declararon: «Tras la activación de las sirenas en varias zonas del norte de Israel, la Fuerza Aérea Israelí interceptó con éxito un objetivo aéreo sospechoso lanzado desde el Líbano hacia territorio israelí. Se perdió el contacto con otro objetivo aéreo sospechoso. No se registraron heridos».

Una hora antes, se lanzaron dos cohetes desde el Líbano hacia la península de Galilea. Uno de los cohetes fue interceptado, mientras que el otro cayó en una zona despoblada.

Antes del lanzamiento de los cohetes, la Fuerza Aérea israelí interceptó con éxito un objetivo aéreo sospechoso que había sido identificado en la zona donde operan los soldados de las FDI en el sur del Líbano, al sur de la Línea de Defensa Avanzada.

El objetivo no cruzó a territorio israelí. No se activaron las sirenas, de acuerdo con el protocolo.

Fuente: Israel National News

Masiva protesta en Israel luego de un cruel asesinato en un restaurante

Horas después de que siete adolescentes fueran arrestados el sábado en relación con el apuñalamiento mortal de un empleado de un restaurante el Día de la Independencia, cientos de personas se congregaron frente al establecimiento exigiendo una mayor intervención policial.

A los manifestantes locales se unieron varios políticos de la oposición, quienes culparon al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y a la policía israelí por su inacción ante la creciente delincuencia y por dejar a los residentes viviendo con miedo tras el asesinato de Yemanu Binyamin Zelka, un trabajador de Pizza Hut de 21 años.

“Ben Gvir, despierta”, se oye corear a los participantes en las imágenes.

El presidente de Azul y Blanco, Benny Gantz, y su compañera de partido, la diputada Pnina Tamano-Shata, asistieron al mitin, al igual que el diputado de Los Demócratas, Gilad Kariv.

«Es absolutamente impactante la facilidad con que se derramó su sangre», declaró Tamano-Shata en la protesta, según Haaretz. «Esto es una llamada de atención. Se está derramando sangre en las calles sin motivo alguno. Esto demuestra que algo se está desmoronando en nuestra sociedad».

“Hay otro detalle que no se puede ignorar: la policía tardó tres días en arrestar a los sospechosos, cuando todos los niños de Petah Tikva conocían sus nombres”, añadió Tamano-Shata, quien, al igual que Zelka, pertenece a la comunidad israelí-etíope. “Los vídeos y los nombres circulaban, y la policía no hizo nada”.

El sábado, el noticiero del Canal 12 emitió una imagen del principal sospechoso del asesinato, de 15 años, que fue captado por las cámaras sosteniendo un cuchillo cubierto de sangre.

Según la policía, Zelka estaba trabajando en el restaurante Pizza Hut del barrio de Kfar Ganim cuando, a última hora del martes por la noche, pidió amablemente a un grupo de jóvenes que dejaran de rociar espuma de fiesta en el local.

Antisemitismo, política criminal y derecho penal: el debate que la Argentina no debería seguir postergando. Por Jorge Monastersky

La discusión que abrió Francia en torno a las nuevas formas del antisemitismo no debería ser leída en la Argentina como una rareza legislativa ajena ni como un modelo que deba importarse sin reflexión. Su relevancia está en otro plano. Obliga a interrogarse, con seriedad técnico-penal, si los instrumentos vigentes alcanzan hoy para responder a fenómenos que cambiaron de escala, de lenguaje y de modo de circulación.

Esa pregunta, lejos de ser abstracta, se inscribe en un contexto concreto: desde el 7 de octubre de 2023, el aumento de episodios antisemitas a nivel internacional, con impacto también en nuestro país, volvió visible que ciertas formas de hostilidad ya no se presentan siempre de manera lineal, frontal o rudimentaria. Muchas veces aparecen bajo formatos más sofisticados: banalización de la violencia, justificación indirecta del terror, narrativas conspirativas, deslegitimaciones persistentes o construcciones que intentan ampararse en el ropaje de una crítica política cuando, en realidad, producen efectos concretos de estigmatización y hostilidad hacia terceros.

El debate francés importa, ante todo, porque no se agota en la condena moral del antisemitismo. Se desplaza hacia un problema de política criminal: qué conductas debe alcanzar el derecho penal, con qué precisión, bajo qué estructura típica y con qué respuesta sancionatoria. Allí radica su interés. Francia discutió si el sistema debía seguir limitado a las figuras clásicas o si correspondía ampliar el alcance de la legislación para abarcar formas contemporáneas de antisemitismo que, sin adoptar siempre la forma tradicional del insulto o de la incitación directa, pueden operar como mecanismos de deslegitimación, banalización de la violencia, justificación del terror o agresión indirecta a un colectivo históricamente vulnerado.

El proyecto impulsado en ese país se estructuró, en lo sustancial, sobre tres ejes. El primero fue la ampliación de las figuras vinculadas al terrorismo en su dimensión discursiva. Ya no solo el llamado directo a cometer un atentado, sino también la legitimación pública, la justificación, la banalización o la construcción de un clima de aceptación respecto de esos actos o de sus autores. Desde el punto de vista dogmático, la diferencia no es menor: la tipicidad deja de descansar exclusivamente en la exhortación explícita y empieza a prestar atención a discursos que, sin convocar de modo inmediato a la acción, producen un efecto de validación simbólica del crimen.

El segundo eje, probablemente el más sensible, fue la tentativa de incorporar una figura vinculada a la provocación o incitación a la destrucción de un Estado reconocido. Aquí el bien jurídico ya no queda situado únicamente en la tutela de personas o grupos discriminados, sino que se proyecta sobre la propia existencia de un Estado frente a ciertos discursos públicos. La complejidad jurídica es evidente. No se trata de un problema menor de técnica legislativa, porque obliga a definir con rigor cuándo una consigna, una formulación política o una construcción ideológica deja de ser mera expresión para ingresar en una zona de relevancia penal. Pero, aun con esas dificultades, el debate puso sobre la mesa una cuestión que no puede soslayarse: si determinadas formas de discurso que persiguen la eliminación de un Estado no merecen, al menos, una discusión seria en términos de política criminal.

El tercer eje fue la ampliación del negacionismo. No solo la negación frontal de crímenes contra la humanidad, sino también sus formas más oblicuas: relativización, minimización, banalización o erosión encubierta de la memoria histórica. También aquí el legislador francés intentó correr el perímetro de punibilidad para captar manifestaciones que ya no operan siempre con la crudeza de la negación abierta, sino mediante rodeos retóricos más sofisticados. En otros términos, el problema no es solo lo que se niega de modo brutal, sino también lo que se licúa, se trivializa o se vacía de gravedad mediante un discurso aparentemente indirecto.

Frente a ello, la Argentina cuenta hoy con la Ley 23.592 como principal herramienta normativa en materia de discriminación. Se trata de una norma relevante, sancionada en el año 1988, que permite dejar sin efecto actos discriminatorios y reclamar la reparación de los daños. Además, en su dimensión penal, reprime con prisión de un mes a tres años a quienes participen en organizaciones o realicen propaganda basada en ideas de superioridad racial o religiosa, así como a quienes promuevan o inciten la persecución o el odio contra personas o grupos por motivos discriminatorios.

La ley existe, es operativa y cumple una función importante. Pero su arquitectura responde, en gran medida, a una lógica clásica: propaganda, incitación relativamente directa, manifestaciones identificables con cierto grado de explicitud. La cuestión, entonces, no pasa por desmerecer la Ley 23.592, sino por preguntarse si alcanza. Porque muchos de los fenómenos actuales no se presentan ya bajo el formato tradicional del agravio burdo o del llamado expreso a perseguir. A veces se canalizan mediante analogías extremas, narrativas conspirativas, deslegitimaciones persistentes, banalización de la violencia o construcciones que generan hostilidad social sin pronunciar, necesariamente, la fórmula penal más evidente.

En este punto se vuelve central el debate argentino sobre el anteproyecto de reforma del Código Penal. La discusión no es menor: supone revisar una codificación penal que, en su estructura histórica, arrastra más de cien años y que hoy debe dialogar con fenómenos que el legislador de otra época no podía prever, como la masividad de las redes sociales, la viralización algorítmica del odio, la producción automatizada de contenidos y la utilización de plataformas digitales como mecanismos de amplificación de la violencia simbólica.

Los artículos 878 a 881 del anteproyecto —más allá de la suerte legislativa que finalmente tengan— muestran un cambio de enfoque que merece ser discutido. El artículo 878 prevé una agravante general para todo delito cometido por persecución, odio, prejuicio o discriminación fundados, entre otros motivos, en la raza, religión, nacionalidad, condición étnica, ideología, opinión, orientación sexual, identidad de género, enfermedad o discapacidad. También contempla los supuestos en los que la acción se realice con el objeto de discriminar, ofender, dañar o perjudicar a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, o con el fin de destruirlo en todo o en parte. La consecuencia no es menor: elevar en un tercio el mínimo y en un medio el máximo de la escala penal del delito de base.

El artículo 879 avanza sobre el núcleo más sensible: la incitación al odio, la discriminación o la violencia. Allí se propone imponer prisión de tres a nueve años y multa a quien insulte, agreda, promueva, aliente o incite, por cualquier medio, a la persecución u odio de una persona o grupo por motivaciones racistas, xenófobas, religiosas o discriminatorias. También se incluye la difusión pública, directa o indirecta, de contenidos en redes sociales, sitios web, inteligencia artificial u otros medios electrónicos, cuando estén dirigidos a fomentar odio, ciberodio, hostilidad, prejuicio, discriminación, violencia o persecución. Incluso se contempla la producción, distribución o tenencia de material idóneo para esa finalidad.

El salto de escala es evidente. Hoy, bajo la Ley 23.592, el máximo penal previsto para estas conductas es de tres años. En el anteproyecto, ciertas formas de incitación o difusión discriminatoria pasarían a una escala de tres a nueve años. La diferencia no es solo numérica. Expresa una decisión de política criminal: considerar que determinadas modalidades contemporáneas de odio, cuando adquieren capacidad de propagación, reiteración o impacto colectivo, no pueden ser tratadas con las mismas herramientas que hace casi cuatro décadas.

El artículo 880 agrega agravantes específicas y eleva la pena hasta doce años cuando intervenga un funcionario o empleado público en ejercicio u ocasión de sus funciones, cuando la conducta se realice con habitualidad o cuando participen tres o más personas. Es un dato relevante porque reconoce que el daño no siempre depende solo del contenido aislado de una frase, sino también de quién la pronuncia, con qué repetición, desde qué lugar de poder o con qué capacidad de organización.

Finalmente, el artículo 881 aborda la conformación de organizaciones y la difusión de propaganda con fines de discriminación étnica, racial, religiosa o por origen nacional. Allí se prevén penas de tres a quince años para quienes constituyan, promuevan, financien o participen en organizaciones vinculadas a esos fines, o realicen propaganda basada en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas por determinada religión, origen étnico o color. Nuevamente, la comparación con la Ley 23.592 resulta inevitable: el sistema vigente prevé un máximo de tres años; el anteproyecto proyecta, para ciertos supuestos organizados o propagandísticos, una escala que podría alcanzar los quince años.

Esa comparación de penas no debe leerse como un simple endurecimiento automático. Lo relevante es el cambio de arquitectura. La Ley 23.592, sancionada en 1988, continúa siendo una herramienta indispensable, pero fue pensada para un escenario histórico distinto. El anteproyecto, en cambio, intenta captar fenómenos actuales: discursos de odio digitalizados, propagación masiva, habitualidad, actuación organizada, uso de inteligencia artificial, producción de contenidos discriminatorios y afectación colectiva de la dignidad humana.

Esto obliga a abordar una cuestión que suele invocarse de manera simplificada: la libertad de expresión. A mi entender, la discusión no está en modo alguno cercenada por el solo hecho de repensar una política criminal. Abrir el debate sobre la ampliación, precisión o mejora de ciertas figuras penales no equivale a clausurar la palabra ni a perseguir opiniones. Significa, antes bien, reconocer que la libertad de expresión no es un derecho absoluto y que, bajo ningún punto de vista, puede ser utilizada como vehículo para producir daños jurídicamente relevantes, encubiertos bajo la apariencia de crítica, opinión, activismo o comentario.

Cuando el discurso deja de ser una mera toma de posición y se convierte en instrumento para degradar, hostigar, legitimar violencia o cercenar derechos de terceros, el orden jurídico tiene el deber de examinar si sus respuestas siguen siendo suficientes. El desafío, por supuesto, es doble: evitar la inacción frente a nuevas formas de agresión, pero también impedir una expansión punitiva desmedida que termine afectando indebidamente el debate público. Allí está el punto técnico: no se trata de castigar ideas, sino de delimitar con precisión cuándo una conducta supera el umbral de la opinión y se transforma en una agresión jurídicamente relevante.

Desde esa perspectiva, el caso francés ofrece además otra hipótesis que merece ser tomada con seriedad. Una de las manifestaciones contemporáneas del antisemitismo aparece, en ocasiones, disfrazada de antisionismo. No se trata, desde luego, de sostener que toda crítica al gobierno de Israel o a sus políticas constituya antisemitismo. Esa equivalencia automática sería intelectualmente pobre y jurídicamente insostenible. Pero otra cosa distinta es preguntarse si determinados discursos que, bajo la cobertura del antisionismo, terminan postulando la desaparición del Estado de Israel —fundado en 1948—, no configuran, en ciertos contextos, una forma actual de hostilidad antisemita que muchos prefieren no nombrar como tal.

El punto merece ser debatido con seriedad y sin consignas. Israel es un Estado. Buscar su eliminación, promover su desaparición o legitimar públicamente su destrucción no equivale, sin más, a una mera opinión geopolítica inocua. La hipótesis que Francia puso sobre la mesa es, precisamente, si esas construcciones deberían ingresar en el debate penal del mismo modo en que el derecho ya reprime, bajo determinadas condiciones, la incitación a la violencia, la persecución o el odio. No para copiar sin mediaciones una fórmula extranjera, sino para examinar si el derecho argentino necesita herramientas más afinadas frente a supuestos que hoy aparecen insuficientemente captados por la tipicidad vigente.

En este contexto, la viabilidad de una reforma de esta naturaleza no dependerá únicamente de su solidez técnica, sino también del consenso político que logre construir el Poder Ejecutivo en la etapa de discusión parlamentaria. La designación de Juan Bautista Mahiques como Ministro de Justicia de la Nación por el presidente Javier Milei introduce una variable relevante en la orientación de la política criminal. Su perfil, con fuerte inserción en el ámbito judicial, puede resultar determinante para definir si este tipo de figuras —vinculadas a la incitación al odio, la discriminación, la violencia simbólica y la propagación digital de hostilidad— avanzan efectivamente dentro de la reforma o quedan, una vez más, en el plano del debate.

Ahora bien, aun cuando el anteproyecto pudiera modificarse, recortarse o incluso no prosperar en los términos actualmente planteados, el núcleo del problema permanece intacto. Estos tipos penales merecen ser discutidos. La Argentina necesita debatir, con seriedad y sin oportunismos, si corresponde adaptar su legislación contra el odio y la discriminación a los desafíos de 2026. No se trata solamente de reemplazar una norma por otra, sino de revisar si una ley sancionada en 1988 puede seguir dando respuesta suficiente a fenómenos que hoy circulan con una velocidad, una masividad y una capacidad de daño completamente distintas.

Por eso, la discusión no debería plantearse en términos binarios. No se trata de elegir entre copiar a Francia o refugiarse en la inercia normativa. Tampoco de oponer, de manera mecánica, libertad de expresión y política criminal. Lo que corresponde es algo más exigente: abrir un debate serio, técnico y desideologizado sobre si el marco argentino requiere ajustes, mejoras o complementos para enfrentar nuevas modalidades de antisemitismo y de discriminación. El dato empírico del aumento de estas manifestaciones en los últimos años no puede ser ignorado. Y cuando los hechos mutan, persistir sin revisión en los mismos instrumentos también es una forma de decisión política.

En definitiva, el problema no es importar una ley francesa. El problema es si la Argentina está dispuesta a discutir, con madurez jurídica, si algunos de los supuestos que aquella experiencia intentó captar merecen aquí una respuesta legislativa propia. Esa discusión no cercena la libertad de expresión. La presupone y la toma en serio. Pero también parte de otra premisa básica del Estado de derecho: ningún derecho puede transformarse en cobertura para lesionar los de los demás. En materia de antisemitismo, discriminación y violencia simbólica o indirecta, quizás haya llegado el momento de preguntarnos si la política criminal argentina necesita actualizarse. No para castigar ideas, sino para impedir que ciertas formas de agresión encuentren en la ambigüedad del presente una zona de inmunidad.

Por Jorge Monastersky.

Partió una nueva flotilla que promete «romper el bloqueo de la Franja de Gaza»

Una flotilla internacional que pretende romper el bloqueo de la Franja de Gaza se dirige hacia la costa con el objetivo declarado de entregar ayuda humanitaria a los árabes palestinos.

A mediados de abril, la flotilla «Global Sumud» zarpó de Barcelona, ​​España, y el jueves llegó al puerto de Siracusa, en Sicilia, Italia.

Una flotilla anterior organizada por el mismo grupo en septiembre del año pasado recibió una firme respuesta israelí , que incluyó la toma de las embarcaciones por la armada en aguas internacionales, el arresto de cientos de activistas a bordo y su deportación de Israel. Posteriormente se demostró que dicha flotilla estaba vinculada al grupo terrorista Hamás.

La flotilla actual incluye representantes de organizaciones de la sociedad civil, activistas y voluntarios de diversos países. Algunos participantes declararon a una agencia de noticias turca que su objetivo es abrir un corredor humanitario hacia Gaza, colaborar en su reconstrucción y expresar su solidaridad con los habitantes de la Franja de Gaza.

Se espera que alrededor de 100 embarcaciones participen en la flotilla, incluyendo barcos de Turquía y Grecia.

Hace pocos meses, se llevó a cabo la presentación oficial de la coordinación argentina de la Flotilla Global Sumud en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

El lanzamiento estuvo encabezado por referentes del Frente de Izquierda.

Según expresó Prensa Obrera, “la flotilla Sumud zarpará el 12 de abril desde Barcelona con decenas de naves que intentarán quebrar el bloqueo al ingreso de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza por parte del Estado genocida de Israel”.

Entre los participantes estuvieron Lautaro Rivara (periodista e integrante de la organización de la flotilla Sumud), Pablo Giachello (diputado provincial electo del Partido Obrero-Frente de Izquierda), Celeste Fierro (MST), Ezequiel Peressini (Izquierda Socialista), Luca Bonfante (PTS), Gabriel Solano (dirigente del Partido Obrero), Juan Carlos Giordano (Izquierda Socialista) e Ignacio Cámpora (ATE Capital), entre otros.

Fuente: Times of Israel

Donald Trump a Irán: «Nosotros tenemos todas las de ganar»

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha anunciado que los representantes de Estados Unidos no viajarán a Pakistán para mantener conversaciones con Irán.

Acabo de cancelar el viaje de mis representantes a Islamabad, Pakistán, para reunirse con los iraníes —escribió en Truth Social—. ¡Demasiado tiempo perdido en viajes, demasiado trabajo! Además, hay una tremenda lucha interna y confusión dentro de su «liderazgo». Nadie sabe quién está al mando, ni siquiera ellos. ¡Además, nosotros tenemos todas las de ganar, ellos no! Si quieren hablar, ¡solo tienen que llamar!

En una entrevista, Trump declaró a Fox News: «Hace poco les dije a mis colaboradores que se estaban preparando para irse, y les dije: ‘No, no van a hacer un vuelo de 18 horas para ir allí. Tenemos todo el control. Pueden llamarnos cuando quieran, pero no van a hacer más vuelos de 18 horas para quedarse sentados hablando de tonterías'».

Mientras tanto, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, abandonó Pakistán antes de lo previsto sin reunirse con representantes estadounidenses. Durante su visita, Araghchi se reunió con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, y el jefe del ejército, Asim Munir, y, según los informes, transmitió la respuesta de Teherán a la última propuesta para poner fin a la guerra.

El sábado por la noche, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) declaró que el control del estrecho de Ormuz constituye la «estrategia final» de Teherán en el conflicto.

“El control del estrecho de Ormuz y el mantenimiento del efecto disuasorio que este crea contra Estados Unidos y los aliados de la Casa Blanca en la región es la estrategia definitiva de la República Islámica de Irán”, declaró la Guardia Revolucionaria en un comunicado publicado en Telegram.

Fuente: Israel National News

La Justicia de Alemania condenó a un ciudadano por vínculos con Hezbolá

Un tribunal de Alemania condenó el a un ciudadano «simpatizante» de la organización terrorista Hezbolá a tres años y nueve meses de prisión por «acceso ilegal a armas» y publicaciones en redes sociales en apoyo al grupo terrorista, según informó la AFP .

Anteriormente, en el mismo juicio, el hombre de 30 años fue absuelto de los cargos de haber luchado para Hezbolá y de ser miembro de la organización.

El tribunal de Berlín dictó sentencia por publicaciones en redes sociales que contenían vídeos grabados durante un viaje al Líbano en 2023.

En los vídeos se veía al acusado manipulando rifles y misiles antitanque, y participando en prácticas de tiro.

El tribunal de Alemania también determinó que distribuyó vídeos de propaganda y exhibió símbolos de Hezbolá, incluyendo banderas y bufandas.

Sin embargo, los jueces afirmaron que las imágenes demostraban que el acusado no tenía formación en el manejo de las armas y que había actuado de forma «en parte amateur».

El tribunal determinó además que sus anteriores afirmaciones de haber luchado con Hezbolá habían sido inventadas para impresionar a sus amigos.

En 2020, Alemania emitió una orden federal que ilegalizaba a Hezbolá en el país y también adoptó medidas coercitivas en virtud de las disposiciones de dicha orden.

El especial pedido del presidente de Irán a su pobilación

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha instado a la población a reducir su consumo de electricidad después de que los ataques estadounidenses e israelíes dañaran la infraestructura energética del país, según informan los medios estatales.

Según la televisión estatal iraní, el presidente de Irán afirmó que el gobierno pretende «controlar el consumo» de electricidad.

“En lugar de encender 10 luces en casa, enciende dos. ¿Qué tiene de malo?”, dijo.

Afirmó que Estados Unidos e Israel «destruyeron nuestra infraestructura» y señaló que Estados Unidos impuso un bloqueo a los puertos de Irán.

Por otro lado, el ejército iraní afirma que responderá si Estados Unidos mantiene el bloqueo de los puertos iraníes, calificándolo de «bandidaje» y «piratería».

En un comunicado difundido por el medio estatal IRIB, el comandante central del ejército, Khatam Al-Anbiya, afirma que si «el ejército estadounidense invasor continúa con el bloqueo, el bandidaje y la piratería en la región, deben tener por seguro que se enfrentarán a una respuesta de las poderosas fuerzas armadas de Irán».

“Estamos preparados y decididos, al tiempo que vigilamos el comportamiento y los movimientos de los enemigos”, añade.

En el marco de la guerra, durante las últimas horas se confirmó el asesinato de Nesia Karadi, de 11 años, falleció a causa de las heridas sufridas en el Hospital Sheba de Tel Hashomer tras resultar gravemente herida en un ataque con misiles iraníes contra Bnei Brak en la víspera de la Pascua judía. 

Su muerte eleva a 28 el número de civiles fallecidos en territorio nacional durante la Operación Rugiente.

La niña de 11 años era sobrina del rabino Michael Lasri.

Fuente: Times of Israel