La comisión que investiga un tesoro identificó cinco obras robadas por los nazis

La comisión internacional creada hace dos años para investigar el tesoro artístico encontrado en Múnich en casa del coleccionista Cornelius Gurlitt, 499 de cuyas obras se sospecha que fueron robadas durante la época nazi, sólo ha podido confirmar que cinco de ellas fueron efectivamente fruto del expolio.

La presidenta del grupo de trabajo, Ingeborg Berggreen-Merkel, presentó el balance de su trabajo y subrayó la dificultad de la investigación, aunque destacó los avances conseguidos.

La colección de Gurlitt, que durante años estuvo viviendo en un casi absoluto anonimato entre Múnich y Salzburgo, fue descubierta en 2012 tras un registro de su vivienda en la capital bávara en el marco de unas investigaciones por posible evasión fiscal.

En la casa se encontraron un total de 1.258 obras de arte, a las que se sumaron después más de 200 obras halladas en Salzburgo, un tesoro que salió a la luz pública a finales de 2013 y en el que, según los investigadores, se escondían desde joyas del siglo XIX hasta obras nunca catalogadas de artistas como Marc Chagall y Otto Dix.

Según el informe, sobre 499 pesa la sospecha de que pudieron ser sustraídas o confiscadas por los nazis, en su mayor parte a propietarios de origen judío.

Centenares de instituciones y particulares tanto alemanes como extranjeros se han dirigido a la comisión para solicitar información sobre esas obras y un total de 104 han sido reclamadas por presuntos herederos de sus legítimos dueños.

En cuatro casos se confirmó la demanda de los familiares de que se trataba de piezas sustraídas por los nazis y se ha podido identificar también a los legítimos propietarios de una obra no reclamada.

El grupo de trabajo subrayó la complejidad de las investigaciones, ya que, ante el tiempo transcurrido, muchas familias no cuentan con documentación suficiente para demostrar la propiedad de las obras.

Cornelius Gurlitt murió en 2014, a los 81 años, sin conocer el destino del tesoro que había guardado en casa.

Lo había heredado de su padre, el marchante de arte, Hildebrandt Gurlitt, uno de los pocos que tuvieron autorización del régimen nazi para negociar con obras de lo que ellos llamaban «arte degenerado», que habían sido retiradas de los museos alemanes.

Fuente: Aurora

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