Quería ser diseñadora de modas, terminó entre Yihadistas

Islam Maytat quería ser diseñadora de modas en Londres pero su sueño se acabó cuando su esposo, un británico de origen afgano, la llevó a Siria para unirse a los yihadistas.

Después de tres años en el “califato” autoproclamado por ISIS, tres maridos y dos hijos, esta marroquí de 23 años ha logrado huir y vive refugiada desde marzo en el nordeste de Siria, en manos de las fuerzas kurdas.

“Pensaba que al casarme con Jalil Ahmad, que tenía nacionalidad británica, iría a estudiar a Londres, pero todo salió al revés”, cuenta esta mujer morena, de cara redonda y cabellera negra.

Explica que conoció a su marido en internet a principios de 2014 y se casó con él en Marruecos dos meses después. “Mi padre se oponía porque sospechaba que era un talibán. Terminé por convencerle”. Pero en lugar de la capital británica, su primer destino fue Dubái donde su marido trabajó como bróker.

Sus sueños de glamur se desvanecieron casi de inmediato, cuando descubrió a un esposo rigorista que le prohíbe maquillarse y llevar ropa de colores vistosos.

Da un nuevo salto a lo desconocido con un viaje de dos meses a Afganistán para conocer a su familia política. “Estaba asustada, ya no comía, quería volver a Marruecos”.

Para su sorpresa, su marido le ofrece entonces ir a estudiar a Londres, pero haciendo escala en Estambul. Al salir del aeropuerto, un hombre les conduce a Gaziantep, una ciudad cercana a la frontera siria.

Islam llega entonces a “una casa donde las mujeres y los hombres estaban separados, con francesas, saudíes, argelinas”. “Me contaron su alegría de ir a la tierra del ‘califato’ en Siria. Estaba desamparada y rompí a llorar”.

ISIS había proclamado dos semanas antes, el 29 de junio de 2014, un “califato” en Siria e Iraq.

Desde el inicio del conflicto en Siria en marzo de 2011, candidatos a la yihad del mundo entero entraron masivamente a través de Turquía, hostil al régimen de Damasco.

En agosto de 2014, cuando su marido decide internarse en Siria, la joven asegura no tener otra opción que la de seguirlo.

Se encuentra en Manbij, en una “casa para esposas de yihadistas”, con mujeres de Reino Unido, Canadá, Suecia, Finlandia y Rusia. Todas deben entrenarse en el manejo de las armas.

“¡Habrías tenido que decirme desde el principio que querías venir a Siria! ¿Por qué me has roto la vida?”, recuerda haberle dicho a su marido.

“Me respondió que era su mujer y tenía que obedecerle”, agrega.

En septiembre, cuando Islam está embarazada de su hijo Abdala, su marido se somete a un entrenamiento militar y es enviado al frente de Kobané.

El 8 de octubre, su cuñado le anuncia la muerte de Jalil. “Me sentía sola, deprimida”, explica. Poco después, el hermano de su marido fallece a su vez en Tikrit, Iraq.

La joven marroquí da a luz a su hijo y se casa con otro afgano, amigo de su difunto esposo.

Como las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) -una alianza antiyihadista de milicias kurdas y árabes- se acercaban a Manbij, la pareja se instala en Raqa, capital de facto del EI en Siria. “Obtuve el divorcio dos meses después porque no conseguía entenderme con él”, confía Islam.

Contrae entonces matrimonio con Abu Talha, un yihadista indio con quien tendrá una hija, Maria, y junto al que permanecerá unos 18 meses.

“Era el mejor de mis tres maridos, se ocupaba bien de mí. El día que supe que lo habían matado, huí con la esposa de un jefe, una yazidí”, explica. ISIS secuestró y vendió como esposas o esclavas sexuales a miles de mujeres de esta minoría de lengua kurda que considera hereje.

Islam afirma hoy que quiere reunirse con su familia y regresar a su país. “Ignoro cómo será mi vida y el futuro de mis hijos. ¿Qué les voy a decir cuando me pregunten por sus padres”, se interroga.

 

Fuente: Expansión.mx

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