La historia de la mujer musulmana que sirve en el batallón de infantería del Ejército israelí

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N. tiene 19 años y es una joven musulmana que sirve en el Batallón de Leones del Valle del Jordán, una unidad mixta de infantería que opera en Cisjordania y se enfrenta diariamente con los palestinos del área.

“No me detengo a pensar que estas personas son árabes como yo”, dice ella en hebreo fluido. “Siempre me digo a mí misma que ellos han ocasionado esta situación y yo hago mi labor, independientemente de mi origen, de a quién rezo todos los días, o cómo me visto cuando salgo a casa. Cuando realizo una misión, debo cumplirla para proteger a mis compañeros, a mi país. Para eso me alisté”, expresa N.

Antes de salir a su aldea natal en el norte de Israel, se viste de civil con el hiyab, el velo tradicional que cubre su cabello y cuello. No puede volver a casa el fin de semana con el uniforme o con su arma.

“Algunas personas en el pueblo se dieron cuenta que sirvo en el ejército y comenzaron a amenazar a mi familia con violencia”, explica N. con tristeza. “Trataron de atacar a mi familia, y eso da miedo. Aunque mis padres me apoyan, cada vez que alguien los amenaza, dan un paso atrás. Me criaron para amar a la gente, independientemente de su religión o creencias”.

A su vez, cuenta: “En nuestra casa, siempre decimos que los árabes y los judíos viven en la misma tierra. Pero cuando hay ataques terroristas, y los judíos son asesinados, los vecinos dicen que merecen morir y no entiendo cómo pueden decir esas cosas. Vi la difícil situación en el país y decidí que quería cambiarla».

No todos aceptan la idea de que una mujer musulmana creyente sirva en una unidad de infantería israelí. Y explica que el debate sobre el servicio militar de jóvenes ultraortodoxos es mínimo en comparación con lo que ella ha vivido.

N. sirvió bajo un comandante que la separó accidentalmente de sus compañeros durante un curso de capacitación porque llevaba su hiyab. Ese mismo comandante se disculpó después del incidente pero, para ella, la disculpa no compensa la ofensa. También ha sido amenazada por soldados árabes, que dijeron que le harían daño si no dejaba el ejército. Ellos fueron expulsados de su unidad. Por otro lado, ha recibido mucho apoyo de los miembros de su unidad, así como del comandante del batallón, el capitán Roni Avital y el comandante de la compañía, el teniente Gal Yosef.

“Si hubiese escuchado a todos los que no me apoyaron, no habría llegado tan lejos. No soñaría con una carrera en el ejército. Creo que los árabes deben pensar no sólo en lo que el país puede hacer por ellos, sino también en lo que pueden hacer por el país. Debemos mirarnos a nosotros mismos, porque vivimos aquí, y si queremos nuestros derechos, tenemos que contribuir. Una de las maneras es ir hasta el final y servir en el ejército. Si no luchamos juntos, árabes y judíos, no tendremos un país”, concluye.

 

Vía World Israel News / Enlace Judío

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