Día del Perdón es perdonar y perdonarse. Por Martha Wolff

Todo el año es esperado Iom Kipur.
Todo el año es esperado Iom Kipur.

Todo el año es esperado Iom Kipur.  Día de la más absoluta introspección ante el misterio de la vida.

Es dejar de lado lo cotidiano en todo sus hábitos para encontrarse con el ser uno mismo. Dedicarse a leer el majzor para apreciar la belleza de las comparaciones escritas entre lo terrenal y lo celestial, a dimensionar las palabras de alabanzas al Creador.

Apreciar la invitación a reconocernos por lo que hicimos, somos y deberíamos ser.

Darse cuenta de lo pequeño que somos ante el infinito de las preguntas sin respuestas sobre la vida y la muerte. Porque somos nada más que personas. Es un replanteo de las buenas y las malas acciones en la balanza del alma.

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Es la oportunidad para sentirse contento o crítico con los propios comportamientos durante el año. También, la oportunidad de decidir si queremos ser más generosos o menos egoístas. Es ante el ayuno al no ingerir nada, la purificación de nuestra mente y organismo para vivir menos contaminados por la ansiedad que con la gula tapamos todo lo que se manifiesta en nosotros.

Es un día en el que asumimos nuestras culpas graves o simples para dirigirnos hacia los otros estrechando manos de amistad y no de conveniencia ni compromiso. El replantearse si el reloj del afecto y tiempo dedicado a los que amamos marcó las horas, minutos o segundos. De acercamiento para saludar, abrazar, mirarlos a los ojos para decir aquí estamos.

Es deleitarse con el compromiso de asumirse como un hombre o una mujer de bien ante Adonai y la felicidad de la pertenencia al Pueblo Judío. Volver a caminar por nuestra Historia y la lucha para defendernos siempre protegidos por la fe indestructible de nuestro judaísmo.

Es cuando llega Izkor el llorar por los que ya no están más con nosotros. Pero que viven en nosotros. Mientras que en el silencio y el espacio a través de las lágrimas los acercamos más hacia nosotros. Lo emocionante que es cuando las Torot son portadas por hombres y mujeres que suben a la Habimá mientras los cánticos de gloria y agradecimiento se elevan hacia el cielo.

Es un día inolvidable cuando los chicos iluminan con velas al templo que queda a oscuras para dar luz de esperanza. Tambien la promesa de un año venidero mejor para el hombre y la Humanidad. Y ese decir: ¡Jatimá Tová!. Es la síntesis de la sabiduría supina al desear que sea cada uno inscripto en el Libro de la Vida. Porque de lo único que no estamos seguros es si vamos a vivir un año más. Deseándoselo al otro como un acto de amor que resume que somos un juego del destino.

Es al final de todo esto con el toque del shofar un resonar de júbilo y una plegaria con vibración para repetir cerrando promesas un “Shaná Tová” a plena voz porque perdonamos y hemos perdonado.

Martha Wolff- Periodista-Escritora

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