La definición de antisemitismo y su impacto en la Argentina. Por Raúl Woscoff

El Dr. Raúl Woscoff con Fernando de la Rúa
El Dr. Raúl Woscoff con Fernando de la Rúa (Fotos originales)

El Dr. Raúl Woscoff es un escritor, además de abogado y político. Autor de Tikvá, su primer libro Participó en la delegación que acompañó al entonces presidente Fernando de la Rúa al Foro de Estocolmo sobre la recordación y enseñanza sobre la Shoá. Escribió esta columna sobre la definición de antisemitismo.

La renacida democracia en la Argentina tenía en 1983 múltiples demandas que cumplir.

La sanción de una ley antidiscriminatoria que adecuara la represión del antisemitismo en una sociedad que despertaba al respeto de los derechos humanos, era una de ellas.

“El Consejo para la Consolidación de la Democracia”, creado por el presidente Alfonsin, fue una de las fraguas donde se inició el proceso de generación y debate en torno a modernos instrumentos que llevaran a disponer de una ley que definiera las conductas discriminatorias en los aspectos administrativo, civil y penal.

El resultado vino de la mano de un proyecto de ley del senador nacional Fernando de la Rúa. Él fue quien propuso un texto con definiciones iniciales, agravamiento de las penas de determinados delitos.

Casi como el inicio de un nuevo camino. Otros proyectos legislativos nutrieron, por entonces. un debate fecundo, y así alumbró la ley.

El mismo senador, en su primera salida al extranjero ya electo presidente, concurrió al Foro de Estocolmo sobre la recordación y enseñanza sobre la Shoá.

Leer más: El Congreso Argentino adoptó la definición de antisemitismo del IHRA

Ámbito donde cristalizaría la “Declaración de Estocolmo”, piedra basal de la luego creada IHRA.
Nos tocó el privilegio de formar parte de la delegación argentina. Representando a una modesta institución que contribuimos a formar en la lejana ciudad de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. “El Centro Raoul Wallemberg, ”Muestra permanente de la Shoá” integrada por judíos y no judíos, para cumplir con esa tarea pedagógica.

Asistimos, en las frías jornadas nórdicas, al discurso de Ehud Barak, primer ministro de Israel, que emocionó al recordar su experiencia familiar en la Shoá. También a la de cada uno de los miembros de la delegación israelí cuyas familias habían sufrido los horrores de la persecución y el odio a manos del nazismo.

En los corrillos de aquel memorable encuentro se decía que Suecia intentaba saldar una cuenta pendiente con los familiares de Raoul Wallenberg, el diplomático sueco que salvó miles de judíos en Budapest, Hungría. Entregando visas, pero que desapareció en manos del ejército soviético que avanzaba desde el este.

El reclamo del gobierno sueco, sobre la suerte del diplomático, no había sido tan reiterado y firme como muchos pretendieron.

En el foro se confundieron presidentes, primeros ministros, secretarios de estado, con funcionarios de rangos menores que ejercían la representación de sus respectivos países, sobrevivientes, educadores e historiadores.

Elie Wiessel fue su presidente honorario y Yehuda Bauer su asesor académico.

Dr. Raul Woscoff con Fernando de la Rúa
Dr. Raul Woscoff con Fernando de la Rúa (Fotos originales)
Algunos de los Puntos memorables de aquella declaración de Estocolmo fueron:

«La magnitud del Holocausto, planificado y ejecutado por los nazis, debe por siempre ser guardado en nuestra memoria colectiva. Los sacrificios de quienes desafiaron a los nazis, y al mismo tiempo dieron sus propias vidas para proteger o rescatar a las víctimas del Holocausto, deben ser inscriptos en nuestros corazones.-
Las profundidades de ese horror, y las cumbres de su heroísmo, pueden ser piedras fundamentales en nuestra comprensión de la capacidad humana. Para el bien y para el mal».

«Con la humanidad todavía asustada por el genocidio, la limpieza étnica, racismo, antisemitismo y xenofobia, la comunidad internacional comparte la solemne responsabilidad de combatir esas fuerzas del mal. Conjuntamente debemos elevar la terrible verdad del Holocausto contra quienes niegan su existencia.
Debemos fortalecer el compromiso moral de nuestros pueblos. El compromiso político de nuestros gobiernos, para asegurar que las generaciones futuras puedan comprender las causas del Holocausto y reflexionar sobre sus consecuencias».

Culminaba con estas palabras:

“Nuestro compromiso debe rememorar a las víctimas que perecieron, respetar a los supervivientes que todavía están con nosotros, y reafirmar a la aspiración común de la humanidad de llegar a la comprensión y la justicia mutuas.-

La IHRA( International Holocaust Remembrance Alliance (‘Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto) fue creada para fortalecer, avanzar y promover la educación, la investigación y el recuerdo de la Shoá en todo el mundo. También para cumplir los compromisos de la Declaración del Foro Internacional de Estocolmo sobre el Holocausto (o «Declaración de Estocolmo»). Según cita su sitio web.

Lo integran hoy 34 países.

Pasaron casi dos décadas, y en 2016 la IHRA acuñó la definición de Antisemitismo. Esa enfermedad social continuó mutando como un virus adaptándose a las nuevas tecnologías de las redes sociales.

Las respuestas siempre han corrido detrás de los hechos. En la Argentina y otros países del mundo el discurso político, recurre a la reductio ad hitlerium, falacia ad hominem, obra del filósofo político judío alemán, Leo Strauss (1899-1973).

Se trata de una de las formas en la que se degrada al contrincante en la pedana de la esgrima verbal, atribuyéndole la peor de las conductas. Y es en ese nuevo escenario que irrumpe la definición.

La administración del presidente Macri consideró innecesaria una adhesión explícita a la definición. Por entender que la presencia argentina, como miembro pleno en la IHRA implicaba, de hecho, hacerla propia.

La actual administración del presidente Fernandez la adoptó por una resolución dictada por su Ministro de Relaciones exteriores, comercio internacional y Culto.

La B’nai Brith de la Argentina, por medio de la diputada al Parlasur , Licenciada María Luisa Storani, la ha llevado al parlamento latinoamericano. En la inteligencia que ese cuerpo la apruebe y que inste a los países miembros que no han adherido, a que lo hagan. El tema ya recorre las comisiones y no olvidemos que en su seno participa Venezuela. Representada por los opositores al régimen de Maduro.

¿Pero qué significa adherir a la definición?

Digamos que se trata de una hoja de ruta que no es legalmente vinculante, pero que indica con claridad, hechos y conductas que se consideran antisemitas.

Atribuirle al Estado de Israel, por ejemplo, como colectivo judío, características degradantes que se atribuyen al judío como individuo, implica, para la definición, una declaración antisemita.

Señala que la sola crítica al gobierno de Israel por sus actos, u omisiones no constituyen, per se, uno de los supuestos incluídos en la casuística.

Más allá de que carece de efecto vinculante, los múltiples gobiernos provinciales, universidades, municipios, poder judicial, entes públicos y privados, adoptan la definición casi a diario en la Argentina. Ello constituye un instrumento que se suma a los legales existentes.

En una época en la que los antagonismos sociales y el discurso político en la Argentina muestra una mediocridad y ausencia de pensamiento, el instrumento es una bocanada de aire fresco.

Pero es, en sí mismo, un desafío, una interpelación que reclama una inédita militancia judía individual y colectiva.

Todo parece indicar que no se ha generado aún una respuesta comunitaria. Debería hacer pie en los avances derivados de las adhesiones e incorporar una segunda fase, cuya responsabilidad inicial nos corresponde.

Si las respuestas a los múltiples actos y especialmente declaraciones que hacen uso y abuso de la falacia ad hominen descripta, son las tradicionales; si no llevamos adelante un proceso en cada institución que adoptó la definición, para que sirva de causa eficiente para sanciones propias de sus reglamentos y/o estatutos, nos hemos incorporado a una cómoda “militancia de sofá”.

Activismo inconsistente que cree que el aplauso y el “clik” en las redes sociales modificará las expresiones del mal que queremos combatir.

Dr. Raul Woscoff
Abogado, dirigente comunitario, político, escritor
Bahía Blanca Argentina

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