De la noche de los cristales nazis a los pogromos árabes. Por Martha Wolff

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Recibí un testimonio de Israel ante el ataque de los árabes israelíes y los misiles de Gaza en el que  lo comparó con La Noche de los Cristales Rotos de 1938 en Alemania, que fue el comienzo del Holocausto.

El odio desplegado no fue un acto individual si no perfectamente orquesta por el terrorismo islámico, como lo fue la sincronización nazi.

Los cabecillas terroristas planearon con tiempo el ataque colectivo con mano de obra in situ de los árabes israelíes. Desde Gaza con el armamento comprado con el dinero de Irán y Qatar en vez de ser usado en ayuda al pueblo palestino.

De todo lo visto y escuchado medió la ignorancia del mundo ante la realidad israelí. El mundo y los foros internacionales responden a intereses y no a la solución de países en conflicto.

Se desconoce que en una democracia como la de Israel conviven los que están con el gobierno actual y los que están contra. Los israelíes que junto a los árabes marchan y se reúnen para que haya paz en esa región, están los extremistas ortodoxos por un lado y los islamistas del otro. Están los vecinos comunes que comparten la vida cotidiana con sus religiones, costumbres y representantes políticos. Están los que más allá de las fronteras lo único que quieren es la destrucción de Israel.  Pero esta vez estalló un pogrom  y la convivencia se transformó en un infierno. En el que los árabes atacaron a sus vecinos, destruyeron sus templos, sus hogares, sus negocios, sus pertenencias y atentaron contra sus vidas.

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El tsunami de cohetes lanzados es la contracara del haber siempre rechazado sentarse sus dirigentes a la mesa de negociaciones porque prefieren la guerra y destruir el progreso de Israel que está al alcance de sus manos ocupadas en odiar y matar.

Una demostración de lo que significa vivir en Israel  y cuidar a su población es construir  para arriba viviendas y para abajo refugios y las piezas bunker en los departamentos.

En los medios de comunicación, mientras acontecía la caída de misiles y el sonar de las sirenas, se decía que los israelíes huían en vez de decir corrían a los refugios. Se repetía la triste noticia de la muerte de niños, pero nadie dijo que esos menores viven más en la calle que protegidos y estudiando.

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También hay un total desconocimiento que un país como Israel expuesto siempre a  beligerancia de los países árabes, la educación continúa en los refugios  y que cada israelí tiene una bolsa preparada para su sustento de días en ese lugar, o que cuando los universitarios van a la guerra los soldados reciben sus clases por internet.

La experiencia judía sabe que un día los antisemitas tienden una mano y con la otra señalan y condenan cuando llega el momento de demostrarlo.

La discriminación es como una marmota que duerme hasta que alguien la despierta. Un amigo se transforma en enemigo y un tolerante en intolerante. Esto no es nada nuevo bajo el sol.

Casi al finalizar el Ramadán el uso de la mezquita de Al Aqsa como guarnición fue un atentado más contra los judíos, como lo fue el de la Embajada de Israel y la AMIA en la Argentina. Allí con sus ideólogos más cercanos.

Israel que es un ejemplo para el mundo, no es un país perfecto. Pero es un ejemplo de lo que se puede hacer con inteligencia, esperanza, esfuerzo y saciar su sed de libertad y derecho a tener una tierra convirtiendo el agua de mar en agua dulce.

La pena es que ante semejante ataque ningún representante árabe habló en contra de lo sucedido, lo que demuestra la dictadura en la que viven.

Cuidado con la obediencia debida que lleva a la muerte.

Martha Wolff- Periodista- Escritora

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