Pasa el Covid, pasa Hamás, pero siempre queda el antisemitismo. Por Gustavo Szpigiel

antisemitismo en Argentina
antisemitismo en Argentina

¿Argentina es un país antisemita? No. ¿Argentina tiene gente antisemita? Sí.

Hace apenas 15 días llegaba al país una delegación de médicos israelíes para volcar sus experiencias luego de la exitosa lucha de Israel para vencer al virus, además de la posibilidad de llevar a cabo un estudio clínico de fase III de la vacuna COVID-19 de Israel.

Esa era la tapa de los diarios de Argentina y de otras partes del mundo: Israel y su éxito contra el coronavirus.

Apenas pocos días después, la organización terrorista Hamás no sólo ataca (como lo venía haciendo desde hace mucho tiempo) ciudades del sur, sino que amplía ese ataque a Tel Aviv y Jerusalén. Israel responde con el solo hecho de defender a su población y se desata una escalada durante 11 días con muertos, heridos y destrucción.

Cambió la tapa de los diarios: “Israel bombardea Gaza y mata niños palestinos”. Aquellos periodistas que tienen los textos preparados y solo tienen que apretar la tecla Enter se refregaban las manos.

Ni las organizaciones terroristas, ni Irán, ni los antisemitas en el mundo podían soportar el éxito israelí. Los argentinos antisemitas, tampoco. Había que cambiar la imagen.

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Es evidente que el gobierno tiene una lucha interna que no puede evitar. Por un lado, el presidente Alberto Fernández visita Israel en su primera salida al exterior y es recibido con los mejores honores por el primer ministro Benjamín Netanyahu. El embajador argentino en Israel, Sergio Urribarri, abre canales comerciales, industriales y de capacitación entre los dos países en forma permanente. Argentina se convierte en exportador de carne kosher y las relaciones diplomáticas parecen correctamente encaminadas.

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Pero cuando comienza el conflicto, la cancillería difunde un comunicado condenando “el uso desproporcionado de la fuerza por parte de unidades de seguridad israelíes” sin mencionar al verdadero agresor e iniciador del conflicto: Hamás. Esa declaración falsa, inoportuna e inesperada causa malestar no sólo en la embajada israelí en el país sino también en el propio gobierno israelí.

A partir de esa apertura comienzan ataque antisemitas en medios de comunicación y redes sociales como hace mucho no se ve en la Argentina. Hasta llegar al punto de que un diputado de la izquierda argentina (Juan Carlos Giordano) pida “la desaparición del Estado de Israel”; un gremio docente adoctrina alumnos en solidaridad con la “causa palestina”; el gremio de la CTA firma una solicitada de apoyo al pueblo palestino.

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La izquierda argentina, tan proclive a las proclamas pero nunca cercana al verdadero ejercicio del poder, condena al único país democrático de la región y se alinea con terroristas. Gabriel Solano, Nicolás Del Caño y otros son la verdadera muestra de que es muy pobre el nivel de los legisladores argentinos. Enarbolan banderas desconocidas para ellos. Hablan de ocupación y genocidio y no se toman el mínimo trabajo de investigar que Israel se retiró de Gaza en el 2005 y que precisamente la Franja aumentó más de 100% su población entre el año 2000 y el 2020 (¿Genocidio?).

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La DAIA denuncia una escalada de pintadas y ataques antisemitas en todo el país. Hubo agresiones a judíos ortodoxos en el barrio de Once de Capital Federal. Una institución judía pidió a la gente de su comunidad que no transite por el barrio porque había una manifestación contra Israel.

A medida que crecía la escalada en Israel, crecía el antisemitismo en Argentina.

La misma DAIA pidió el 14 de mayo evitar la confrontación directa ante las agresiones y acudir al servicio de seguridad de la institución (DAC).

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En junio del 2020, Argentina adhirió a la definición de antisemitismo de la IHRA, en el que tres de los puntos indican lo siguiente:

  • Denegar a los judíos su derecho a la autodeterminación, por ejemplo, alegando que la existencia de un Estado de Israel es un empeño racista.
  • Aplicar un doble rasero al pedir a Israel un comportamiento no esperado ni exigido a ningún otro país democrático.
  • Establecer comparaciones entre la política actual de Israel y la de los nazis.

Si se aplica como nación las sanciones correspondientes a quienes vulneren estas normas, solo hay que buscar las declaraciones de algunos políticos para saber si las han vulnerado o no.

Al emitirse un comunicado desde el gobierno contra Israel y al haber legisladores y periodistas que comparan a Israel con los nazis; el antisemitismo y antisionismo subieron un nivel importante en su escala.

¿Argentina es un país antisemita? No. Pero el Covid-19 primero y el conflicto con Hamás luego demostraron que sí son muchos los antisemitas que están esperando agazapados su oportunidad para mostrar su judeofobia y su antisemitismo.

De los ignorantes lo podemos esperar, pero que la Casa de Gobierno y el Congreso lo alimenten, no.

Gustavo Szpigiel- Director de Vis á Vis

 

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