Lucena: salvación divina. Por Jorge Rozemblum

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Todos los cronistas judíos o musulmanes anteriores al renacimiento europeo califican a Lucena (en la española provincia de Córdoba, a 67 kilómetros de su capital andaluza) como “Ciudad de los Judíos” durante los siglos IX-XII.

Ciudad judía, que no barrio o judería. Y no es en vano, ya que su propio nombre deriva de la expresión hebrea “Eli hoshaná” que significa “mi Dios es la  salvación”. Con el tiempo, cuando el fenómeno judeoespañol empezó a calificarse como sefardí, fue comúnmente referida como la Perla de Sefarad. Gracias a un esplendor cultural sólo comparable a urbes mucho más grandes como Córdoba y Granada.

Lucena acogió entre sus muros una destacada academia de estudios talmúdicos (yeshivá). Por ahí pasaron nombres que han dejado huella en la historia judía y peninsular, como Yehuda haLeví, Abraham Ibn Ezrá e incluso Maimónides, entre otros muchos.

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Aunque existen evidencias históricas de la presencia judía en la ciudad desde el siglo IX, fue en el XI cuando alcanza su máximo esplendor. Convertida en refugio de los judíos más destacados que huían de la caída del Califato de Córdoba. Además de las revueltas (también antijudías) en reinos de taifas como Granada.

La historia atestigua de su fundación en el siglo VIII, tras la invasión musulmana. La arqueología, por su parte, nos habla de un recinto amurallado con medina en su interior y un cementerio extramuros que fue descubierto en 2007 con ocasión de las obras para la construcción de una carretera.

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Dado su carácter de ciudad judía, no tenía el típico barrio donde se confinaba esta población. Las viviendas como las sinagogas y la escuela talmúdica estaban dentro del recinto. Delimitados por las actuales calles Plaza Alta y Baja, Las Tiendas, Canalejas, Las Torres y atravesaba la manzana del antiguo convento de Santa Clara en dirección oeste-este para unir y cerrar la cerca defensiva, de nuevo con la Plaza Alta y Baja.

El viajero y cartógrafo musulmán del siglo XII Al- Idrisi,  en sus comentarios sobre las ciudades que visita, alude a la existencia de arrabales externos de población musulmana, la cual tenía vedada la entrada al interior del recinto amurallado de la medina. La ciudad judía intramuros mantuvo su autonomía respecto al califato de Córdoba, al reino Zirí de Granada, o a los gobernantes almorávides.

Desde el conocido como ‘barrio de Santiago’, posible arrabal de la época del esplendor de la Lucena judía, y partiendo de la actual parroquia de Santiago, nos adentramos en el Llano de la Tinajerías, lugar donde estaban concentradas la mayoría de las alfarerías y tinajerías de Lucena, donde aún se encuentran algunas alfarerías artesanas cuya tradición se pierde en el tiempo.

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La citada parroquia de Santiago fue construida con los restos desmontados en 1498 de la precedente parroquia de San Mateo, único recinto sacro al interior de la medina que durante el dominio almohade fue mezquita, adaptada a su vez sobre la sinagoga primigenia.

El citado cementerio judío, del que se han documentado 346 tumbas excavadas en una superficie de unos 3.700 metros cuadrados, es una de las joyas del patrimonio sefardí español.  Los restos óseos corresponden  a la época de mayor esplendor judío en la ciudad, entre los años 1000 y 1050. Incluso se halló una lápida funeraria con caracteres hebreos, con una cronología de entre los siglos VIII y IX por el tipo de letra.

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Familias de judeoconversos, atraídas por la fama de Lucena en tiempos pretéritos y la añoranza de morar en la tierra de sus antepasados, durante el siglo XVI y en épocas anteriores se establecieron en Lucena. Ocuparon una buena parte de los puestos de importancia en la sociedad local. Adquiriendo sus miembros cargos públicos como concejales o escribanos. Muchas familias de la élite lucentina de los siglos posteriores tienen su arranque en aquellos conversos. Vestigios de aquel poder son el edificio de la actual Biblioteca Pública Municipal, antiguo Palacio de los Condes de Hust. O el Centro de Interpretación de la Ciudad, antiguo Palacio de los Condes de Santa Ana.

En sus alrededores tuvo lugar la batalla del Arroyo del Martín González, dónde se apresó al último rey de Granada, Boabdil. Fue encerrado durante algún tiempo en la Torre del Homenaje del Castillo del Moral. Este monumento alberga el Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena. En los últimos años, muchos lucentinos han comenzado a reivindicar este pasado y ponerlo en valor, para disfrute y orgullo de propios y visitantes.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad

www.radiosefarad.com

 

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